Por Diego Armando Borrego
Si la campaña para las elecciones ya estaba caliente, el expresidente Álvaro Uribe le acaba de echar un galón de gasolina. Y no lo hizo mandando indirectas, sino con nombres propios y acusaciones de un calibre tan grueso que hoy tienen temblando a más de uno en el Pacto Histórico. Según el líder del Centro Democrático, se está cocinando un fraude electoral a gran escala, y el principal beneficiado sería nada más y nada menos que el candidato presidencial Iván Cepeda.
Para que lo entendamos sin enredos de abogados: Uribe está diciendo en voz alta lo que muchos campesinos murmuran por miedo en las regiones. Asegura que los grupos armados y las mafias se están tomando el papel de jefes de debate y están obligando a la gente, a punta de fusil y amenazas, a votar por el candidato de la izquierda.
¿Un «Pacto de la Picota» versión 2.0?
A través de sus redes sociales, Uribe no se guardó nada y comparó lo que está pasando hoy con lo que vivimos en las pasadas elecciones. Recordó el famoso escándalo de hace cuatro años, cuando, según él, desde las cárceles se movieron hilos oscuros para llevar a Gustavo Petro al poder mediante financiación ilegal y pactos por debajo de la mesa.
Pero la estocada final la dio al referirse a la situación actual. Sus palabras textuales cayeron como un misil: «Ahora, el crimen exige votar por Cepeda, acompañan con caudales de dinero de corrupción y narco».
Es decir, el expresidente advierte que a la campaña de Cepeda no solo la están empujando los violentos en el campo, sino que la están aceitando con maletas llenas de plata sucia que viene directamente de la corrupción y el narcotráfico. ¡Una denuncia para alquilar balcón!
¿Qué significa esto para el ciudadano de a pie?

Aquí el tema va mucho más allá de una simple pelea de políticos en Twitter. Cuando el crimen organizado es el que decide quién gana una elección, la democracia se va para el piso. Si a un ciudadano en una vereda le ponen un arma en la cabeza para tachar un tarjetón, ese voto no es libre, es un secuestro de la voluntad popular.
Lo que plantea el exmandatario es un escenario donde las reglas del juego están totalmente viciadas y donde la chequera de los criminales parece pesar más que los argumentos.
La pelota ahora está en la cancha de las autoridades electorales y de la justicia, que tendrán que revisar con lupa si estos «caudales de dinero» de los que habla Uribe son una realidad o si solo es pólvora de campaña. Lo único seguro es que, a medida que se acerca la fecha de las votaciones, los golpes bajos seguirán estando a la orden del día.
