Las urnas hablaron y cobraron cabezas. La jornada electoral dejó una de las sacudidas políticas más fuertes de los últimos años: más de 12 figuras tradicionales y «pesos pesados» de la política colombiana perdieron sus curules en el Senado.
El preconteo confirmó que tener un apellido reconocido o décadas en el Congreso ya no asegura votos. El electorado castigó a las maquinarias históricas, optando por el voto de opinión y nuevos liderazgos, dejando por fuera a caciques que daban por segura su reelección.
Para estos políticos, la derrota significa la pérdida de su principal fuente de poder y el inicio de un duro proceso de replanteamiento. Mientras tanto, el nuevo Senado se prepara para un escenario sin varias de sus figuras más veteranas.