Por Diego Armando Borrego
Todos hemos cantado «La Piragua», pero pocos conocen las manos callosas que tallaron la leyenda. En las orillas de la Ciénaga de Zapatosa, un puñado de artesanos lucha para que el oficio de construir canoas a golpe de hacha no se hunda en el olvido.
«Me contaron los abuelos que hace tiempo…» Así empieza el himno de la cumbia que inmortalizó al Cesar en el mundo. Pero en Chimichagua, tierra de ciénaga y sol, la historia no es un cuento de abuelos, sino una realidad de madera y sudor que se resiste a desaparecer.
Mientras los turistas llegan al muelle buscando la foto romántica del atardecer sobre la Ciénaga de Zapatosa, en los patios traseros del barrio El Centro y las veredas aledañas, el sonido seco de una azuela golpeando un tronco marca el ritmo de una tradición en vía de extinción: la fabricación de la canoa artesanal.
El arte de «ahuecar» el palo
La piragua de Guillermo Cubillos, esa que navegaba desde El Banco hasta las playas de amor en Chimichagua, no era de fibra de vidrio ni tenía motor fuera de borda. Era hija de la selva y del ingenio del hombre ribereño.
Hoy, encontrar a un «Maestro Canoero» es hallar una aguja en un pajar. Son hombres mayores, herederos de una técnica indígena y negra que consiste en tomar un solo tronco inmenso —generalmente de Ceiba Amarilla, Caracolí o Campano— y transformarlo en una embarcación ligera y resistente.
«Esto no tiene planos, el plano está en la cabeza y en el ojo», diría cualquier viejo artesano de la zona. El proceso es una cátedra de ingeniería empírica:
- La Talla: No se usan sierras eléctricas. Se usa la azuela, una herramienta pequeña en forma de azadón que va «comiendo» la madera por dentro hasta dejar las paredes de la canoa con el grosor perfecto: ni muy gruesa que pese mucho, ni muy delgada que se parta con el golpe de una ola.
- El Quemado: Para abrir la madera y darle esa forma curva y elegante, el tronco se somete al fuego controlado y se le ponen travesaños de palo. Es un diálogo peligroso entre la madera y la candela.
El Boga: El motor humano

Detalle de la escultura de ‘La Piragua’, ícono del folclor nacional, que hace parte de la muestra cultural sobre el río y que busca rescatar las tradiciones que… (Foto: Radio Nacional)
Pero la canoa es solo un cascarón vacío sin el Boga. En la memoria viva de Chimichagua, el boga era el héroe del transporte. Antes de que las carreteras conectaran al Cesar, estos hombres de espalda ancha y piel curtida eran los encargados de mover la economía.
Impulsaban la piragua a puro pulso de canalete (remo) o palanca (vara larga para empujar contra el fondo). Conocían los secretos de la Zapatosa: sabían leer el viento, esquivar los «embalsados» de tarulla y navegar de noche guiándose solo por las estrellas y el sonido del agua. Hoy, el motor de 40 caballos de fuerza ha silenciado el chapoteo rítmico del canalete, y con ese silencio, se ha perdido también una forma de entender el tiempo y el paisaje.
Una tradición amenazada por dos frentes
El análisis crítico de esta «Memoria Viva» nos muestra un panorama difícil para el año 2026:
- El problema ambiental: Ya no hay madera. La deforestación en la cuenca del Río Cesar y el Magdalena ha acabado con los árboles gigantes necesarios para hacer una piragua de 12 bogas como la de la canción. Hoy, los artesanos deben conformarse con árboles pequeños o reparar canoas viejas.
- La modernidad: Los jóvenes pescadores prefieren las lanchas de fibra de vidrio. Son más rápidas, no se pudren y requieren menos mantenimiento. La canoa de madera ha pasado de ser una necesidad a ser una «reliquia» costosa.
El alma de Chimichagua
Sin embargo, todavía quedan unos pocos tercos románticos en Chimichagua. Pescadores que juran que el pescado sabe mejor cuando se pesca desde una canoa de madera, porque «el palo no hace ruido y no espanta al pez».
Preservar el oficio de la carpintería de ribera es urgente. No para volver al pasado por capricho, sino para honrar la tecnología ancestral que nos permitió habitar este territorio anfibio.
La próxima vez que mire la Ciénaga de Zapatosa, recuerde: esas aguas no solo están hechas de H2O, están hechas de las historias de los hombres que, con un pedazo de árbol y mucha fe, se atrevieron a flotar sobre ellas.
