El cielo del Cesar, que por estos días de febrero debería estar entregado al sol inclemente, el astro rey ha decidido no salir con imponencia sino rendirse a las nubes que están opacando los primeros días del mes. De manera intempestiva, esas nubes se han encapotado sobre el departamento, descargando una furia líquida que hoy tiene a varios municipios en vilo, con el agua a la cintura y el alma en un hilo.
El reporte de las autoridades de socorro es un mapa de angustias que se extiende desde las faldas de la Sierra Nevada hasta las riberas del río Cesar. En El Copey, la situación ha pasado de la alerta a la emergencia absoluta. Varios barrios despertaron con el agua reclamando espacio dentro de las viviendas.
En el Cesar, los municipios en mayor vigilancia son Valledupar, Pueblo Bello, Agustín Codazzi, La Paz, Becerril y La Jagua de Ibirico. También hay posibilidad de crecientes súbitas en los ríos Sororia, Maracas, Santo Tomás y Tucuy, especialmente en zonas de la Serranía del Perijá, lo mismo que en el río Ariguaní y su afluente Ariguanicito, con especial atención en Pueblo Bello, El Copey y Bosconia. De acuerdo al reporte del IDEAM igulamente se recomienda especial vigilancia en los ríos Guatapurí, Badillo y la quebrada La Malena ante posible riesgo de crecientes súbitas.
El instituto de meteorología advierte además que la cuenca del río Cesar se encuentra en alerta naranja ante posibilidad de crecientes en afluentes cercanos a Chimichagua y el corregimiento de Saloa,
Las lluvias en el Cesar hacen parte de un escenario más amplio que afecta departamentos como Atlántico, Magdalena, Bolívar, La Guajira y Sucre, donde se han registrado tormentas eléctricas, inundaciones localizadas y afectaciones en zonas ribereñas.
Según expertos meteorológicos, aunque estos frentes fríos son más comunes entre finales e inicios de año, su interacción con sistemas atmosféricos del Caribe puede intensificar las precipitaciones, generando riesgos hidrológicos incluso en zonas tradicionalmente secas.La combinación de estos factores está generando lluvias de variada intensidad, ráfagas de viento y mayor inestabilidad atmosférica, con efectos directos en cuencas hidrográficas del norte del país.
Un llamado a la prevención

El llamado desde la gestión del riesgo es a la cordura. No es momento para arrojar basuras a los canales ni para desafiar la fuerza de los arroyos que, en municipios como Bosconia, ya han demostrado en el pasado su capacidad destructiva.
La naturaleza nos está enviando un mensaje claro este febrero de 2026. El cambio climático no es una teoría lejana, es esta lluvia que no cesa y que hoy nos obliga a mirar hacia el vecino, a asegurar el techo y a esperar que, por fin el sol vuelva a ser el dueño de estas tierras.
Por ahora, el Cesar sigue bajo el agua, esperando que la emergencia amaine y que el sol vuelva a resplandecer en el cielo del departamento.
