lunes, marzo 2, 2026

De la bicicleta a la sala de espera: ¿Cuál es la excusa frente a las muertes por falta de medicamentos?

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se está contando en vidas perdidas. En cuestión de días, el país ha sido testigo de dos tragedias que comparten un mismo origen: la demora y presunta negligencia en la entrega de medicamentos vitales. Sin embargo, lo que más indignación está causando no es solo la falla del sistema, sino las respuestas que llegan desde el propio Gobierno para justificar lo injustificable.

El caso de Kevin: «La culpa fue de la bicicleta»

Hace pocos días, el país conoció la triste historia de Kevin Acosta, un niño de apenas siete años diagnosticado con hemofilia severa. El menor falleció el pasado 13 de febrero tras sufrir un fuerte golpe en la cabeza al caer de su bicicleta. El dato más alarmante de esta tragedia es que el niño llevaba dos meses sin recibir el tratamiento médico necesario para controlar su enfermedad.

Ante el reclamo del país, el presidente Gustavo Petro y su ministro de Salud, Guillermo Jaramillo, sorprendieron con su postura. En lugar de centrar la atención en por qué el medicamento nunca llegó, el mandatario apuntó a la responsabilidad de la familia afirmando: «Si a un niño hemofílico no se le deja subir a la bicicleta, tiene menos riesgos. Es un tema de prevención».

La excusa oficial fue clara: el niño no debió estar jugando. Esta declaración fue rechazada de inmediato por la Liga Colombiana de Hemofílicos, quienes calificaron las palabras como discriminatorias, recordando que con la medicina a tiempo, los pacientes pueden tener una vida normal y hacer deporte.

La tragedia en Cúcuta: Morir haciendo fila

Kevin Acosta, niño con hemofilia severa que falleció tras no recibir tratamiento médico oportuno en Colombia.
Mientras el Gobierno insiste en justificar las fallas del sistema de salud hablando de «prevención», los colombianos de a pie, como doña Cecilia, siguen perdiendo la vida rogando por los medicamentos a los que tienen derecho.

Pero la dura realidad acaba de desarmar el argumento gubernamental de la «prevención». Este martes 24 de febrero, en la ciudad de Cúcuta, una adulta mayor identificada como Cecilia Quintero perdió la vida de una manera dolorosa.

La mujer colapsó y falleció en el interior de un dispensario de la farmacia Cafam. ¿Qué estaba haciendo allí? Estaba reclamando los medicamentos para su hijo con discapacidad, los cuales, según denunció, no le entregaban desde septiembre del año pasado. Además, ella misma esperaba recibir sus propias medicinas. Tras acercarse a la ventanilla para exigir sus derechos, se desplomó frente a la mirada de otros pacientes.

La gran pregunta: ¿Cuál será la excusa ahora?

El contraste de estas dos historias nos obliga a plantear una pregunta crítica. Si para el presidente la culpa de la muerte del pequeño Kevin fue usar una bicicleta y no quedarse quieto en casa, ¿cuál va a ser la excusa del Gobierno para explicar la muerte de doña Cecilia? Ella no estaba practicando un deporte de riesgo ni cometiendo una imprudencia. Doña Cecilia estaba haciendo exactamente lo que el sistema le exige a cualquier ciudadano: hacer una fila pacíficamente frente a una ventanilla, rogando por unos medicamentos que el sistema de salud tiene la obligación legal y moral de entregar a tiempo.

No se puede culpar a los pacientes por intentar vivir su niñez, ni a las madres por exigir los derechos de sus hijos. Mientras la Fiscalía y las entidades de salud investigan qué falló en ambos casos, queda una amarga lección: un medicamento que no llega a tiempo es un riesgo letal, ya sea pedaleando en un parque o esperando turno en una farmacia. El país exige soluciones reales, no excusas que culpen a las víctimas.

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