miércoles, marzo 4, 2026

El incendio de la desconfianza: ¿Estrategia política o ataque a la democracia desde el poder?

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En un hecho que ha sido calificado por diversos sectores como una irresponsabilidad institucional sin precedentes, Gustavo Petro ha decidido prenderle fuego a la credibilidad del sistema electoral colombiano. A pocos días de las elecciones, quien hoy ostenta la máxima dignidad del Estado ha optado por minar la confianza de los ciudadanos en las urnas, lanzando denuncias de un «fraude» del que no ha presentado pruebas ante la justicia, sino que ha difundido a través de ráfagas en sus redes sociales.

Resulta paradójico, por decir lo menos, que el mismo sistema que lo llevó a la Presidencia hoy sea tildado de «tramposo» por él mismo. Al insistir en la impugnación masiva de mesas por parte de la Colombia Humana y el Pacto Histórico, Petro no solo está pidiendo transparencia; está enviando un mensaje peligroso de que solo los resultados que le favorezcan serán aceptados como válidos. Esta narrativa de «fraude preventivo» parece más una estrategia para justificar futuros reveses electorales o para agitar a sus bases en las calles que una verdadera preocupación por el rigor del conteo.

El ataque directo a la Registraduría y al Consejo Nacional Electoral (CNE) pone al país en una situación de vulnerabilidad extrema. Al descalificar al árbitro antes de que comience el partido, Petro está envenenando la convivencia democrática. Los críticos más severos advierten que este comportamiento es propio de liderazgos que, al ver desgastado su favor popular, recurren a la creación de enemigos imaginarios y teorías conspirativas para mantener la cohesión de sus sectores vinculados, aun a costa de la estabilidad de la nación.

Ciudadanos y jurados durante jornada electoral en Colombia
«El peligro de la desinformación: La insistencia en el fraude sin pruebas concretas genera un clima de zozobra entre los electores, quienes ahora temen que su derecho al voto sea utilizado como moneda de cambio en una pelea política.

Mientras los jurados de votación —ciudadanos comunes que prestan un servicio al país— se preparan para su jornada, el Presidente les lanza una sombra de sospecha. El costo de estas palabras podría ser incalculable: una sociedad que no cree en sus elecciones es una sociedad al borde del caos. Colombia hoy se pregunta si el llamado a la impugnación es un ejercicio de vigilancia o simplemente el primer paso de un plan para desconocer las reglas del juego que él mismo prometió defender.

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