¡Atención al nuevo acto del circo electoral rumbo a 2026! Justo cuando pensábamos que la contienda política no podía ponerse más bizarra, reaparece el «eterno candidato». Sergio Fajardo, después de irse a ver ballenas y de coleccionar derrotas en las urnas, ha decidido que lo suyo ya no es el tablero de profesor universitario, sino el cuarto de aseo.
En un insólito y casi cómico video publicado en sus redes sociales, el líder de Compromiso Ciudadano decidió lanzar oficialmente su enésima campaña presidencial empuñando nada más y nada menos que una escoba. Sí, leyó bien. Una escoba de cerdas plásticas con la que, según él, planea «barrer la corrupción». ¿Genialidad publicitaria o el grito de auxilio de un candidato que ya no sabe qué hacer para llamar la atención?
¿A barrer la «tibieza» o a volar lejos de las decisiones?
El video, que ya es la burla nacional, muestra a un Fajardo tratando de lucir rudo y decidido con su nuevo instrumento de limpieza. El mensaje es el mismo disco rayado de siempre: limpiar el país, acabar con la polarización y traer decencia. Sin embargo, lo que Fajardo no calculó es que el simbolismo se le devolvería como un bumerán.
Los colombianos, que no perdonan una, no tardaron en preguntarse para qué usaría realmente la escoba. ¿Será para barrer debajo de la alfombra su histórica indecisión cada vez que el país arde en crisis? ¿O tal vez la va a usar al estilo Harry Potter para salir volando y escapar de tomar una postura clara en la segunda vuelta? Para un político al que el país entero ha bautizado como el «rey de la tibieza», salir con un palo de escoba parece más un chiste de Halloween adelantado que una estrategia seria de Estado.
El hazmerreír de las redes: ¿Trajo recogedor?
Mientras Fajardo jura que con su escoba va a barrer a las mafias tradicionales, la realidad es que lo único que barrió fue el piso de Twitter (X) con su propia dignidad. Sus opositores, tanto de la izquierda radical como de la derecha, se dieron un festín de memes.
«¿Y el recogedor para recoger los votos que se le quemaron la última vez?», comentaba un usuario. «Pensé que iba a sacar una plancha para quitarle las arrugas a su discurso», se burlaba otro. Y es que intentar reciclar la vieja táctica de los símbolos cotidianos —algo que Antanas Mockus hacía con genialidad hace décadas— hoy solo huele a naftalina política.
Fajardo ha dado el banderazo de salida para el 2026, dejando claro que está dispuesto a hacer hasta el ridículo con tal de no desaparecer del radar. Queda por ver si los colombianos están dispuestos a entregarle el país a un conserje improvisado, o si, al final de la contienda, será el propio Fajardo el que termine barrido y fuera de la política para siempre.