Con palas, carretillas, cemento y pintura, habitantes de este corregimiento de San Juan del Cesar demostraron que el amor por su pueblo se expresa con hechos. La recuperación del tradicional espacio público también revive el recuerdo del nombre que llevó durante años.
En La Junta, La Guajira, la palabra unión no se queda en los discursos. Se convierte en trabajo, en manos solidarias y en vecinos que se reúnen para resolver los problemas de su pueblo. Eso fue precisamente lo que ocurrió con la recuperación de su tradicional parque, un espacio entrañable para varias generaciones de junteros. Allí, donde durante años se han tejido amistades, recuerdos y encuentros familiares, el deterioro había dejado profundas huellas. Muros agrietados, estructuras desprendidas, pintura desgastada y maleza evidenciaban la necesidad de una intervención, pero los junteros decidieron no quedarse esperando.
Hombres y mujeres se pusieron manos a la obra. Unos llevaron herramientas; otros trabajaron con ladrillos, cemento y arena. Hubo quienes se dedicaron a limpiar, recoger maleza, pintar jardineras y devolverles el color a los espacios comunes. También participaron adultos mayores y niños. Una pequeña, brocha en mano, aparece en una de las fotografías pintando de rosado el borde de una jardinera. Su presencia constituye una de las imágenes más significativas de la jornada: el amor por el pueblo también se aprende desde la infancia.
La Junta hizo honor a su nombre
Las fotografías compartidas con Noticias del Cesar permiten apreciar la transformación. Donde antes se observaban muros deteriorados, ahora aparecen superficies reparadas y pintadas. Las jardineras recuperaron sus colores y el parque adquirió una apariencia renovada. Sin embargo, lo más importante no fue solamente el cambio físico. Fue la capacidad de convocatoria y el compromiso de los habitantes que participaron en la iniciativa. La satisfacción quedó reflejada en los mensajes publicados en un grupo de WhatsApp de junteros. Allí abundaron las felicitaciones, las expresiones de gratitud y los reconocimientos a quienes hicieron posible la jornada.
Uno de los participantes encontró una hermosa manera de relacionar la iniciativa con el nombre del corregimiento: «El nombre mejor puesto de Colombia es el de La Junta, o sea, entre todos juntos». La expresión resume el espíritu de la actividad. La comunidad se juntó, precisamente, para trabajar por lo suyo. Otro participante destacó que la iniciativa representa el sentido de pertenencia, el espíritu cívico y el amor por el pueblo. También expresó su disposición a seguir colaborando en futuras actividades.
Hubo mensajes de reconocimiento para los organizadores, entre ellos una felicitación dirigida a alguien llamado cariñosamente «primo Manato» y a su grupo de colaboradores. Otros resaltaron que el deterioro del parque llevaba años y agradecieron a quienes finalmente asumieron la tarea de intervenirlo. Una expresión especialmente significativa vinculó la jornada con la educación recibida de las generaciones anteriores: «Ese es el reflejo que nos dejaron nuestros padres».

Un parque que también guarda la historia de La Junta
La recuperación del espacio público ha servido para recordar otro asunto que forma parte de la memoria colectiva: su denominación histórica. Aunque actualmente se le conoce como parque Simón Bolívar, nombre asociado a la presencia de una estatua del Libertador, durante años fue identificado como parque Joaquín Sierra. No se trata solamente de una denominación conservada por algunos habitantes. Existen referencias escritas que respaldan su uso tradicional.
El cronista José Jaime Daza Hinojosa, en una semblanza dedicada al compositor Jacinto Leonardi Vega, recordó las reuniones musicales de su juventud en el parque Joaquín Sierra, cuando este acababa de inaugurarse. En aquellos encuentros, la guitarra de Roberto Hinojosa acompañaba las canciones interpretadas por jóvenes del pueblo. Eran tiempos de tertulias, amistades y parrandas que quedaron grabadas en la memoria de sus protagonistas. La crónica constituye un testimonio de la importancia social y cultural que alcanzó aquel espacio desde sus primeros años.
Otra semblanza del mismo autor, dedicada al médico Román Rafael Vega Romero, identifica la antigua escuela rural de varones como la institución situada frente al parque Joaquín Sierra. Incluso el blog histórico Mis Huellas, dedicado a La Junta, conserva una fotografía identificada con la estatua de Bolívar y el nombre del parque Joaquín Sierra. Son referencias que demuestran que la antigua denominación forma parte de la historia local, aunque todavía está pendiente establecer documentalmente si existió una decisión administrativa que modificara oficialmente su nombre.
¿Quién fue Joaquín Sierra Cuello?
Joaquín Sierra Cuello nació en La Junta en 1899, según una investigación histórica publicada por José Jaime Daza Hinojosa en agosto de 2020. Hijo de Helena Sierra y Manuel Esteban Cuello, creció en un ambiente rural. Durante su infancia desarrolló actividades propias de la vida campesina y posteriormente cursó estudios primarios en San Juan del Cesar. Su habilidad para las matemáticas fue determinante en su trayectoria.
Después de trabajar desde muy joven en actividades agrícolas, adquirió conocimientos sobre el manejo de tierras y los sistemas de irrigación. Con el tiempo desarrolló una destacada actividad en adecuación de terrenos y aprovechamiento del agua para cultivos. Según la investigación de Daza Hinojosa, participó en proyectos agrícolas del Valle del Cauca y del Tolima, donde aplicó sus conocimientos para mejorar la productividad de extensas áreas cultivables. El cronista también destaca su solidaridad con familiares y paisanos, a quienes ayudó a encontrar oportunidades laborales fuera de su tierra natal. Por estas razones, su nombre permanece asociado al emprendimiento, el trabajo y la historia de La Junta.

Entre Bolívar y Joaquín Sierra: una reflexión sobre la memoria
La discusión sobre la denominación del parque ofrece una oportunidad para reflexionar sobre el patrimonio cultural y la identidad del corregimiento. Simón Bolívar ocupa un lugar fundamental en la historia de Colombia. Pero también existen hombres y mujeres de las provincias cuya contribución merece conservarse en los espacios públicos de sus comunidades. Reconocer a Joaquín Sierra no significa desconocer al Libertador. Significa recordar que la historia nacional también se construye desde los pueblos.
La posibilidad de recuperar la denominación tradicional, mantener la actual o encontrar una fórmula de reconocimiento para ambas figuras puede ser objeto de una conversación comunitaria respetuosa. Lo importante es que cualquier decisión considere los antecedentes históricos, la memoria de los mayores y la voluntad de los habitantes.
Una lección de amor por el terruño
La Junta, tierra de profundas tradiciones musicales y culturales, acaba de ofrecer un ejemplo de organización comunitaria. La recuperación del parque demuestra que el sentido de pertenencia puede traducirse en resultados visibles cuando los vecinos comparten un propósito. La jornada deja también una responsabilidad: conservar lo recuperado, cuidar los árboles, proteger las jardineras y evitar que el deterioro vuelva a ganar terreno.
Porque un parque no es solamente un conjunto de bancas, árboles y senderos. Es el escenario donde juegan los niños, conversan los mayores, nacen amistades y permanecen vivos los recuerdos. Y mientras los junteros celebran la transformación de su espacio público, la historia de Joaquín Sierra vuelve a encontrar un lugar en la conversación colectiva. Esta vez, La Junta hizo honor a su nombre: se juntó para recuperar lo suyo.

