El país sigue con el nudo en la garganta por la dolorosa partida de Kevin, el niño al que el sistema de salud le dio la espalda cuando más lo necesitaba. Pero mientras la familia llora y exige justicia, en la arena política ya se quitaron los guantes. El candidato presidencial Mauricio Cárdenas acaba de lanzar un misil directo a la Casa de Nariño, bautizando esta tragedia con un nombre que le va a doler mucho al Gobierno: la ‘Petrosalud’.
Con esta cruda frase, Cárdenas no solo está criticando una simple falla de papeleo en un hospital; está sentando en el banquillo de los acusados a toda la política del actual mandato y a la forma en la que la izquierda está manejando la crisis.
Un dardo directo a la ideología

Para entender el calibre de las declaraciones del exministro y hoy candidato, hay que mirar el fondo del asunto. Cárdenas aseguró sin tapujos que la muerte del pequeño Kevin no es un simple accidente ni un caso aislado, sino el resultado trágico y real de lo que él llama la ‘Petrosalud’.
Para él, la receta del actual Gobierno ha sido un desastre: asfixiar financieramente al sector, provocar escasez de medicamentos y desbaratar el sistema por pura terquedad ideológica. Todo esto, según Cárdenas, terminó construyendo el «paseo de la muerte» perfecto que le costó la vida a un inocente.
«No fue solo la enfermedad lo que se llevó a Kevin. Fue la ineficiencia. Jugar a la política con la salud de los colombianos tiene consecuencias fatales», es el duro mensaje de fondo que hoy retumba en los medios y con el cual la oposición señala a la administración de improvisar con la vida de la gente.
El dolor de la calle en medio de la campaña
Hablando a calzón quitado, lo que Cárdenas está diciendo en voz alta es lo que muchos ciudadanos de a pie, desde Valledupar hasta el último rincón de Colombia, están sintiendo cuando van a pedir una cita médica, una autorización o a reclamar una pastilla. La promesa de una salud «más humana», que tanto pregonaron en campaña, se está estrellando de frente contra la dura realidad de las salas de espera llenas y las farmacias vacías.
El candidato aprovecha esta coyuntura para recordarle al país que la terquedad de querer imponer un modelo a la fuerza, destruyendo lo que mal o bien venía funcionando, nos está saliendo carísimo a todos los colombianos.
¿El principio del fin para el discurso oficial?
Esta dura ofensiva marca un antes y un después en la carrera presidencial hacia el 2026. Al presidente Gustavo Petro le queda cada vez más cuesta arriba defender su gestión y su famosa reforma a la salud cuando los resultados en la vida real son tan lamentables. Mientras tanto, la oposición recoge el descontento popular y exige sensatez antes de que el sistema colapse por completo.
