El vallenato está de luto. Murió Náfer Santiago Durán Díaz, ‘Naferito’, Rey Vallenato de 1976 y una de las últimas grandes figuras de la generación de juglares que ayudó a construir la historia del género. El acordeonero cesarense tenía 94 años y en los últimos años había atravesado varios episodios delicados de salud, especialmente por afecciones cardíacas.
Su estado físico había generado especial preocupación durante 2026. Desde el 5 de julio estuvo hospitalizado en Valledupar por complicaciones cardíacas y posteriormente fue trasladado a la Unidad de Cuidados Intensivos de la Clínica de Alta Complejidad. Su hijo, el compositor Luis Durán Escorcia, informó entonces que el maestro necesitaba atención especializada. También presentó acumulación de líquido en los pulmones.
Aquella no había sido la primera crisis de salud de ‘Naferito’. En octubre de 2022 sufrió una descompensación mientras asistía a misa en El Paso, su tierra natal. Tras ser atendido inicialmente en el hospital local fue trasladado a Valledupar, donde los médicos detectaron una deficiencia cardíaca y posteriormente le implantaron un marcapasos.
“Dejar de tocar mi acordeón es morir en vida”
Pese a las dificultades de salud y a su avanzada edad, Náfer Durán se resistía a apartarse del instrumento que lo acompañó desde niño. Apenas dos meses antes de su muerte había resumido su relación con la música en una frase que ahora adquiere un significado especial: “Dejar de tocar mi acordeón es morir en vida”.
A sus 93 años todavía tomaba el acordeón y evocaba historias de El Paso, Chimichagua, las parrandas y aquella extensa dinastía musical de los Durán. En una conversación publicada en julio agradeció haber llegado a esa edad y aseguró que seguía amando a su familia, a su pueblo y al folclor vallenato.
Náfer nació en El Paso, Cesar, el 26 de diciembre de 1932. Creció en una familia profundamente ligada a las músicas tradicionales: fue hermano de Alejandro Durán, primer Rey Vallenato de la historia, y aprendió a tocar acordeón desde los siete años. Con el tiempo desarrolló un estilo propio que lo convirtió en uno de los referentes de la interpretación tradicional.
El Rey Vallenato que abrió el camino de Diomedes Díaz
Uno de los capítulos más importantes de su carrera ocurrió en 1976, el mismo año en que conquistó la corona profesional del Festival de la Leyenda Vallenata. Tras ese triunfo, Náfer grabó junto a un joven Diomedes Díaz el álbum Herencia vallenata, primer trabajo discográfico en la trayectoria profesional del futuro ‘Cacique de La Junta’.
Esa producción convirtió a Náfer en una pieza fundamental en los primeros pasos discográficos de Diomedes. Décadas después, ambos nombres quedarían unidos dentro de la historia del vallenato: uno como uno de sus grandes acordeoneros tradicionales y el otro como uno de los cantantes de mayor impacto comercial del género.
El maestro también dejó una extensa obra como compositor. Entre sus canciones aparecen ‘Sin ti’, ‘Déjala vení’, ‘La invitación’, ‘El chanchullito’, ‘La chimichaguera’, ‘Dime por quién lloras’ y ‘El estanquillo’, entre muchas otras. Varias de ellas fueron grabadas por destacados intérpretes y terminaron integrándose al repertorio tradicional vallenato.
Un nombre que quedó escrito en la historia del Festival Vallenato
Náfer Durán conquistó la corona de Rey Vallenato Profesional en 1976, ocho años después de que su hermano Alejo ganara la primera edición del concurso. Cuando regresó buscando nuevamente el título en 1983, su nivel artístico llevó a que fuera declarado Fuera de Concurso, un episodio singular dentro de su trayectoria festivalera.
Su vida convirtió a la familia Durán en una de las dinastías fundamentales para comprender el vallenato tradicional del Cesar. El acordeón pasó de generación en generación y ‘Naferito’ se mantuvo durante décadas como guardián de una manera de tocar vinculada a los pueblos, las historias campesinas y las antiguas parrandas.
Su muerte representa la despedida de un músico que no solo interpretó vallenato: vivió prácticamente toda su existencia con un acordeón al pecho. La frase que pronunció durante sus últimos meses resume quizá mejor que cualquier homenaje la dimensión que tenía la música en su vida: para Náfer Durán, dejar de tocar era comenzar a morir.

