Mientras en Colombia se insistía en mantener viva una moribunda mesa de diálogos de paz, lejos de nuestras fronteras se tejía una alianza criminal de proporciones internacionales. La justicia de Estados Unidos acaba de destapar una escandalosa red de narcoterrorismo que vincula directamente a la guerrilla del ELN con el círculo más íntimo del régimen de Bashar al-Assad en Siria. El pacto era tan simple como letal: enviar toneladas de cocaína colombiana a Medio Oriente a cambio de armamento de uso militar para fortalecer sus filas.
El primo del dictador y los lavadores colombianos
El cerebro detrás de esta operación intercontinental es Antoine Kassis, un ciudadano sirio-libanés de 59 años y primo del expresidente sirio Bashar al-Assad (derrocado en 2024). Recientemente declarado culpable por la Corte del Distrito Este de Virginia por conspiración para el narcoterrorismo, Kassis utilizó el aparato estatal de su país como un escudo para traficar cocaína y armas. Pero Kassis no actuaba solo. La investigación estadounidense, revelada en un documento de 19 páginas, salpicó a dos ciudadanos colombianos: Alirio Rafael Quintero Quintero y Wisam Nagib Kerfan Okde. Estos hombres fungían como el brazo financiero de la guerrilla, encargados de lavar cientos de miles de dólares provenientes del narcotráfico. A través de transferencias internacionales desde el estado de Virginia que superaban los 440.000 dólares, el dinero sucio se convertía rápidamente en criptomonedas y terminaba en billeteras virtuales controladas por el ELN.
Un «contrato» firmado en Kenia: Fruta, droga y fusiles
La cronología de este acuerdo expone el doble discurso de la guerrilla. En abril de 2024, justo cuando la delegación del Gobierno colombiano intentaba convencer al ELN de suspender los secuestros extorsivos para salvar los diálogos de paz, los emisarios de la guerrilla se encontraban cerrando el pacto millonario de armas. El nivel de coordinación fue tal que Kassis viajó desde el Líbano hasta Kenia para reunirse personalmente con un «inspector de armas» enviado por el ELN. Allí firmaron lo que denominaron un «contrato». El plan consistía en enviar un contenedor marítimo desde Colombia cargado de frutas, en cuyo interior irían camuflados 500 kilos de cocaína pura. Una vez en Medio Oriente, Kassis distribuiría la droga y, a cambio, proveería al ELN de armamento desviado directamente de las reservas militares del régimen de Assad.
El régimen que facturaba el paso de la droga
El expediente judicial norteamericano no solo condena a los intermediarios, sino que desnuda cómo el derrocado gobierno sirio se lucraba de la tragedia colombiana. Se comprobó que la red criminal de Kassis debía pagarle al régimen sirio una cuota de 10.000 dólares por cada kilogramo de cocaína ingresado, sumado a los «peajes ilícitos» cobrados por el paso de la droga por su territorio.
Hoy, mientras Antoine Kassis espera su sentencia el próximo 2 de julio —que podría ir desde 20 años hasta cadena perpetua—, los dos colombianos implicados (capturados en 2025) aguardan su extradición a Estados Unidos. Este escándalo internacional confirma que, más allá de los discursos políticos en las mesas de negociación, las estructuras guerrilleras continúan expandiendo sus tentáculos criminales en el mundo.