Dicen que la justicia cojea, pero llega. Y esta mañana, esa frase retumbó con fuerza en la embajada de Colombia en el Reino Unido. Mientras Roy Barreras seguramente disfrutaba de la tranquilidad londinense, en Bogotá se cocinaba una decisión que le quita el sueño al político más hábil del país: La Corte Suprema de Justicia le dijo «NO» a su intento de archivar la investigación en su contra.
El «teflón» del embajador parece tener una grieta. La Sala de Instrucción ordenó mantener vivo el expediente que indaga si el entonces presidente del Senado convirtió a la Dian en su caja menor de favores políticos.
El fantasma de la «mermelada» no perdona
Para hablar a calzón quitado: Lo que la Corte está investigando no es poca cosa. Se trata de averiguar si Roy usó su poder para llenar de amigos, recomendados y fichas políticas los puestos claves de la entidad que nos cobra los impuestos a todos.
La defensa de Roy quería echarle tierra al asunto, cerrar el capítulo y pasar la página. Pero los magistrados, con lupa en mano, encontraron que todavía hay mucha tela que cortar. El olor a tráfico de influencias sigue en el aire.
«Creyeron que porque Roy está lejos y posando de diplomático se iban a olvidar del expediente. ¡Qué va! La Corte le acaba de recordar que en Colombia nadie tiene corona, por más embajador que sea», soltó una fuente judicial que pidió reserva.
¿Un «Súper Poderoso» contra las cuerdas?

nadie tiene corona ante la ley
Esto no es un simple trámite. Que la Corte ordene seguir la investigación preliminar significa que hay indicios, hay dudas razonables y hay preguntas que Roy todavía no ha contestado satisfactoriamente.
El caso de los nombramientos en la Dian es la «piedra en el zapato» que le impide a Barreras caminar tranquilo. Si se llega a comprobar que hubo manoseo en la contratación pública para pagar favores políticos, estaríamos ante la caída de un gigante.
Londres: ¿Exilio dorado o jaula de oro?

La noticia cae como un baldado de agua fría en el escenario político. Mientras el Gobierno habla de transparencia, uno de sus alfiles más importantes sigue enredado en los viejos vicios de la política tradicional.
Roy Barreras ha sobrevivido a todo: a la guerra, a la paz, a la derecha y a la izquierda. Pero enfrentarse a una Corte Suprema que se niega a cerrar el caso es otra liga. Hoy, el té inglés debe saberle a hiel.
La pregunta que nos hacemos los ciudadanos de a pie, los que no tenemos padrinos en la Dian, es: ¿Llegará esta investigación hasta el final o se diluirá como tantas otras? Por ahora, el expediente sigue abierto y respirandole en la nuca al embajador.
Porque la verdad no se va de viaje, se queda aquí esperando justicia.
