La llamada «Paz Total» parece haberse convertido en un cheque en blanco para el derramamiento de sangre. En un capítulo que raya en el descaro absoluto y la burla a las víctimas, la justicia colombiana ha decidido cruzar los brazos frente a Alexander Díaz, alias ‘Calarcá’. El sanguinario jefe de las disidencias de las Farc seguirá paseándose libremente por el país, con la orden de captura suspendida, mientras desde las sombras sigue ordenando atentados y sembrando el terror.
La mañana de este lunes, el búnker de la Fiscalía General de la Nación fue el escenario de una reunión trascendental que terminó en un absoluto fracaso. La fiscal general, Luz Adriana Camargo, y los delegados de la Oficina del Alto Comisionado de Paz se sentaron a debatir el destino de este criminal, pero al final de la jornada no hubo humo blanco. La impunidad ganó el pulso.
¿Licencia para matar bajo el escudo de «gestor de paz»?
El morbo y la indignación de este caso radican en el doble rasero de la situación. Mientras el Gobierno Nacional lo arropa y lo designa oficialmente como «gestor de paz», la misma Fiscalía tiene sobre su escritorio las pruebas humeantes de que ‘Calarcá’ nunca ha dejado su negocio criminal.
El ente investigador fue claro al aseverar que, escondido detrás de su nombramiento pacificador, este cabecilla ha continuado con sus actividades delictivas, ordenando ataques directos contra la población civil indefensa y cazando a sangre fría a los agentes de la Fuerza Pública. ¿Se puede ser embajador de la paz por la mañana y carnicero por la noche? Para el Estado colombiano, aparentemente sí.
Los macabros secretos en los computadores del terror
Pero el escándalo no se detiene en los atentados recientes. El prontuario que esconde alias ‘Calarcá’ es mucho más oscuro. La retención de esta orden de captura se da justo cuando el país empieza a conocer el contenido de los computadores incautados al disidente.
Lo que hay en esos discos duros es material de pesadilla: expedientes que detallan el reclutamiento forzado de menores de edad arrancados de sus hogares, el asesinato sistemático de líderes sociales que se atrevieron a estorbar en su camino, y lo más aterrador de todo, presuntos vínculos oscuros y alianzas de sangre con generales del Ejército Nacional.
A pesar del peso de estas evidencias y de que el expediente gotea sangre por todos lados, el teléfono roto entre la Fiscalía y la Oficina de Paz dejó a alias ‘Calarcá’ con su blindaje intacto, demostrando que en el actual tablero político del país, a veces el terror paga mejor que la justicia.