miércoles, abril 8, 2026
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La crucifixión del río Badillo: Mientras hoy celebramos la vida, ayer los turistas sepultaron nuestra joya en basura

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Hoy, Domingo de Resurrección, el mundo cristiano celebra el triunfo de la vida sobre la muerte. Las iglesias de Valledupar amanecen de júbilo y los feligreses se abrazan en la esperanza de un nuevo comienzo. Sin embargo, a escasos kilómetros de la ciudad, el panorama es desolador y profundamente paradójico: ayer, Sábado Santo (4 de abril), mientras se guardaba silencio por la muerte de Jesús, una horda de turistas indolentes decidió crucificar al río Badillo.

Un Vía Crucis de plástico y cristal

El majestuoso río Badillo, musa de poetas y cantores vallenatos, fue convertido en un auténtico vertedero a cielo abierto. Durante el sábado, las cristalinas aguas y las imponentes rocas que enmarcan este balneario natural fueron invadidas por cientos de visitantes que, bajo la excusa del descanso de Semana Santa, dejaron a su paso un rastro de destrucción ambiental.

Botellas de licor esparcidas, bolsas plásticas flotando en la corriente, restos de comida y pañales desechables adornaban las riberas al caer la tarde. La escena no solo es un atentado contra la salud pública y el ecosistema, sino una bofetada a la cultura ciudadana. Quienes acudieron a «purificarse» o a disfrutar de la creación, terminaron clavando los clavos de la contaminación en uno de los afluentes más emblemáticos del Cesar.

La doble moral del turista de Semana Santa

Resulta hipócrita que la misma sociedad que se congrega para pedir perdón por sus pecados, peque tan flagrantemente contra el medio ambiente. La crucifixión del río Badillo no fue obra de romanos, sino de familias, grupos de amigos y visitantes que creen que la naturaleza cuenta con un servicio de aseo personal.

Esta tragedia ecológica anual expone la alarmante falta de autoridad y control en nuestros balnearios durante las temporadas altas. ¿Dónde están las sanciones? ¿Dónde están los filtros ambientales? Hoy, mientras el calendario litúrgico marca la resurrección, nuestro río amanece agonizando, asfixiado por la falta de conciencia de quienes no entienden que el paraíso, si no se cuida, también puede morir.

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