En un giro inesperado que ha sacudido el panorama judicial del país, los congresistas Wadith Manzur y Karen Manrique no pisarán una cárcel convencional. A pesar de las órdenes iniciales que proyectaban su traslado a prisiones como El Buen Pastor, las autoridades confirmaron hoy que los políticos implicados en el megaescándalo de corrupción de la UNGRD serán recluidos en estaciones de Policía en Bogotá.
La decisión de última hora cambia drásticamente el escenario. Tras abandonar el búnker de la Fiscalía bajo un fuerte dispositivo de seguridad, Manzur fue designado a la estación de carabineros E26, mientras que a Manrique se le reasignó un espacio similar, esquivando el traslado al centro penitenciario de mujeres.
Ambos legisladores enfrentan a la Corte Suprema de Justicia, acusados formalmente de cohecho impropio. Las autoridades investigan si comprometieron sus funciones en la Comisión Interparlamentaria de Crédito Público a cambio de direccionar millonarios contratos de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) hacia sus fortines políticos.
Mientras el expediente de más de 1.000 páginas detalla chats comprometedores y reuniones secretas, esta medida de reclusión en estaciones policiales ha levantado una ola de críticas en diversos sectores. La pregunta que ahora inunda las redes sociales y los pasillos políticos es clara: ¿Garantizan estas instalaciones la firmeza de un juicio histórico contra la corrupción?