17 jóvenes de Codazzi en Camboya: así los engañaron con salarios millonarios

El regreso de 17 jóvenes de Agustín Codazzi abrió una historia más profunda que la del simple retorno al Cesar. Detrás del viaje hubo una cadena de engaños: contactos de conocidos, promesas de ingresos de hasta 20 millones de pesos, tiquetes pagos, un destino distinto al ofrecido y, finalmente, jornadas extenuantes en una red de estafas en Camboya. El caso, además, vuelve a poner a Codazzi en el centro de una modalidad que ya había golpeado al departamento.

La llegada de los 17 jóvenes de Codazzi en Camboya convertidos en víctimas de una red de captación internacional no fue un hecho aislado ni repentino. La historia empezó meses atrás, cuando varios de ellos aceptaron una supuesta oferta de trabajo en Asia. Según el testimonio conocido a través de la Gobernación del Cesar, les prometieron empleo en un call center, salarios de entre US$1.000 y US$2.000, e incluso ingresos que podían llegar a 20 millones de pesos mensuales.

El ofrecimiento, de acuerdo con los relatos, no llegó por canales extraños ni por un aviso cualquiera. En varios casos apareció a través de personas conocidas, lo que redujo la desconfianza y facilitó la captación. Esa pieza resulta clave para entender el mecanismo: no se trató solo de una oferta atractiva, sino de una propuesta que se presentaba como confiable porque circulaba entre contactos cercanos o recomendados.

Con esa promesa sobre la mesa, los jóvenes recibieron otra señal que hizo creíble el negocio: los tiquetes estaban pagos. El destino que les mencionaron inicialmente fue Tailandia, y algunos salieron de Colombia convencidos de que iban rumbo a una oportunidad laboral formal en ese país. Sin embargo, una vez avanzó el trayecto, la realidad cambió. Ya en Asia, les informaron que debían continuar hacia Camboya, un giro inesperado que alteró por completo las condiciones del viaje.

Cómo operó el engaño a los jóvenes de Codazzi en Camboya

Según las versiones conocidas, al llegar a Camboya los jóvenes entendieron que la oferta no era la que les habían vendido. Allí, otros trabajadores les advirtieron que el supuesto call center realmente operaba como parte de una estructura dedicada a estafas telefónicas y financieras. En ese punto, además, varios denunciaron que les retiraron los pasaportes y otros documentos, una práctica frecuente en redes de trata y explotación.

Lejos de un empleo legal, los captados habrían sido sometidos a jornadas de hasta 16 horas diarias, con metas exigentes y controles estrictos. Una de las jóvenes relató que podían empezar a trabajar a las nueve de la noche y terminar al mediodía o a la una de la tarde del día siguiente. También describió amenazas, sanciones económicas y castigos por acciones tan básicas como demorarse en el baño.

Ese detalle permite entender por qué este caso no puede leerse como un simple incumplimiento contractual. Lo que aparece es una forma de criminalidad forzada, en la que las víctimas terminan atrapadas en centros desde donde son obligadas a participar en engaños contra terceros. En otras palabras, no solo fueron engañados para viajar, sino también presionados para integrarse a una operación delictiva bajo condiciones de coerción.

Del escape en abril al refugio durante meses

La historia tuvo un punto de quiebre en abril de 2026. De acuerdo con la información difundida por la Gobernación, los jóvenes lograron escapar en medio de una operación contra estas estructuras. Sin embargo, la huida no significó un regreso inmediato a Colombia. Después del escape, el grupo permaneció durante varios meses en un refugio, mientras adelantaba trámites y esperaba apoyo institucional para concretar la repatriación.

Ese periodo, de hecho, fue otro capítulo de incertidumbre. Algunos testimonios conocidos en agosto mostraban a los jóvenes todavía en Asia, esperando documentos, autorizaciones y recursos para poder salir. Es decir, primero padecieron el engaño y la explotación; luego enfrentaron una larga espera humanitaria antes de poder reencontrarse con sus familias. Solo este 20 de septiembre se concretó su retorno al Cesar.

La escena de la llegada resume buena parte del drama: maletas, abrazos, funcionarios y jóvenes que volvían tras varios meses fuera del país. Pero detrás de esa imagen había una secuencia mucho más compleja. Por eso, la noticia no se agota en el retorno de 17 personas, sino en la forma como una red internacional logró captar a muchachos de un municipio del Cesar con la promesa de una vida mejor.

Por qué Codazzi vuelve a aparecer como foco de captación

Uno de los elementos más delicados del caso es la reiteración de Agustín Codazzi como punto de origen de las víctimas. En julio, el secretario de Gobierno del Cesar, Eduardo Esquivel, había hablado de 26 cesarenses atrapados por ofertas laborales en el exterior, y explicó que 17 eran de Codazzi. Esa alerta ya mostraba que la situación era grave y que el municipio concentraba la mayor parte del grupo reportado.

Pero hay un antecedente aún más revelador. A finales de 2025, seis personas del Cesar también aparecieron en un caso similar en Camboya. Entre ellas había cinco mujeres de Codazzi y un hombre de San Diego. Ese precedente sugiere que el municipio no figura por casualidad en esta historia, sino como un territorio en el que la red encontró condiciones propicias para captar jóvenes interesados en migrar, mejorar sus ingresos o aprovechar una oportunidad laboral en el exterior.

La pregunta, entonces, ya no es solo cómo regresaron los 17, sino por qué Codazzi aparece una y otra vez en estas captaciones. Esa respuesta requiere una investigación propia que vaya más allá del boletín oficial. Habrá que revisar cómo circulan esas ofertas, quiénes sirven de enlace local, qué tan fuerte es el impacto del desempleo juvenil y cómo se aprovecha la expectativa de ganar en dólares para cerrar el engaño.

Un caso que supera el boletín institucional

La Gobernación del Cesar aseguró que en el departamento se han identificado más de 300 posibles víctimas de trata de personas. Aunque esa cifra todavía necesita mayor desglose, el dato confirma que el problema no es menor. Además, ayuda a ubicar este caso dentro de una problemática mucho más amplia, en la que las redes criminales combinan falsas vacantes, movilidad internacional y explotación.

Por eso, el caso de los 17 jóvenes de Codazzi en Camboya debe leerse como una advertencia regional. La cadena fue clara: contacto de conocidos, promesa de altos salarios, viaje cubierto, cambio de destino, confiscación de documentos, estafas forzadas, jornadas extremas, escape, refugio y retorno. Esa ruta del engaño muestra cómo una organización internacional encontró en el Cesar, y de manera reiterada en Codazzi, un grupo vulnerable frente a la oferta de dinero rápido y trabajo en el exterior.

En consecuencia, la noticia no solo cuenta el final feliz del regreso. También expone una modalidad de captación que ya dejó antecedentes en el departamento y que obliga a mirar con lupa cada promesa laboral que ofrezca sueldos extraordinarios, pasajes pagos y salidas inmediatas al extranjero. Ahí está, justamente, el verdadero alcance de esta historia.

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