En Valledupar, septiembre también tiene memoria. La Plaza Alfonso López, donde hace casi seis décadas comenzó a escribirse una de las historias culturales más importantes del Caribe colombiano, volverá a convertirse este mes en escenario para recordar a Consuelo Araújo Noguera, ‘La Cacica’. El próximo 29 de septiembre se cumplirán 25 años de su muerte, pero la ciudad decidió comenzar a evocarla mucho antes de que llegue esa fecha.
La conmemoración lleva un nombre que parece desafiar al tiempo: “La Cacica Vive”. Entre el 17 y el 29 de septiembre habrá encuentros culturales, música, memoria y espacios académicos alrededor de una mujer cuyo nombre terminó unido para siempre a Valledupar y al vallenato. La programación reúne al Ministerio de las Culturas, la Alcaldía de Valledupar, la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata y la Fundación Universitaria del Área Andina.
Pero para entender por qué, un cuarto de siglo después, Valledupar todavía se reúne alrededor de Consuelo, hay que regresar a una ciudad distinta: aquella donde el vallenato aún no tenía parques monumentales, grandes escenarios ni multitudes viajando desde otros países para escuchar un acordeón.
Antes de La Cacica estaba Consuelo
Consuelo Inés Araújo Noguera nació en Valledupar el 1 de agosto de 1940, hija de Santander Araújo Maestre y Blanca Noguera Cotes. Con los años se convirtió en periodista, escritora, gestora cultural y figura pública, pero fue alrededor del vallenato donde construyó buena parte de la obra que terminaría sobreviviéndola.
Su generación conoció una música que todavía pertenecía principalmente a patios, fincas, pueblos y parrandas. El acordeón viajaba de mano en mano mucho antes de tener grandes tarimas. Allí Consuelo entendió algo que después se convirtió casi en una obsesión: aquellas canciones no podían quedarse solamente en la memoria oral.
En marzo de 1967 dejó escrita una frase que el tiempo transformó en pronóstico: “El vallenato con el tiempo se impondría en el mundo”. Un año después, esa convicción comenzó a materializarse.
Te podría interesar: Consuelo Araujonoguera: 86 años del natalicio de ‘La Cacica’
En abril de 1968, junto a Alfonso López Michelsen, Rafael Escalona y otros impulsores de la cultura regional, participó en la creación del Festival de la Leyenda Vallenata. La Plaza Alfonso López recibió aquella primera competencia y Alejandro Durán terminó convertido en el primer Rey Vallenato.
No podían saber entonces hasta dónde llegaría aquello.
La plaza se llenaría. Los acordeoneros llegarían de lugares cada vez más distantes. Valledupar comenzaría a ser reconocida por una música que durante años había tenido que abrirse espacio desde la provincia. Y Consuelo terminaría siendo llamada ‘La Cacica’, un apodo que dejó de ser sobrenombre para convertirse prácticamente en título.
No solamente organizó un Festival: dejó escrito un mundo
La influencia de Consuelo Araújo Noguera no se limitó a organizar concursos o promover acordeoneros. También intentó explicar con palabras el universo cultural que estaba defendiendo.
En 1973 publicó ‘Vallenatología’, una investigación sobre los orígenes, características y evolución del vallenato. Años después, en 1988, publicó ‘Escalona, el hombre y el mito’, dedicado a la vida y obra de Rafael Escalona. En 1994 llegó ‘Lexicón del Valle de Upar’, una recopilación de expresiones, dichos, giros y palabras propias del habla regional.
Fue una manera distinta de proteger el patrimonio. No solo hacer que sonara el acordeón, sino dejar por escrito las palabras, personajes, relatos y costumbres que habían construido aquella música.
Durante 22 años escribió ‘La Carta Vallenata’ en El Espectador, desde donde abordó asuntos culturales, sociales y políticos de la región. También estuvo vinculada a la radio y posteriormente llegó a ocupar el Ministerio de Cultura durante el gobierno de Andrés Pastrana.
Su carácter público podía ser polémico y su manera de intervenir en los debates difícilmente pasaba inadvertida. Sin embargo, incluso sus contradictores tuvieron que convivir con una realidad: cuando se hablaba de la defensa y proyección del vallenato, Consuelo había logrado convertirse en una referencia inevitable.
Lee también: Festival Vallenato 2027 ya tiene fecha y estrenará Reina de Reinas
El parque que soñó y no alcanzó a ver terminado
A mediados de los años noventa, la Plaza Alfonso López comenzaba a quedarse pequeña para el Festival. Entonces apareció otro de los proyectos que llevó su sello: construir un escenario de mayores dimensiones para la celebración vallenata.
El 6 de enero de 2000 se puso la primera piedra del futuro Parque de la Leyenda Vallenata. Consuelo estuvo allí. Imaginaba un gran templo para el folclor, mientras defendía que la vieja plaza debía conservarse como el lugar histórico donde había nacido el Festival.
La primera etapa del complejo fue entregada en agosto de 2003 y el escenario abrió sus puertas para el Festival en abril de 2004. Ya entonces llevaba el nombre de Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’.
La paradoja permanece: uno de los lugares que mejor representa su visión sobre el futuro del vallenato comenzó a funcionar cuando ella ya no estaba.
El viaje a Patillal del que no regresó
El 24 de septiembre de 2001, Consuelo viajó a Patillal para participar en las celebraciones religiosas de la Virgen de Las Mercedes. De regreso a Valledupar, una caravana en la que se movilizaba encontró un falso retén en el sector de la Y de La Vega.
Hombres de las Farc interceptaron los vehículos y secuestraron a Consuelo junto con varias personas. Algunos retenidos fueron liberados mientras avanzaban los operativos de las autoridades en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta.
Cinco días después llegó la noticia que sacudió a Valledupar.
El 29 de septiembre de 2001, Consuelo Araújo Noguera fue asesinada durante su cautiverio en la Sierra Nevada de Santa Marta. Tenía 61 años. La muerte de una de las figuras públicas más reconocidas del Cesar ocurrió en uno de los periodos más duros del conflicto armado en la región.
Desde entonces, cada septiembre devuelve a Valledupar a aquella historia. Pero en 2026 la distancia adquiere otra dimensión: ha pasado un cuarto de siglo.
“La Cacica Vive”: así será el homenaje de 2026
La programación anunciada para los 25 años comenzará el jueves 17 de septiembre a las 4:00 de la tarde, con la apertura de La Casona, en la Plaza Alfonso López. El lugar donde nació el Festival será así uno de los puntos centrales de la conmemoración.
El viernes 25 de septiembre, también desde las 4:00 de la tarde, la misma plaza será escenario del concierto inmersivo ‘La Cacica Vive’. La propuesta buscará recorrer mediante música y elementos culturales la historia y el legado de Consuelo Araújo Noguera.
La fecha principal será el martes 29 de septiembre. A las 8:00 de la mañana se realizará una ofrenda floral en el Monumento a la Pilonera Mayor. Los organizadores han invitado a los asistentes a utilizar traje de pilonera y liqui liqui, dos símbolos estrechamente relacionados con la identidad cultural que Consuelo promovió.
Una hora después, a las 9:00 de la mañana, la Fundación Universitaria del Área Andina recibirá el conversatorio ‘Del juglar a la memoria: la cadena que salvaguarda el vallenato’, pensado como un diálogo sobre la transmisión del folclor y la responsabilidad de las nuevas generaciones frente a su conservación.
Es la agenda confirmada hasta ahora para una conmemoración que no pretende limitarse a recordar cómo murió La Cacica, sino volver sobre lo que alcanzó a construir.
Veinticinco años después, los acordeones no callaron
Hay una frase suya que adquiere un significado particular en este aniversario: “El mejor homenaje que puedo recibir cuando muera es que no callen los acordeones”.
Veinticinco años después, aquellos acordeones siguen sonando.
Suenan en la Plaza Alfonso López donde comenzó el Festival. Suenan en el parque que ella imaginó antes de morir. Suenan en los niños que aprenden los cuatro aires tradicionales y en los veteranos que todavía recuerdan las parrandas en las que el vallenato no necesitaba amplificación.
También suenan fuera del Cesar y fuera de Colombia, precisamente como aquella vallenata nacida en 1940 imaginó cuando todavía parecía exagerado pensar que una música de provincia terminaría recorriendo el mundo.
Por eso, este septiembre Valledupar no conmemorará únicamente los 25 años de una ausencia. También medirá la dimensión de una herencia.
Consuelo Araújo Noguera murió en 2001. La Cacica, en cambio, quedó repartida entre libros, canciones, plazas, columnas, festivales y acordeones.
Y esa quizá sea la explicación más sencilla del nombre escogido para recordarla en 2026: La Cacica Vive.


