SU FOTOGRAFÍA LA HUBIERA AHOGADO
El departamento del Cesar ha sido históricamente un laboratorio de tensiones políticas donde convergen el poder de estructuras políticas tradicionales, la herencia de la denominada «generación del medio siglo» y las fuerza emergentes que propenden por el cambio que buscan ganar espacios. Los resultados de varias mediciones de intención de voto realizadas en el territorio, entre ellas la de la Cámara de Comercio de Valledupar, para los comicios legislativos han puesto de manifiesto un fenómeno sociológico y político de particular interés que se suma a este escenario: una brecha estadística profunda entre la aceptación de la marca partidista y el respaldo para algunos de sus liderazgos individuales.

Esa aseveración la ratifican por lo menos cuatro encuestas realizadas y revisadas para esta nota periodística, que revelan un fenómenos aleccionador: generalmente, los candidatos sacan mejor puntaje en la intención de voto que sus partidos, excepto Alexandra Pineda, candidata elegida Representante a la Cámara por el Pacto Histórico, quien captura escasos porcentajes entre los electores, cuando se les pregunta por quién votarían para las elecciones y se les muestran las fotografias.
El caso de la encuesta de la Cámara de Comercio para las elecciones del pasado 8 de marzo es, apenas, un ejemplo de ello. Mientras que el logo del Pacto Histórico se mostraba como una de las opciones más robustas con un 16,77% de intención de voto, su principal referente y candidata a la Cámara de Representantes, Alexandra Pineda Ortiz, apenas lograba capturar un 2,81% de la simpatía del electorado cuando su imagen es sometida al escrutinio directo de los encuestados, lo que revela una disonancia de casi 14 puntos porcentuales.
El panorama no puede ser interpretado como un simple error de muestreo, dado que el diseño de la encuesta fue probabilístico y estratificado, garantizando representatividad en las zonas norte, centro y sur del departamento. Por el contrario, este comportamiento del elector cesarense revela una desconexión crítica entre el ideal ideológico que representa la coalición nacional y la percepción de integridad, eficacia y confianza que proyecta su representación local.
Para desentrañar las causas de este fenómeno, es imperativo analizar aspectos como la transferencia de carisma desde la figura presidencial hacia una marca abstracta, el impacto de la gestión de Alexandra Pineda en la Agencia Nacional de Tierras (ANT) y la influencia de las sombras judiciales y administrativas que nublan su imagen pública.
El peso del logo frente a la fragilidad del candidato
La política colombiana ha transitado hacia un modelo de «partidos de marca», donde el electorado identifica símbolos con proyectos de vida nacionales, a menudo personificados por líderes como los casos de Gustavo Petro y Álvaro Uribe Vélez.
En el Cesar, los porcentajes que se inclinan por el logo del Pacto Histórico reflejan una lealtad hacia el programa de gobierno nacional y una esperanza de transformación que trasciende las fronteras departamentales, pero increíblemente nociva para los intereses del territorio dado que el actual gobierno se aferró en desaparecer el carbón como fuente de ingresos y empleo.
Esta disyuntiva será objeto de análisis posterior, para afianzarnos en esta oportunidad en lo que ocurre respecto de la brecha entre el Pacto Histórico y Alexandra Pineda, frente a la intención de voto dado que cuando a los encuestados les muestran la fotografía de la que fuera candidata y hoy parlamentaria, se produce un cortocircuito que la hubiera derrotado si su partido no hubiese escogido la metodología de lista cerrada.
Si el partido, como lo muestra la encuesta de la Cámara de Comercio, refleja el voto cautivo revelado en más de un 16% y la candidata solo marca un poco más de 2% es concluyente el rechazo y el castigo, mientras que la gran brecha entre ambos, es el voto huérfano que no se identifica con ella.
Alexandra Pineda no sólo no suma a la marca, sino que su presencia individual parece actuar como un factor de disuasión para el electorado que, en teoría, simpatiza con su corriente política.
La gestión de tierras como activo y pasivo: El rol de Alexandra Pineda en la ANT
Uno de los pilares de la plataforma política de Alexandra Pineda ha sido su vinculación directa con la Agencia Nacional de Tierras (ANT), donde se ha desempeñado como asesora de la Dirección General. En un departamento como el Cesar, marcado por despojos históricos y una altísima concentración de la propiedad rural, la promesa de la reforma agraria es el motor principal del voto popular. Pineda ha liderado procesos visibles, como las ruedas de negocios en Bosconia, Curumaní y Aguachica, donde se postularon más de 15.000 hectáreas para la compra por parte del Estado.
Sin embargo, lo que para la candidata es un logro de gestión, para gran parte del electorado se ha convertido en una fuente de escepticismo. La meta de entregar 50.000 hectáreas en el Cesar para finales de año es percibida por muchos como una promesa incumplida.
La fotografía de Pineda, cargada de asociaciones con la burocracia de la ANT y las disputas legales en el CNE, actúa como un techo de cristal que le impide capturar la intención de cambio que han prometido. Además, mientras la Representante no logre explicar, satisfactoriamente, su historial judicial y no traduzca su gestión en la ANT en beneficios tangibles y seguros para la mayoría, la brecha entre el logo y el rostro seguirá siendo el principal obstáculo para la transformación política del departamento del Cesar.
Para el votante la gestión de la ANT es vista a menudo con desconfianza. El temor a la inestabilidad de la propiedad privada y la percepción de que la entrega de tierras se utiliza como una herramienta de clientelismo político han mermado la capacidad de Pineda para atraer el voto de opinión.
El descenso de Alexandra Pineda, que se notó en las encuestas de marzo sugiere que el conocimiento público de sus gestiones recientes y los escándalos que han rodeado a la coalición del Pacto Histórico a nivel nacional (incluyendo menciones en informes de la Procuraduría sobre participación indebida en política) han erosionado su base de apoyo. Al ver el rostro en el tarjetón o en la encuesta, el votante activa un filtro de desconfianza que el logo, por su naturaleza simbólica, logra eludir.
Sombras judiciales y el impacto de la integridad pública
La investigación solicitada pone un énfasis particular en el conocimiento público de investigaciones judiciales, fiscales o administrativas. En un contexto donde el electorado de los territorios está saturado de noticias relacionadas con mal manejo de recursos públicos, la asociación de un candidato con procesos ante organismos de control, incluso si se trata de recursos de defensa legítimos, genera un efecto de «voto preventivo» en contra.
Alexandra Pineda, al concentrar su visibilidad en la entrega de tierras y el activismo social, es percibida como una candidata de nicho, incapaz de abordar los problemas sistémicos de las zonas urbanas como Valledupar o Aguachica, para mencionar solo dos ciudades, en donde la delincuencia común y el desempleo son las prioridades absolutas.
Pineda, al ser la representante del oficialismo nacional en la región, carga con el peso de la insatisfacción de ese sector que no ve mejoras tangibles en su calidad de vida diaria, a pesar de los anuncios de la Agencia Nacional de Tierras y que ver mermar las posibilidades de ingresos por la decisión de Gustavo Petro de extinguir el carbón de la matriz energetica.

El factor de la lista cerrada y la pérdida de identidad individual
Un elemento técnico fundamental que explica la brecha es la naturaleza de la lista cerrada bajo la cual el Pacto Histórico ha operado en varios comicios. En este sistema, el elector marca el logo y no el rostro. Esto ha generado una «atrofia del liderazgo individual»: la marca crece mientras el candidato se debilita porque no necesita hacer campaña por su nombre, sino por el proyecto colectivo.
Alexandra Pineda ha sido una de las beneficiarias de este modelo en el pasado, pero cuando se enfrenta a una encuesta de intención de voto uninominal donde su rostro es comparado con el de otros líderes que sí han construido una marca personal fuerte (como los exalcaldes o congresistas de larga data), su debilidad sale a la luz.
El impacto de las investigaciones fiscales y la percepción ética
Aunque no se ha dictado una sentencia en contra de la candidata hoy Representante a la Cámara que le impida ejercer cargos públicos, pero la mera existencia de «ruido» en torno a su gestión administrativa tiene un peso específico. Los informes de la Procuraduría que mencionan presuntas indebidas participaciones en política de funcionarios afines al Pacto Histórico en otras regiones crean un clima de desconfianza generalizada hacia los líderes de la coalición. En el Cesar, esto se traduce en una pregunta constante del elector: «¿Es ella diferente a los políticos de siempre?».