El mal estado de las vías rurales volvió a sacar a los campesinos del Cesar de sus territorios para llevar su inconformidad hasta la Gobernación. Esta vez fueron comunidades de San Diego y zonas aledañas las que llegaron a Valledupar para exigir una intervención urgente en corredores veredales que consideran vitales para la producción agrícola, el transporte y la vida cotidiana, en medio de un panorama que, aseguran, se agrava con la cercanía de la temporada de lluvias.
La protesta se desarrolló en la plazoleta de la Gobernación del Cesar, donde los campesinos denunciaron que varios compromisos asumidos por la Alcaldía de San Diego y por la administración departamental tras una manifestación realizada el pasado 3 de marzo en Nuevas Flores no se han cumplido como se prometió. Según los voceros de la comunidad, lo pactado quedó solo en el papel y no se ha traducido en soluciones efectivas para las veredas afectadas.
Desde sectores como Caño La Vela, Alto Cuna, Arroyo San José, Santo Tomás, La Cabaña, Sabana Rubia, Rollo Lagua y La Candelaria, los habitantes advierten que el deterioro de las carreteras ya está afectando directamente su economía. La dificultad para sacar productos del campo, movilizarse y sostener las actividades agrícolas ha elevado el malestar en una población que depende de estas vías para mantener el abastecimiento y la producción.
Aunque los manifestantes reconocen que hay presencia de maquinaria en algunos puntos, denuncian que la intervención ha sido mínima, insuficiente y, en algunos casos, desviada hacia otros usos que no responden a las necesidades más urgentes de la comunidad. Según expresaron, parte del problema radica en que algunos particulares estarían utilizando la maquinaria para atender intereses específicos en fincas y jagueyes, mientras las obras prioritarias siguen sin ejecutarse a fondo.
Los campesinos aseguran que hasta ahora solo se han intervenido dos kilómetros y que el trabajo realizado no representa una solución seria ni de calidad. En su criterio, las acciones adelantadas no responden al nivel de deterioro que presentan las carreteras rurales ni a la magnitud de las afectaciones que enfrentan las comunidades.

Entre las solicitudes más urgentes aparecen corredores considerados estratégicos para la movilidad campesina, como La Y de Río El Agua, La Bodega, Santo Tomás, Nuevo Horizonte, La Cabaña, Sabana Rubia y los tramos hacia Arroyo San José, Hondo del Río, Alto Cuna y Caño La Vela. Para los habitantes de estas zonas, la intervención de esos puntos no puede seguir esperando.
Además de pedir obras, la comunidad reclama mayor claridad sobre cómo se están ejecutando los trabajos, vigilancia sobre el uso de la maquinaria y una presencia más visible de las autoridades departamentales y municipales. Los campesinos sostienen que, hasta ahora, la respuesta oficial ha sido escasa y poco contundente frente a una necesidad que consideran urgente.
El malestar también se extiende a otras áreas, como la salud y el seguimiento a compromisos previamente anunciados, que, según los manifestantes, tampoco han tenido avances concretos. En ese contexto, la protesta no solo expresa una queja por infraestructura, sino una sensación más amplia de abandono institucional.
Para quienes viven de trabajar la tierra, la situación resulta especialmente indignante. Sostienen que son ellos quienes aportan buena parte del alimento que llega a los pueblos y ciudades, pero siguen enfrentando condiciones precarias para producir, movilizarse y sostener sus economías familiares.