La cultura vallenata volvió la mirada este martes hacia dos figuras que, desde escenarios distintos, ayudaron a preservar y proyectar una de las expresiones musicales más representativas del Caribe colombiano. Consuelo Araújo Noguera, recordada al cumplirse 25 años de su muerte, y Náfer Durán Díaz, fallecido este 29 de septiembre a los 93 años, fueron protagonistas de una jornada de memoria alrededor del legado que ambos dejaron en el folclor regional.
La reflexión se desarrolló durante el espacio Al Ruedo de Radio Guatapurí, donde diferentes voces de la región recordaron episodios relacionados con la vida de la ‘Cacica’ y resaltaron la trayectoria musical del rey vallenato de 1976. Aunque sus aportes fueron diferentes, los testimonios coincidieron en que ambos contribuyeron a mantener viva la tradición vallenata y a transmitirla a nuevas generaciones.
Consuelo Araújo fue evocada como promotora permanente de la cultura regional y como una figura que buscó abrir espacios para niños y jóvenes vinculados con la música vallenata. Juancho Corzo recordó, por ejemplo, una ocasión en la que presentó ante la ‘Cacica’ a jóvenes talentos de Patillal y ella manifestó su disposición de ayudar a uno de ellos a conseguir un acordeón para participar en el Festival de la Leyenda Vallenata.
Consuelo Araújo, la defensa de una identidad
Durante el espacio, Lesmi Centeno destacó que hablar de Consuelo Araújo Noguera es hacerlo sobre la defensa de la autenticidad cultural y el sentido de pertenencia alrededor del vallenato. Adolfo Alfaro, por su parte, resaltó su trabajo para llevar esta expresión musical a nuevos públicos y acercarla a las generaciones más jóvenes.
Las actividades conmemorativas por los 25 años de su muerte también incluyeron el conversatorio “Del juglar a la memoria: la cadena que salvaguarda el vallenato”, realizado en la Fundación Universitaria del Área Andina. La jornada buscó reflexionar sobre los mecanismos mediante los cuales la tradición vallenata ha pasado de los antiguos juglares a las nuevas formas de circulación y preservación cultural.
Durante la apertura de ese encuentro se recordó además la manera en que Araújo defendió públicamente el vallenato desde décadas tempranas, cuando todavía enfrentaba cuestionamientos de sectores culturales nacionales. Su figura quedó asociada no solo al Festival de la Leyenda Vallenata, sino a una defensa constante de la identidad cultural del antiguo Magdalena Grande.
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Náfer Durán, un legado construido desde la música
La memoria de Náfer Durán entró inevitablemente en la conversación después de confirmarse su muerte durante la madrugada del martes en Valledupar. El acordeonero, compositor y Rey Vallenato de 1976 murió a los 93 años en una clínica de alta complejidad, después de enfrentar problemas cardiovasculares durante sus últimos tiempos. Su hijo Luis Durán Escorcia confirmó el fallecimiento y señaló que el músico había sido hospitalizado nuevamente durante las horas previas.
Rafael Aarón destacó durante el espacio radial que el mayor legado de Náfer Durán está precisamente en su música. Su trayectoria estuvo ligada durante décadas al acordeón, la composición y la interpretación tradicional, convirtiéndose en uno de los representantes de una generación de juglares que ayudó a establecer las bases del vallenato que posteriormente alcanzó difusión nacional e internacional.
Durán hizo parte además de una de las familias musicales más reconocidas de la región y compartió escenario con figuras que posteriormente ocuparían un lugar central en la historia del género. Su coronación como Rey Vallenato en 1976 quedó como uno de los momentos más importantes de su trayectoria.
Las intervenciones de los participantes coincidieron en una idea: aunque Consuelo Araújo y Náfer Durán aportaron desde espacios diferentes, ambos dejaron huellas que siguen presentes en el vallenato. Una desde la promoción cultural, la organización y la defensa pública de la tradición; el otro desde el acordeón, la composición y una vida dedicada a la música.

