La historia de una adolescente que despertó dentro de un ataúd en Guatemala, y que recordó las cinco noches de velorio del juglar Abel Antonio Villa, dio un giro judicial. La Fiscalía investiga las circunstancias del episodio y las autoridades ordenaron exámenes médicos para determinar qué ocurrió realmente.
En 1943, Abel Antonio Villa regresó de una parranda y encontró que su familia llevaba cinco noches llorándolo como muerto. No hubo cadáver ni certificado de defunción. Solo una noticia equivocada que terminó convertida en uno de los vallenatos más famosos de nuestra tierra. Ochenta y tres años después, una historia semejante en su desenlace, aunque muy distinta en sus circunstancias, ocurrió en Guatemala. Una adolescente despertó dentro del ataúd en el que sus familiares la velaban, convencidos de que había fallecido.
Pero esta vez el episodio no terminó con una canción. La Fiscalía de Guatemala abrió una investigación de oficio para esclarecer lo sucedido con Yuleidy Ixcotoyac, la adolescente que recuperó la conciencia durante su velorio en la aldea El Jocote, municipio de Sacapulas, departamento de Quiché. Su padre, el pastor evangélico Abraham Ixcotoyac, reconoció públicamente que había dado por muerta a su hija sin que un médico certificara su fallecimiento. El caso, que inicialmente provocó expresiones de asombro y fue interpretado por algunos asistentes como un milagro, ahora plantea interrogantes sobre la atención médica que recibió la muchacha y las decisiones tomadas antes de organizar su despedida.
El velorio que ahora investiga la Fiscalía de Guatemala
El Ministerio Público informó que la Fiscalía de Sacapulas, en coordinación con la Fiscalía Regional, inició una investigación de oficio para conocer las circunstancias del caso. Las autoridades buscan establecer qué ocurrió desde que la adolescente comenzó a sentirse mal hasta el momento en que despertó durante su propio velorio. Según el relato del padre, Yuleidy presentó un fuerte malestar durante la madrugada del sábado 10 de octubre. Abraham Ixcotoyac decidió trasladarla en automóvil hacia un centro asistencial. Sin embargo, durante el recorrido observó que había perdido el conocimiento.
Al intentar comprobar sus signos vitales, creyó que no respiraba ni tenía pulso. En lugar de continuar hasta el hospital para recibir una valoración médica, regresó con ella. Posteriormente consiguió un ataúd y solicitó los servicios de una funeraria para trasladarla a su vivienda. Allí comenzó el velorio. Familiares, vecinos y miembros de la congregación religiosa se reunieron para despedir a la adolescente. Horas después, cuando varias personas permanecían alrededor del féretro, la joven comenzó a moverse. Los asistentes la auxiliaron mientras recuperaba la conciencia.
Los videos de aquel momento se difundieron rápidamente por las redes sociales. Pero la pregunta que ahora intentan resolver las autoridades es mucho más importante que las imágenes: ¿por qué se organizó un velorio sin confirmar médicamente que la adolescente había fallecido?
El pastor reconoció que no tenía certificado de defunción
Uno de los aspectos centrales de la investigación es la ausencia de una certificación médica. El propio Abraham Ixcotoyac afirmó durante una entrevista con TV Sac que su hija no había ingresado a un hospital antes del velorio. También reconoció que no contaba con un acta de defunción. La situación llamó la atención de las autoridades guatemaltecas porque la adolescente había sufrido una emergencia de salud sin que se estableciera profesionalmente su condición.
La investigación deberá determinar si existieron irregularidades y si alguna conducta puede constituir una infracción legal. No obstante, hasta ahora no se ha demostrado que el pastor hubiera fingido deliberadamente la muerte o la recuperación de su hija. Tampoco se conoce una acusación penal formal que permita afirmar que enfrentará una pena específica de prisión. La apertura de una investigación no equivale a una declaración de culpabilidad.
Ordenan exámenes médicos para esclarecer el caso
La Procuraduría General de la Nación (PGN) también intervino, esta vez desde su responsabilidad de proteger los derechos de la adolescente. Lucrecia Prera, subprocuradora de la Niñez y la Adolescencia, explicó que era indispensable realizar estudios médicos para determinar el verdadero estado de salud de Yuleidy. La funcionaria señaló que no existe una prueba científica que confirme que hubiera fallecido antes de recuperar la conciencia.
Según información divulgada por medios guatemaltecos, la adolescente fue remitida al Hospital Nacional de Huehuetenango para someterse a evaluaciones médicas. Estos exámenes buscan establecer qué provocó su pérdida de conocimiento y qué atención necesita. La joven había relatado que, antes del episodio, sintió un fuerte dolor en el pecho y una sensación de pesadez en el corazón. Los médicos deberán estudiar si existió alguna alteración cardiovascular, neurológica u otra condición que explicara lo ocurrido. Sin resultados clínicos conocidos públicamente, ninguna hipótesis puede presentarse como diagnóstico.
¿Fue una resurrección?
Aunque el episodio fue descrito inicialmente como una resurrección, la información disponible no demuestra que la adolescente hubiera estado clínicamente muerta. Una pérdida de conciencia puede dificultar que una persona sin formación sanitaria identifique correctamente la respiración y el pulso. Algunas alteraciones del ritmo cardíaco también pueden provocar desmayos y síntomas graves.
Sin embargo, estas posibilidades necesitan una valoración médica. Tampoco se ha demostrado que Yuleidy experimentara el denominado fenómeno de Lázaro, que consiste en el retorno espontáneo de la circulación después de suspender maniobras de reanimación cardiopulmonar. No hay constancia pública de que hubiera sufrido un paro cardíaco confirmado ni de que recibiera esas maniobras. Por eso, los resultados médicos serán fundamentales para esclarecer el episodio.
Abel Antonio Villa: cinco noches de velorio sin una muerte
La investigación guatemalteca devuelve nuestra mirada a una de las historias más entrañables del folclor vallenato. En 1943, el joven acordeonero Abel Antonio Villa se encontraba recorriendo pueblos del antiguo Magdalena Grande cuando sus familiares recibieron una noticia equivocada sobre su muerte. La confusión habría surgido por el fallecimiento de otra persona con un nombre semejante. Sin tener un cadáver, su familia organizó un velorio de cuerpo ausente.
Encendieron velas, rezaron y recibieron a vecinos que acudieron a acompañarlos. Pasaron cinco noches antes de que el músico reapareciera. Abel Antonio estaba vivo. Había continuado sus correrías musicales sin imaginar que sus familiares lo lloraban. El acontecimiento inspiró su composición «La muerte de Abel Antonio», también conocida como «Cinco noches de velorio». El juglar terminó convirtiendo aquella equivocación en una crónica cantada que todavía forma parte del repertorio tradicional vallenato. Además, adoptó la costumbre de vestir de blanco como recuerdo de ese episodio. Su música preservó una historia que, más de ocho décadas después, encuentra un eco inesperado en Guatemala.
Dos velorios, pero una diferencia que ahora investiga la justicia
El contraste entre ambas historias resulta revelador. Abel Antonio Villa nunca perdió el conocimiento. Su familia simplemente recibió una noticia equivocada y creyó que había muerto. En Guatemala, en cambio, Yuleidy sufrió un episodio de salud que llevó a su padre a interpretar que había fallecido. Los familiares del acordeonero esperaban un cadáver que nunca llegó. La familia de la adolescente tenía un ataúd ocupado por una persona que seguía con vida.
En el primer caso, la confusión quedó inmortalizada en una canción. En el segundo, las autoridades deben establecer si hubo fallas en la atención, omisiones o irregularidades que ameriten alguna responsabilidad. La diferencia no está en que una historia sea más extraordinaria que la otra, sino en las circunstancias que llevaron a declarar una muerte inexistente o, al menos, no comprobada. Noticias del Cesar contó inicialmente este episodio en la crónica «De Abel Antonio a Guatemala: dos velorios para personas que estaban vivas», donde relacionamos el acontecimiento internacional con la memoria musical del Magdalena Grande y las explicaciones científicas sobre las aparentes muertes.
Ahora la investigación judicial abre una nueva etapa. En 1943, Abel Antonio regresó para demostrar que los muertos de su familia seguían de parranda. En 2026, Yuleidy despertó para demostrar que sus familiares se habían equivocado al darla por fallecida. El juglar dejó un vallenato para la posteridad. En Guatemala, antes de hablar de milagros o de culpables, todavía falta conocer la verdad médica y judicial de aquel velorio.

