La desaparición forzada en Cesar vuelve a evidenciar sus profundas huellas. Después de más de dos décadas de incertidumbre, dos familias recibieron los restos de sus seres queridos en actos de entrega digna realizados en Valledupar.
Las jornadas se llevaron a cabo entre el 21 y 22 de abril, bajo el liderazgo de la Fiscalía General de la Nación y las salas de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Barranquilla, en un proceso que combina justicia, memoria y reparación.

Víctimas identificadas tras años de búsqueda
Las víctimas fueron identificadas como Gloria Patricia Grajales Vanegas y Edwin Rafael Sarmiento Molina, cuyos casos permanecieron durante años marcados por el dolor y la espera.
Gloria Patricia Grajales desapareció el 27 de abril de 2002 en Bosconia, luego de ser sacada de un establecimiento público. Su familia, tras años de incertidumbre, pudo finalmente recibir sus restos y darle sepultura.
Por su parte, Edwin Rafael Sarmiento Molina tenía 18 años cuando desapareció el 11 de mayo de 2004, luego de salir de su casa en Valledupar hacia el Batallón La Popa. Sus restos fueron hallados en 2009 en zona rural de La Jagua de Ibirico, pero solo hasta ahora fueron entregados a sus familiares.
Responsabilidad en el conflicto armado
Ambos casos fueron atribuidos a estructuras del Frente Juan Andrés Álvarez del Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Los hechos han sido reconocidos por exjefes paramilitares dentro del proceso de Justicia y Paz.
Entrega digna y acompañamiento institucional
Las ceremonias se realizaron en el auditorio del Archivo Departamental, en un espacio privado y simbólico, donde las familias recibieron acompañamiento psicosocial, institucional y forense.
Las autoridades señalaron que estas entregas representan no solo un avance judicial, sino también un acto de dignificación para las víctimas y sus familias.
Memoria, verdad y reparación
Los familiares reiteraron el llamado a que continúe la búsqueda de verdad y justicia, y a que los responsables respondan plenamente por estos crímenes.
En el Cesar, cada caso de desaparición forzada recuerda que esta práctica sigue siendo una de las heridas más profundas del conflicto armado. Aunque estas entregas no borran la ausencia, permiten iniciar un duelo que estuvo suspendido durante más de 20 años.

