Eberto Manotas: “El cine me salvó y me enseñó a contar mi propia historia”

El director de cine, teatro y televisión Eberto Manotas habló sobre su pasión por el séptimo arte, los años de esfuerzo antes de ganar en SmartFilms y la importancia de abrirle camino a nuevos talentos de Valledupar.

Para Eberto Manotas, el cine no comenzó frente a una cámara profesional ni en una sala de producción. Comenzó durante su infancia, en casa, frente a un televisor y con las historias que su madre le ponía para entretenerlo. Entre novelas, películas de Cantinflas, fichas de parqués convertidas en personajes y escenarios improvisados con plastilina y objetos del hogar, fue construyendo sin saberlo una relación con el séptimo arte que años después se convertiría en su profesión y, según cuenta, también en una forma de sanar.

“El Séptimo Arte a mí me apasiona desde niño”, recuerda Manotas al hablar de los primeros momentos en los que comenzó a imaginar historias. Su juego infantil no consistía únicamente en las actividades tradicionales de los niños de su barrio. Mientras otros jugaban fútbol o al escondido, él proponía representar novelas y construir personajes.

Las fichas de parqués se convertían en protagonistas y villanos, mientras la plastilina servía para fabricar carros y casas. Incluso los labiales de las madres del barrio podían transformarse en sangre y los manteles, en vestidos de novia. Con sus amigos comenzó a representar historias y a grabar algunas de esas escenas, mientras los adultos observaban con preocupación lo que consideraban una imaginación fuera de lo común.

“Mi mamá me encontraba en el espejo haciendo mofas, haciendo baile y decía: este pelado, ¿qué es lo que le pasa?”, recuerda entre risas.

Eberto Manotas recibe reconocimiento en SmartFilms
Eberto Manotas celebra junto a otros participantes su reconocimiento en los premios SmartFilms.

De los juegos de infancia a estudiar actuación

Con el paso de los años, aquella afición dejó de ser solamente un juego. Manotas decidió estudiar actuación, aunque hacerlo implicó buscar alternativas para poder pagar su formación. En la academia donde estudiaba, repartía volantes y realizaba labores de aseo para conseguir los recursos que le permitieran continuar preparándose.

Fue durante uno de esos momentos de búsqueda cuando llegó a Cartagena junto con algunos amigos. Allí tuvo un encuentro que, según recuerda, marcó profundamente su camino: conoció a Fernando Gaitán, reconocido creador de Yo soy Betty, la fea.

Las palabras que recibió de Gaitán durante aquel encuentro fueron determinantes para Manotas. La experiencia reforzó una convicción que ya venía construyendo desde niño: quería dedicar su vida a contar historias.

Posteriormente viajó a Bogotá junto con algunos amigos para continuar explorando oportunidades en el mundo audiovisual. La etapa estuvo marcada por las dificultades económicas y la necesidad de compartir espacios reducidos. Vivían en un pequeño cuarto con una sola cama, mientras intentaban abrirse camino en una industria que exige preparación, perseverancia y múltiples sacrificios.

El nacimiento de sus propias producciones

Con el tiempo, Manotas comenzó a desarrollar sus propios proyectos y creó la Fundación Manotas Talentos, desde donde empezó a impulsar producciones audiovisuales y a trabajar con otras personas interesadas en el arte.

Una de sus primeras series fue El barrio al bololo. Al verla actualmente, reconoce que tenía muchas cosas por mejorar, pero también la recuerda con afecto porque representó el momento en que decidió arriesgarse a producir sus propias historias.

“Yo la veo ahora y digo: bueno, qué desastre, eso era un desorden. Pero también a la vez lo veo muy bonito porque me arriesgué de la nada”, señala.

Para el director, ese primer proyecto representa una parte importante de su evolución. A partir de allí comenzó a estudiar más, experimentar, equivocarse y mejorar sus procesos de producción.

El camino no estuvo exento de momentos personales difíciles. Manotas cuenta que atravesó una etapa de depresión profunda que llegó a poner en riesgo su propia vida. En medio de esa crisis encontró en el cine una manera de expresar aquello que llevaba dentro.

“Yo siempre digo que el cine me salvó”, afirma.

La pantalla se convirtió entonces en un espacio para hablar de aquello que no siempre podía expresar de otra manera. Sus experiencias, preguntas, pérdidas y emociones comenzaron a transformarse en historias.

“Buscando a Papá”, una historia nacida del duelo

Una de esas experiencias personales terminó convirtiéndose en una producción especialmente significativa para el director: Buscando a Papá.

Manotas explica que durante 13 años estuvo buscando a su padre. Cuando finalmente logró encontrarlo, descubrió que había fallecido seis meses antes.

La imposibilidad de tener ese encuentro que había esperado durante años terminó convirtiéndose en una historia cinematográfica. En el cortometraje encontró una forma de expresar todo aquello que había hecho durante ese proceso de búsqueda y todo lo que significaba para él la relación con su padre.

“Para mí es como un alivio en el alma. Como que conté en ese corto, hablé, demostré todo lo que yo hice por mi papá”, explica.

Esa experiencia resume buena parte de su manera de entender el cine: no solamente como entretenimiento, sino como una herramienta para expresar sentimientos, preservar historias, conectar personas y convertir experiencias personales en relatos que puedan ser compartidos con otros.

Valledupar y el talento que Manotas quiere impulsar

Su participación en SmartFilms también tiene, según explica, una motivación que va más allá de sus propios reconocimientos. Manotas insiste en que Valledupar tiene talento suficiente para producir historias y formar nuevos realizadores.

Por eso, cada vez que la organización realiza actividades relacionadas con formación audiovisual y grabación con teléfonos celulares, busca que Valledupar sea incluida dentro de esas rutas. Incluso ha ayudado en convocatorias y ha acompañado procesos de personas interesadas en realizar sus propios cortometrajes.

Uno de los casos que más recuerda es el de Santi, protagonista de Buscando a Papá. Manotas lo conoció después de que su asistente de producción le mostrara un video del niño. Algo en su presencia llamó inmediatamente su atención y decidió incorporarlo al proyecto.

El niño tenía además el sueño de tocar el acordeón. La producción permitió que pudiera hacerlo frente a las cámaras y convertirse en protagonista de la historia. El resultado fue especialmente significativo: Santi obtuvo el reconocimiento a Mejor Actuación Infantil.

Para Manotas, ver la reacción del público ante el pequeño actor fue una de las experiencias más gratificantes del proceso.

“Llegábamos con el niño y 20 o 30 personas comenzaban a gritar: ‘¡Wow, eres mi actor favorito!”, recuerda.

Un festival donde los sueños también estuvieron frente a la cámara

El director también destaca las historias de otras personas que participaron en estas producciones. Entre ellas, mujeres de 60 y 70 años que alguna vez tuvieron el sueño de convertirse en actrices y encontraron en los cortometrajes una oportunidad para subir a un escenario, ponerse un vestuario y experimentar aquello que habían imaginado durante años.

Para Manotas, esa posibilidad tiene un valor especial porque demuestra que el cine puede convertirse en una herramienta para abrir espacios a personas que quizá nunca habían tenido acceso a una producción audiovisual.

Incluso una mascota terminó convirtiéndose en protagonista de una de las historias. La experiencia fue tan llamativa que sus propietarios viajaron desde Barranquilla hasta Bogotá para verla actuar.

“Todo el mundo cumplió el sueño en esa producción, hasta el que hacía sonido, hasta el que grababa”, cuenta.

Once años esperando un reconocimiento

Detrás de su participación en SmartFilms también hay una historia de perseverancia. Manotas asegura que tardó 11 años intentando obtener un reconocimiento en el festival.

Durante ese tiempo, lejos de abandonar, buscó entender qué estaba fallando, estudiar más y continuar produciendo.

Su experiencia lo llevó a cambiar una pregunta que considera fundamental. En lugar de quedarse únicamente en el “¿por qué?”, propone preguntarse “¿para qué?”.

Para quienes quieren entrar al mundo audiovisual, su recomendación es sencilla: empezar. No esperar a tener todas las condiciones ideales ni paralizarse por miedo a equivocarse.

“La idea no es intentarlo, la idea es hacerlo”, afirma.

Su mensaje no se limita al cine. También lo extiende a quienes tienen sueños relacionados con la pintura, la artesanía, la costura o cualquier otra expresión artística. Para él, el primer proyecto puede salir mal, la segunda producción puede necesitar correcciones y seguramente habrá personas que dirán que no, pero cada intento puede convertirse en una oportunidad para aprender.

Después de años de formación, dificultades, pérdidas y proyectos, Manotas continúa viendo el cine como el lugar donde puede expresarse y conectar con otras personas. Su historia comenzó con unas fichas de parqués convertidas en personajes y juegos de barrio transformados en novelas improvisadas. Hoy esas mismas ganas de contar historias lo han llevado a dirigir producciones, formar talentos y recibir reconocimientos.

Y mientras continúa construyendo nuevas historias, mantiene una frase que resume su manera de entender el camino recorrido: “Lo único imposible es aquello que no intentes”.

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