¡Un verdadero descaro institucional ha quedado al descubierto! Luego de varios intentos fallidos, la Fiscalía General de la Nación logró sentar en el banquillo de los acusados a Juliana Guerrero, exasesora del Ministerio del Interior, por el vergonzoso escándalo de la falsificación de sus títulos universitarios. Las pruebas presentadas por el ente acusador revelan un presunto plan milimétrico para burlar al Estado y escalar a las más altas esferas del poder con una hoja de vida basada en mentiras.
Quería coronar un viceministerio a punta de engaños
Durante la contundente audiencia de imputación de cargos, la fiscal del caso no se guardó nada. Aseguró categóricamente que Guerrero tenía pleno conocimiento de que sus diplomas como contadora pública y tecnóloga en gestión contable eran totalmente fraudulentos. Sin embargo, a sabiendas de su ilicitud, la exfuncionaria tuvo la osadía de cargar esos documentos falsos en el sistema oficial del Gobierno Nacional bajo la gravedad de juramento.
¿El objetivo de semejante engaño? Nada más y nada menos que cumplir con los requisitos de papel para ser nombrada como la nueva viceministra de las juventudes en el recién creado Ministerio de la Igualdad. La Fiscalía fue tajante al afirmar que Guerrero aportó estos soportes espurios con el propósito directo de inducir al error a los funcionarios de talento humano de dicha cartera.
«Nunca fue a clase»
Pero el escándalo toma tintes aún más indignantes. Las investigaciones judiciales arrojaron que la exasesora ni siquiera presentó los exámenes de Estado ni asistió a las clases requeridas para obtener dichos cartones. A pesar de esto, la Fundación Universitaria San José le expidió los títulos.
Por esta razón, la guillotina judicial también cayó sobre Luis Carlos Gutiérrez, exsecretario general de dicha institución educativa, a quien le imputaron cargos por firmar las resoluciones y hacer constar falsamente que la mujer había cumplido con todos los méritos académicos.
Con la imputación formal por delitos como fraude procesal, el cerco se cierra sobre Juliana Guerrero, dejando en evidencia cómo las ambiciones políticas y la trampa intentaron colarse por la puerta grande de los ministerios del país. ¡La justicia ahora tiene la última palabra!