El Niño golpea al campo: 2.376 reses muertas en el Cesar

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El fenómeno de El Niño ya está dejando pérdidas concretas en el campo del Cesar. La reducción de las lluvias, las altas temperaturas y la menor disponibilidad de agua y pastos comienzan a reflejarse especialmente en la ganadería: entre el 1 de junio y el 1 de agosto de 2026, 2.376 animales murieron en el departamento, según el balance de la Federación Colombiana de Ganaderos, Fedegán. La cifra convierte al Cesar en el territorio del Caribe con mayor mortalidad de ganado durante el periodo analizado.

El impacto va mucho más allá de los animales perdidos. En el Cesar también se contabilizan 19.730 bovinos desplazados y 167.040 hectáreas afectadas, lo que muestra cómo los productores están teniendo que mover sus hatos hacia predios donde todavía encuentran agua y alimento. El panorama coincide con las advertencias que Corpocesar había realizado a agricultores y ganaderos sobre la necesidad de anticiparse a un escenario de menor disponibilidad hídrica.

Cesar concentra el mayor número de animales muertos

El balance regional permite dimensionar la gravedad de la situación. En los seis departamentos del Caribe incluidos en el reporte de Fedegán murieron 8.508 animales, mientras 127.648 tuvieron que ser desplazados y 975.844 hectáreas resultaron afectadas. De esta manera, el Caribe concentra alrededor del 86 % de las 9.865 muertes de ganado reportadas en todo el país.

Dentro de la región, Cesar ocupa el primer lugar con 2.376 animales muertos, seguido por La Guajira con 2.206, Sucre con 1.638, Magdalena con 1.359, Bolívar con 534 y Atlántico con 395. Solo Cesar y La Guajira acumulan 4.582 muertes, más de la mitad de toda la mortalidad registrada en el Caribe durante el periodo.

Fedegán reporta 2.376 animales muertos en el Cesar por efectos asociados a El Niño
Fedegán reportó 2.376 animales muertos, 19.730 desplazados y 167.040 hectáreas afectadas en el Cesar.

Las cifras adquieren todavía mayor relevancia para el Cesar debido al peso que tienen la ganadería y la agricultura en su economía rural. La escasez de agua no solamente compromete la supervivencia del ganado, sino que reduce la producción de pastos, incrementa los costos de alimentación y obliga a movilizar animales para evitar nuevas pérdidas.

La falta de agua comienza a presionar al campo

Semanas antes de conocerse este balance, Corpocesar había advertido a los productores que no debían esperar a que la sequía estuviera completamente establecida para adoptar medidas. La autoridad ambiental recomendó revisar calendarios de siembra, disponibilidad de agua para riego, almacenamiento para animales y nuevas inversiones que dependan de las precipitaciones.

La situación resulta especialmente delicada en explotaciones ganaderas que dependen de fuentes superficiales y de pasturas naturales. Cuando disminuyen las lluvias, los potreros pierden rápidamente humedad y disponibilidad de alimento. Al mismo tiempo, las altas temperaturas incrementan las necesidades de agua de los animales y pueden aumentar el estrés térmico.

Fedegán recomienda precisamente almacenar agua, conservar forrajes y manejar estratégicamente las pasturas como parte de las medidas para enfrentar la temporada. El desplazamiento de casi 20.000 animales registrado en el Cesar evidencia que algunos productores ya han tenido que buscar alternativas ante el deterioro de las condiciones de sus predios.

Agricultura también enfrenta el riesgo de la sequía

Aunque las primeras cifras consolidadas permiten medir con mayor precisión el impacto sobre la ganadería, los agricultores también están expuestos a las consecuencias de El Niño. Menos precipitaciones pueden reducir la humedad de los suelos, aumentar las necesidades de riego y elevar los costos de producción, particularmente en cultivos que dependen de una disponibilidad constante de agua.

Agricultor trabaja en cultivos del Cesar ante los efectos del fenómeno de El Niño
Agricultores del Cesar enfrentan mayores riesgos por la reducción de lluvias, el calor y la menor disponibilidad de agua.

Para el Cesar, la preocupación se concentra en que la reducción de caudales termine generando una competencia cada vez mayor por el recurso hídrico entre consumo humano, agricultura y ganadería. Corpocesar ya había planteado la posibilidad de adoptar restricciones sobre determinadas captaciones si resulta necesario garantizar prioritariamente el abastecimiento de las comunidades.

Por eso, la actual emergencia ganadera funciona también como una señal de alerta para el resto del sector agropecuario: la sequía ya no es únicamente una proyección climática, pues sus efectos empiezan a observarse en animales muertos, hectáreas comprometidas y productores obligados a trasladar sus hatos.

Las pérdidas ganaderas llegan a $47.000 millones

A escala nacional, la dimensión económica también empieza a crecer. Fedegán calcula que entre el 1 de junio y el 1 de agosto 9.865 animales murieron, 333.228 bovinos y bufalinos fueron desplazados y 2.198.617 hectáreas resultaron afectadas en 15 departamentos.

Las pérdidas estimadas alcanzan los $47.000 millones. De ese monto, alrededor de $27.000 millones corresponden al valor de los animales muertos, $11.000 millones a producción de carne, leche y derivados que dejó de generarse y $9.000 millones a los costos ocasionados por el traslado de ganado. La estimación todavía no contempla lo que costará recuperar las hectáreas deterioradas.

El Cesar representa cerca del 24 % de todos los animales muertos reportados en Colombia durante ese periodo. Además, aproximadamente uno de cada cuatro animales fallecidos en el país estaba en este departamento, una proporción que evidencia la especial vulnerabilidad de la ganadería cesarense frente al actual episodio climático.

Gobierno prepara ayudas para enfrentar El Niño

Ante el avance de la sequía, el Ministerio de Agricultura puso en marcha un Plan de Choque Regional frente al fenómeno de El Niño, articulado con entidades como el Ideam, Finagro, Banco Agrario, ADR, ICA y el Ministerio de Ambiente. La estrategia contempla medidas relacionadas con agua, producción agropecuaria, financiamiento, asistencia técnica y prevención.

Entre los instrumentos anunciados está el Incentivo a la Capitalización Rural (ICR), que podrá reconocer hasta el 30 % de determinadas inversiones realizadas por pequeños, medianos y grandes productores, especialmente aquellas relacionadas con riego, drenaje y manejo del agua. También estarán disponibles Líneas Especiales de Crédito con subsidios financieros.

Una de las alternativas presentadas por el Ministerio consiste en un sistema integrado por pozo profundo, bomba sumergible, panel solar y mangueras, pensado para irrigar entre dos y cuatro hectáreas de pasto y facilitar la producción de heno durante los meses más secos. El Gobierno indicó que estas inversiones podrán recibir respaldo mediante el ICR y que también habrá mecanismos de alimentación para productores que no puedan financiar estas soluciones.

El reto apenas comienza para el Cesar

Las cifras conocidas corresponden solamente al periodo comprendido entre el 1 de junio y el 1 de agosto, por lo que no representan necesariamente el impacto acumulado que tendrá El Niño durante los próximos meses. El antecedente climático también exige cautela: en marzo, el Ideam señalaba que existía una probabilidad creciente de establecimiento de El Niño durante 2026 y advertía sobre la incertidumbre respecto a la intensidad que podría alcanzar hacia el último trimestre.

Para agricultores y ganaderos del Cesar, el desafío inmediato será garantizar agua, alimento y capacidad financiera para mantener la producción. Las 2.376 muertes de animales y las 167.040 hectáreas afectadas constituyen las primeras cifras de una problemática que podría profundizarse si las condiciones secas se prolongan.

El problema, además, trasciende las fincas. La ganadería y la agricultura abastecen cadenas de carne, leche y alimentos y sostienen miles de actividades rurales. Por eso, lo que hoy ocurre en los potreros del Cesar puede terminar teniendo efectos sobre producción, empleo, costos y seguridad alimentaria si el déficit de agua continúa.

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