Por: Diego Armando Borrego
Si usted pensaba que con las elecciones de 2026 se iba a acabar la polarización en Colombia, le tengo una mala noticia: apenas estamos viendo el calentamiento. En el más reciente debate de Semana, se destapó una olla podrida que tiene a más de uno con los pelos de punta. La advertencia es clara, cruda y aterradora: si Abelardo de la Espriella, con su discurso de «mano de hierro» y cero concesiones, llega a la Casa de Nariño, el petrismo no se irá a la oposición democrática… se irá a la guerra en las calles.
El plan: «Ingobernabilidad a la fuerza»

No estamos hablando de discursos acalorados en el Congreso. Lo que advierten los expertos es una estrategia de tierra arrasada. El diagnóstico es sencillo: el sector más radical de la izquierda, al verse fuera del poder y ante un presidente que promete acabar con la «fiesta» de la impunidad y la burocracia, activaría lo que llaman el «Conflicto Permanente».
¿Qué significa esto para el ciudadano de a pie?
- Paros eternos: Olvídese de llegar temprano al trabajo. La «Primera Línea» y los sindicatos afines serían la punta de lanza para bloquear ciudades enteras desde el día 1 de la posesión.
- Sabotaje institucional: Cada decreto, cada ley y cada orden de De la Espriella sería respondida no con argumentos, sino con fuego en el asfalto.
«No van a soltar el poder por las buenas. Si pierden en las urnas, van a intentar ganar en la calle, creando un caos tal que haga imposible gobernar», se escuchó en el acalorado debate.
De la Espriella: ¿El detonante perfecto?
Aquí hay que ser realistas. Abelardo no es un candidato de pañitos tibios. Su promesa de cerrar el Inpec, acabar los diálogos de paz y militarizar la seguridad es música para los oídos de sus votantes, pero es gasolina pura para sus detractores.
Para el petrismo, una victoria de ‘El Defensor’ sería la excusa perfecta para validarse como «resistencia». La advertencia sugiere que usarían la figura de De la Espriella —un hombre de derecha sin complejos— para vender la idea de que «volvió la dictadura» y justificar así el desorden social.
Colombia bajo amenaza de bloqueo
Lo más preocupante de esta «profecía» política no es quién gane, sino quién pierde. Si esta estrategia de «conflicto permanente» se concreta, los perdedores seremos los colombianos que quedaremos atrapados en medio del fuego cruzado: entre un gobierno que intenta imponer orden con mano dura y una oposición dispuesta a incendiar el país con tal de no perder vigencia.