Las investigaciones por los cinco homicidios registrados en Pelaya, sur del Cesar, comienzan a perfilar una posible línea de análisis: el hurto de hidrocarburos estaría detrás de la reciente escalada de violencia que en menos de 72 horas dejó a varias familias en luto y a toda una comunidad en alerta.
De acuerdo con las autoridades departamentales, estos crímenes podrían estar relacionados con actividades ilegales vinculadas al procesamiento de cocaína en zonas cercanas a los poliductos que atraviesan el Cesar y Norte de Santander. La hipótesis surge tras operativos en los que el Ejército y la Policía detectaron al menos nueve válvulas ilegales, utilizadas para extraer combustible de manera clandestina.

El secretario de Gobierno del Cesar, Eduardo Esquivel, señaló que la situación es grave y que el control en la zona ha sido reforzado, especialmente en áreas rurales donde se han concentrado los hechos violentos. Ante este panorama, el municipio fue militarizado para intentar restablecer la seguridad y prevenir nuevos ataques.
Como parte de la respuesta institucional, la Gobernación del Cesar y la Alcaldía de Pelaya mantienen vigente una recompensa de hasta 30 millones de pesos para quien suministre información que permita identificar y capturar a los responsables de estos homicidios.
Paralelamente, la administración municipal adoptó medidas extraordinarias de orden público mediante el Decreto 060 del 13 de abril, que estarán vigentes hasta el 20 del mismo mes. Entre las restricciones se encuentra la prohibición del parrillero hombre en motocicleta, el transporte de pasajeros en vehículos de carga y el uso de elementos que cubran el rostro, como capuchas o pasamontañas.
Las víctimas de esta ola de violencia han sido identificadas como Wilson Afanador, de 52 años, asesinado en su vivienda; William Gutiérrez Obeso, ultimado en un establecimiento público; Jhonnier Uribe Quintero, hallado sin vida en zona rural con múltiples impactos de bala; y Jhainer Gutiérrez Obeso junto a Milán Oviedo Mattos, quienes habían sido reportados como desaparecidos y luego encontrados muertos con signos de tortura.
Mientras avanzan las investigaciones, las autoridades no descartan que estos hechos estén conectados entre sí y respondan a disputas por el control de economías ilegales en la región, una situación que ha encendido las alarmas en el sur del Cesar.