¿Está preparando el Cesar a sus jóvenes para el empleo del futuro?

El mercado laboral que recibirán los niños que hoy están entrando al colegio será muy distinto al actual. Inteligencia artificial, automatización, análisis de datos, energías renovables y nuevas formas de prestar servicios transformarán buena parte de los oficios. Para el Cesar, donde todavía persisten desempleo, informalidad y brechas de género, la discusión ya no debería limitarse a cuántos jóvenes consiguen trabajo, sino a qué habilidades están adquiriendo para competir dentro de 10 o 15 años.

La pregunta cobra fuerza después de un análisis de los investigadores Fernando Herrera Araújo y Jorge Guerra España, del Centro de Estudios Socioeconómicos y Regionales (Cesore), quienes plantean que la educación debe concentrarse menos en adivinar cuáles profesiones sobrevivirán a la inteligencia artificial y más en formar personas capaces de aprender, adaptarse y resolver problemas reales de sus territorios.

Cesar mejoró en desempleo, pero todavía tiene una baja ocupación

El punto de partida muestra avances, aunque también enormes desafíos. Según el Dane, durante 2025 la tasa de desocupación del Cesar cayó de 11,3 % a 9,9 %. Sin embargo, la tasa de ocupación —el indicador que muestra qué proporción de la población en edad de trabajar efectivamente tiene empleo— fue de apenas 53,1 %, mientras la participación laboral se ubicó en 58,9 %.

El desempleo se ubicó en 9,8 %, con cerca de 204.000 personas ocupadas y 22.000 buscando trabajo. A ello se suman alrededor de 10.000 personas subocupadas, es decir, trabajadores que quisieran laborar más horas o mejorar sus ingresos.

Tener empleo no siempre significa tener un buen empleo

La principal alarma está en la calidad de esas oportunidades. Para el trimestre mayo-julio de 2026, la informalidad laboral en Valledupar llegó al 61,3 %, lo que equivale aproximadamente a 125.000 trabajadores. Aunque disminuyó frente al 64,2 % de un año atrás, significa que aproximadamente seis de cada diez ocupados continúan trabajando en condiciones de informalidad.

La realidad rural resulta todavía más compleja. A escala nacional, el Dane encontró que 83,2 % de los trabajadores de centros poblados y zonas rurales dispersas eran informales entre mayo y julio. Ese indicador resulta especialmente relevante para un departamento como el Cesar, donde agricultura, ganadería, minería, servicios y pequeños negocios siguen siendo fuentes fundamentales de ingresos.

Por eso, cuando se habla de empleabilidad juvenil no basta con contabilizar puestos de trabajo. El verdadero reto es formar jóvenes capaces de acceder a empleos productivos, formales y mejor remunerados, pero también de crear empresas y prestar servicios desde el Cesar hacia mercados nacionales o internacionales.

El problema comienza antes de buscar el primer empleo

La dificultad no es exclusiva del departamento. En Colombia, durante mayo-julio de 2026, el desempleo entre personas de 15 a 28 años fue de 14,1 %, mientras su tasa de ocupación alcanzó 47,9 %. Es decir, los jóvenes siguen encontrando más dificultades para entrar al mercado laboral que la población general.

Otro dato ayuda a dimensionar el problema. A comienzos de 2026, 23,8 % de los jóvenes colombianos entre 15 y 28 años no estudiaban ni estaban ocupados, equivalente a más de 2,6 millones de personas. Es una población que puede llegar al mercado laboral del futuro con mayores dificultades si no logra conectarse oportunamente con educación, formación técnica o experiencia laboral.

Mientras tanto, el Foro Económico Mundial estima que 39 % de las habilidades centrales utilizadas actualmente por los trabajadores cambiarán hacia 2030. Para Colombia, la estimación del informe alcanza incluso el 44 %. Entre las capacidades cuya importancia aumenta aparecen inteligencia artificial y datos, alfabetización tecnológica, pensamiento analítico, creatividad, resiliencia y aprendizaje continuo.

Las vacantes del Cesar ya están pidiendo algo diferente

Las señales no están solamente en los estudios internacionales. También pueden encontrarse en las vacantes publicadas por el Sistema de Información del Servicio Público de Empleo (SISE). Su plataforma DataEmpleo registró 155.894 ofertas laborales en todo el país durante junio de 2026, aunque estas cifras corresponden únicamente a las oportunidades gestionadas a través de la red del Servicio Público de Empleo y no representan la totalidad del mercado laboral colombiano.

En ofertas recientes para Valledupar aparecen exactamente varias de las competencias que Herrera y Guerra consideran fundamentales. Una vacante para ingeniero de sistemas exigía programación, pensamiento crítico, creatividad, resolución de problemas complejos y toma de decisiones. Otra para auxiliar administrativo solicitaba comprensión de lectura, escritura, comunicación asertiva, trabajo en equipo, adaptabilidad y proactividad.

También existen oportunidades vinculadas con sectores que pueden crecer en el departamento. El SISE ha publicado perfiles para ingeniería ambiental, electromecánica y operación energética en municipios como Valledupar, El Paso, La Paz, Codazzi, San Diego y San Martín, combinando conocimientos técnicos con capacidad para resolver problemas y manejar tecnología.

Eso permite advertir algo importante: el empleo del futuro ya empezó a aparecer en las vacantes del presente.

¿Qué deberían aprender hoy los jóvenes del Cesar?

El planteamiento de los investigadores del Cesore puede aterrizarse al departamento en seis capacidades que deberían atravesar el colegio, la formación técnica y la universidad:

  • Leer, escribir y comunicar con claridad, porque saber argumentar, redactar y explicar continuará teniendo valor incluso con inteligencia artificial.
  • Matemáticas, lógica y manejo de datos, aplicables al agro, ganadería, comercio, energía, transporte, salud y administración pública.
  • Inglés funcional, no únicamente para aprobar una asignatura, sino para estudiar, trabajar en línea y acceder a mercados internacionales.
  • Aprender a aprender, porque las herramientas que dominarán dentro de diez años probablemente todavía no existen.
  • Habilidades humanas, como liderazgo, creatividad, negociación, empatía, pensamiento crítico y trabajo en equipo.
  • Capacidad para hacer y resolver problemas reales, combinando conocimientos técnicos con tecnología: electricidad y energía solar, agricultura y sensores, turismo e idiomas o comercio y software.

A estas competencias los autores agregan un elemento transversal: curiosidad. Aprender a investigar, preguntar y explorar puede convertirse en una ventaja decisiva en un mundo donde acceder a información será cada vez más sencillo, pero distinguir cuál sirve y cómo utilizarla será más difícil.

El Cesar tiene sectores donde esas habilidades podrían convertirse en empleo

La discusión tiene especial sentido debido a la estructura económica local. En Valledupar, el comercio y la reparación de vehículos emplean a más de 45.600 personas; administración pública, educación y salud reúnen alrededor de 38.000 puestos; actividades artísticas, entretenimiento y otros servicios suman aproximadamente 24.150; transporte y almacenamiento emplean 20.340 personas y construcción cerca de 18.000.

Pero el departamento también está viviendo transformaciones alrededor de energía solar, transición energética, agroindustria, servicios ambientales, tecnología y turismo. Es precisamente allí donde combinar formación técnica con datos, inglés, comunicación y herramientas digitales puede permitir que un joven no tenga que escoger entre abandonar su territorio o resignarse a una oportunidad informal.

El reto tampoco consiste en formar únicamente programadores. Un técnico electricista que conozca energía solar, un productor agropecuario que utilice datos para administrar sus cultivos, un guía turístico que hable inglés o un comerciante que venda utilizando herramientas digitales podrían tener mejores posibilidades que quienes lleguen al mercado laboral dependiendo exclusivamente de conocimientos tradicionales.

Prepararse para 2040 empieza ahora

Los datos muestran una paradoja. El Cesar ha reducido el desempleo, pero todavía necesita elevar la ocupación y, especialmente, mejorar la calidad de los trabajos que genera. Valledupar tiene más de 200.000 personas ocupadas, pero alrededor de seis de cada diez trabajan informalmente. Los jóvenes, además, deberán entrar a un mercado que cambiará mucho más rápido que el de sus padres.

Por eso, el debate sobre educación y empleo debería comenzar antes de que un estudiante escoja carrera universitaria. Colegio, Sena, universidades, empresas y administraciones públicas tienen el desafío de conectar la formación con las necesidades productivas que tendrá el Cesar durante las próximas décadas.

El objetivo, como plantean los investigadores del Cesore, no debería ser preparar a los jóvenes solamente para marcharse. La meta sería darles capacidades suficientemente universales para competir con el mundo y suficientemente conectadas con el Cesar para transformar el territorio desde aquí.

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