¿Está el Cesar preparado para un racionamiento de energía como el de 1992?

Colombia volvió a hablar de racionamiento eléctrico. Un estudio presentado durante el Congreso Anual de Energía de Acolgen calculó que repetir una crisis de profundidad y duración semejantes a la de 1992-1993 podría costarle al país $30,7 billones, equivalentes al 1,6 % del PIB, además de comprometer hasta 210.000 empleos en el escenario más severo. La pregunta inevitable en la región es otra: ¿qué tan preparado está el Cesar para soportar una emergencia nacional de ese tamaño? 

La respuesta no es simple. El Cesar tiene hoy una ventaja que no existía hace tres décadas: se ha convertido en uno de los territorios con mayor presencia de generación solar del país. Sin embargo, producir energía dentro del departamento no significa que Valledupar y sus municipios estén blindados frente a un eventual racionamiento. El sistema sigue interconectado nacionalmente y, además, la red local enfrenta retos de pérdidas, mantenimiento, confiabilidad e infraestructura que todavía requieren inversiones.

El fantasma de 1992 vuelve por El Niño y el déficit de energía firme

El análisis elaborado por Lumen Economic Intelligence tomó como referencia el apagón de 1992-1993, cuando los cortes se extendieron durante 343 días. En el escenario equivalente para 2026-2027, la firma estima un impacto económico de $30,7 billones; solo en producción se perderían cerca de $25 billones. El ejercicio es una simulación y no significa que Colombia haya decretado un racionamiento, pero advierte sobre la reducción del margen de seguridad del sistema eléctrico.

La advertencia coincide con un escenario climático particularmente delicado. El Ideam informó el 10 de septiembre que El Niño continúa fortaleciéndose y existe una probabilidad superior al 90 % de que alcance una intensidad muy fuerte durante el último trimestre de 2026 y comienzos de 2027. El instituto advierte que este fenómeno puede reducir niveles y caudales de los ríos, precisamente una de las variables que condicionan la generación hidroeléctrica nacional.

La propia UPME había identificado en su planeación una señal de déficit de energía firme a partir de septiembre de 2026, mientras que la demanda eléctrica continúa creciendo. A marzo de este año, XM reportaba una capacidad efectiva neta nacional de 21.287 MW, con una expansión creciente de la generación solar, pero el desafío continúa siendo que los proyectos entren oportunamente y que existan redes suficientes para transportar esa energía.

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El Cesar tiene sol y generación, pero eso no significa autonomía

En ese panorama, el Cesar parte con una fortaleza importante. En El Paso funciona el Parque Solar La Loma, que entrega 150 MWac de capacidad efectiva neta, cuenta con más de 400.000 paneles y tiene una producción estimada de 420 GWh al año. Enel calcula que esa generación equivale al consumo de una población cercana a 600.000 personas.

A esa capacidad se suma el parque solar El Paso, que declaró comercialmente 67,9 MW de capacidad efectiva neta, y continúan apareciendo nuevos proyectos en el corredor minero. Este mes, por ejemplo, Corpocesar autorizó el aprovechamiento forestal requerido para un nuevo proyecto fotovoltaico de 9,9 MW en El Paso y también existen iniciativas similares en Becerril.

Esto ubica al Cesar en una posición estratégica para aportar energía al país durante las horas de radiación solar. Pero hay una diferencia fundamental: la electricidad producida en estos parques entra al Sistema Interconectado Nacional (SIN). No constituye una reserva exclusiva para los hogares de El Paso, Valledupar o el resto del departamento. Por eso, tener grandes parques solares cerca reduce presión sobre el sistema nacional, pero no convierte al Cesar en una isla energética inmune a un eventual programa de racionamiento.

Además, la generación solar tiene una limitación evidente frente a una emergencia prolongada: produce principalmente durante el día. Para aumentar la autonomía regional serían necesarios sistemas de almacenamiento, generación de respaldo, microrredes y capacidad suficiente de transmisión y distribución.

La alerta está en las redes que llevan la energía hasta las casas

El otro lado del análisis aparece en la infraestructura local. Desde el 1 de septiembre, Energua asumió la operación en 19 municipios del Cesar, además de zonas de Magdalena y Bolívar. En el conjunto de los 35 municipios atendidos por la nueva compañía existen cerca de 365.000 usuarios y pérdidas de energía que rondan el 41 %, uno de los desafíos que la empresa reconoce para mejorar calidad, continuidad y confiabilidad.

En Valledupar, las primeras semanas de operación han coincidido con una intensa agenda de intervenciones sobre las redes. Durante septiembre han sido anunciados cortes programados de cuatro, ocho y hasta más de nueve horas para ejecutar mantenimientos, reemplazar apoyos, hacer podas y adecuar circuitos como Guatapurí y Cañahuate. Estos cortes de mantenimiento no son racionamientos por falta de energía, pero sí muestran cuánto trabajo necesita actualmente la infraestructura de distribución.

A las suspensiones programadas se han sumado fallas no previstas y reclamos ciudadanos. El 16 de septiembre se registró una protesta frente a Energua en Valledupar por interrupciones del servicio, dificultades en los canales de pago y problemas ocurridos durante la transición tecnológica.

Ese punto resulta clave para medir la preparación regional: el Cesar puede ser productor de energía y, al mismo tiempo, tener vulnerabilidades para llevarla con estabilidad hasta cada usuario.

Bosconia revela que todavía hay infraestructura pendiente

Hay otro indicador que ayuda a responder la pregunta. En marzo de 2026, la UPME abrió una convocatoria para construir la Subestación Nueva Bosconia de 110 kV, junto con una línea de transmisión de aproximadamente cinco kilómetros. Según la entidad, la obra es necesaria para mejorar estabilidad, niveles de voltaje, continuidad y capacidad de atender el crecimiento de la demanda en el Cesar.

Pero la fecha prevista para su entrada en operación es el 31 de diciembre de 2029. Es decir, una de las obras identificadas oficialmente como necesarias para reforzar la confiabilidad regional no estaría disponible durante la actual temporada de El Niño 2026-2027.

Valledupar también dispone de infraestructura importante, como la expansión de la subestación Valledupar de 220 kV y la subestación Guatapurí de 110 kV. No obstante, la planeación eléctrica continúa contemplando nuevas intervenciones para fortalecer el sistema regional.

¿Qué pasaría en el Cesar si Colombia entra en racionamiento?

Si el Gobierno y el operador nacional llegaran a ordenar restricciones de consumo por insuficiencia de energía, el Cesar no quedaría automáticamente excluido por producir energía solar. La aplicación dependería del esquema nacional de operación, disponibilidad de generación, condiciones de las redes y decisiones que se adopten para administrar la demanda.

El impacto regional podría sentirse con especial fuerza en comercios, refrigeración de alimentos, sistemas de bombeo de agua, hospitales, colegios, industrias, comunicaciones y pequeñas empresas. Valledupar ya ha tenido durante septiembre discusiones por los efectos económicos que provocan interrupciones de varias horas, aun cuando estas corresponden principalmente a mantenimientos programados y fallas locales.

La diferencia con 1992 es que hoy existen más generación, interconexión, fuentes solares y herramientas de gestión del sistema. Pero también existe una economía mucho más dependiente de la electricidad: telecomunicaciones, datáfonos, cadenas de frío, sistemas de seguridad, internet, aire acondicionado y numerosos servicios públicos dependen permanentemente del suministro.

Entonces, ¿está preparado el Cesar?

El Cesar tiene mejores cartas que hace tres décadas, pero todavía no puede considerarse blindado. La presencia de grandes parques solares constituye una ventaja estratégica y puede ayudar al sistema nacional durante una temporada seca. Sin embargo, esa generación convive con una red local que actualmente está en proceso de mantenimiento y transformación, elevados niveles de pérdidas en el mercado asumido por Energua y obras de transmisión que todavía están pendientes.

Una preparación real ante un escenario crítico exigiría acelerar el fortalecimiento de redes y subestaciones, establecer planes de continuidad para hospitales, acueductos, colegios y servicios esenciales, aumentar los sistemas de respaldo y almacenamiento, promover autogeneración solar con baterías y diseñar protocolos claros de administración de la demanda.

Por ahora, no existe una orden nacional de racionamiento comparable con la de 1992. Lo que sí existe es una señal de advertencia: un Niño que se fortalece, una demanda creciente y estudios que calculan consecuencias económicas enormes si el país no logra garantizar suficiente energía firme.

Para el Cesar, el desafío es paradójico: puede convertirse en una potencia solar y, al mismo tiempo, seguir siendo vulnerable si la energía generada no está acompañada de redes resistentes, almacenamiento y capacidad de respuesta local.

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