
Por : Karen Mejía Castro
Mientras el gobierno anuncia rebajas históricas, en Valledupar los recibos de enero llegan con alzas de hasta el 70%. Desentrañamos la crisis detrás del «Tarifazo» que sacará a la gente a la calle.
El inicio de 2026 prometía ser un respiro para el bolsillo costeño. El pasado 9 de enero, el Ministerio de Minas y Energía emitió un comunicado oficial anunciando una reducción de tarifas superior al 28% para la región Caribe. Sin embargo, la realidad que aterrizó esta semana en las residencias de Valledupar cuenta una historia radicalmente distinta y cruel.
Lejos de bajar, la facturación de enero ha llegado con incrementos que, en casos documentados, rozan el 70%, desatando una ola de indignación que ya tiene fecha de estallido social.
El Rostro de la Crisis: El Caso Fontalvo
Las estadísticas son frías, pero los testimonios arden. El símbolo de este descontento tiene nombre propio: Yanitza Fontalvo, reconocida periodista de la ciudad y residente del barrio Los Cortijos (Estrato 4).
Fontalvo hizo pública su denuncia tras recibir una factura por $1.047.902 pesos, un salto mortal frente a su promedio habitual de $600.000, sin haber modificado sus hábitos de consumo ni encender aires acondicionados en la noche.
«Nos están asfixiando. Pagábamos 600 mil y ya era caro. No sé cómo voy a pagar esto», declaró la comunicadora, cuyo caso se volvió viral y obligó a la empresa a revisar su facturación específica por «error de lectura».
El caso de Yanitza es la punta del iceberg. Si bien ella logró una corrección por su visibilidad pública, miles de usuarios anónimos en barrios como La Nevada o los corregimientos del norte denuncian alzas similares sin tener quién les conteste el teléfono. Para el ciudadano de a pie, no fue un «error», fue un cobro sistemático.
¿Por qué subió si dijeron que bajaba?
¿Miente el Gobierno o abusa Afinia? La investigación arroja tres factores claves que explican este «Tarifazo»:
La Deuda de la «Opción Tarifaria»: Aunque el kilovatio en bolsa baje, las empresas comercializadoras (Afinia/Air-e) están cobrando los saldos acumulados de la pandemia. Es una deuda vieja que se está pagando hoy. El Gobierno prometió asumir los saldos de estratos 1, 2 y 3 (estimados en 2.7 billones), pero la implementación administrativa es lenta y el cobro sigue llegando.
El déficit de Afinia: La empresa filial de EPM ha revelado que opera con pérdidas. Su gerente ha sido claro: «Afinia no es rentable bajo ningún punto de vista», con un recaudo del 80% (muy por debajo del promedio nacional). Para evitar el colapso financiero, la presión sobre el recaudo se intensifica.
El consumo decembrino: Afinia argumenta que la factura de enero refleja el consumo de diciembre, mes donde tradicionalmente aumenta el uso de electrodomésticos. Sin embargo, para un usuario que ve duplicada su factura, esta explicación técnica suena a excusa.
La Respuesta Social: 1 de Febrero
La paciencia se agotó. Líderes comunitarios como Yiyo Martínez y veedores ciudadanos han convocado oficialmente a una Gran Jornada de Protesta para el próximo jueves 1 de febrero de 2026. No es solo una marcha; es un bloqueo cívico frente a las oficinas de Afinia a la que se ha sumado el gremio de tenderos (quienes reportan cierres por no poder pagar la luz), amas de casa, Juntas de Acción Comunal y empresarios.
En barrios como Esperanza Norte, la comunidad ya ha iniciado protestas simbólicas quemando «muñecos de año viejo» rellenos con los recibos de luz impagables, bautizando los buzones de PQR como «El Buzón del Olvido».
Estamos ante una bomba de tiempo. La desconexión entre los anuncios triunfalistas del gobierno nacional en Bogotá y la realidad de la factura en Valledupar es peligrosa. Si la Superintendencia de Servicios Públicos (cuyo superintendente visitará la ciudad pronto ) no interviene con medidas de choque reales —no solo mesas de diálogo—, el 1 de febrero Valledupar enviará un mensaje contundente: La energía no puede ser un lujo en una ciudad donde el ventilador es una necesidad vital.