Valledupar parece haberse acostumbrado al caos vial. Semáforos ignorados, motocicletas zigzagueando entre vehículos, menores de edad viajando sin protección y conductores circulando a alta velocidad son escenas repetidas que hoy tienen al Cesar entre los territorios con mayor preocupación en materia de seguridad vial.
La situación es alarmante. Según cifras citadas por El Pilón, en los primeros ocho meses de 2025 murieron 215 personas en siniestros viales en el Cesar y el 75 % de las víctimas fueron motociclistas.
Las autoridades y expertos coinciden en varios factores: exceso de velocidad, imprudencia, invasión de carriles, irrespeto por los semáforos y falta de cultura vial. Pero hay una escena que se volvió tristemente común en Valledupar: motocicletas transportando hasta cinco personas, muchos de ellos niños, sin casco y expuestos a cualquier impacto.
La crítica no apunta únicamente a quienes conducen motos. También hay conductores de carros, buses y transporte informal que irrespetan las normas. Sin embargo, las cifras evidencian que la mayor cantidad de víctimas fatales siguen siendo motociclistas, convirtiéndose en el actor vial más vulnerable y, al mismo tiempo, en uno de los más imprudentes en las vías.
El problema empeora con el deterioro de la malla vial. Huecos, calles sin señalización adecuada y vías en mal estado aumentan el riesgo de accidentes, especialmente cuando se combina con velocidad y maniobras peligrosas.
De acuerdo con el Plan Departamental de Seguridad Vial 2025-2034, Valledupar mantiene indicadores preocupantes de siniestralidad y las motocicletas aparecen como protagonistas en la mayoría de los casos fatales registrados en los últimos años.
A nivel nacional, los motociclistas representan más del 60 % de las muertes por siniestros viales en Colombia, según datos de la Agencia Nacional de Seguridad Vial.
El uso irresponsable de la moto ya no puede verse como una simple infracción menor. Conducir sin casco, transportar niños sin protección, correr en zonas urbanas o ignorar una señal de pare puede terminar en tragedia en cuestión de segundos.
Valledupar necesita más controles, pedagogía vial y sanciones efectivas, pero también un cambio urgente de conciencia ciudadana. Porque detrás de cada cifra hay familias destruidas, niños huérfanos y vidas que pudieron salvarse con una decisión responsable.
La movilidad no puede seguir convirtiéndose en una ruleta rusa sobre dos ruedas.


