El vacío legal en Colombia que convierte a los vehículos eléctricos en una amenaza fantasma

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La revolución de la movilidad eléctrica en Colombia tiene una cara oculta que nadie se atreve a discutir: el peligro del silencio absoluto. Mientras las ciudades se llenan de motos y bicicletas de última generación, un factor técnico está disparando las alarmas de seguridad vial: estos vehículos son imperceptibles para el oído humano, y en Colombia, a diferencia del resto del mundo, no hay ninguna ley que los obligue a «hacerse notar».

El oído: Nuestro primer cinturón de seguridad

El cerebro humano está programado para detectar el peligro a través del sonido. En un entorno urbano ruidoso, un peatón o un ciclista no escucha el siseo de un motor eléctrico hasta que lo tiene a menos de dos metros de distancia. A velocidades de 40 km/h o 50 km/h, esa distancia es insuficiente para reaccionar.

Esta característica, que se vende como «confort acústico», se transforma en una trampa mortal en las calles colombianas, donde el uso de andenes y ciclorrutas por parte de estos vehículos es una constante sin control.

¿Qué dice la ley? El abismo entre Colombia y las potencias

La investigación de este medio revela que Colombia está peligrosamente rezagada en normatividad de seguridad sonora:

  • El estándar global (Ley PSEA y AVAS): Desde 2016, en Estados Unidos es obligatorio que los vehículos eléctricos emitan un ruido artificial (zumbido) a bajas velocidades. La Unión Europea hizo lo mismo en 2019, exigiendo el sistema AVAS (Acoustic Vehicle Alerting System) para proteger a peatones, niños y personas con discapacidad visual.
  • El vacío colombiano: En nuestro país, la Ley 1964 de 2019, que promueve el uso de vehículos eléctricos, se centró exclusivamente en beneficios tributarios y descuentos en el SOAT. Omitió por completo los estándares internacionales de seguridad auditiva, permitiendo que cualquier vehículo eléctrico sea importado y comercializado sin sistemas de alerta sonora.

¿Hacia dónde debemos ir?

No se trata de atacar la tecnología limpia, sino de humanizarla. Expertos sugieren que el Ministerio de Transporte y la Agencia Nacional de Seguridad Vial deben exigir de inmediato:

  1. Homologación de sonido: Que todo vehículo eléctrico de dos o más ruedas incorpore emisores de sonido artificial proporcionales a la velocidad.
  2. Protección al peatón: Reconocer que el silencio no es una ventaja cuando se circula en zonas de alta interacción peatonal.

Mientras la ley no cambie, los ciudadanos seguiremos expuestos a esta «amenaza fantasma». El progreso no puede ser una excusa para la inseguridad. ¿Cuántos accidentes más se necesitan para que Colombia exija que la movilidad eléctrica deje de ser silenciosamente peligrosa?

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