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¡Versos que Pican pero no Hieren! La Magia y el Ingenio de la Piqueria en el Festival Vallenato

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El semillero del folclor: los niños se toman la tarima para demostrarnos que la magia de nuestra tradición musical y el amor por el vallenato están en las mejores manos.

Cuando llega el Festival de la Leyenda Vallenata, los acordeones no son los únicos que se roban el aplauso del público. En las tarimas de Valledupar cobra vida una de las tradiciones más queridas, respetadas y exigentes de nuestro folclor: la piqueria.

Lejos de ser una pelea, la piqueria es un abrazo a la palabra. Es un duelo musical donde dos verseadores se enfrentan cara a cara, armados únicamente con su voz, su chispa y una capacidad de improvisación que deja a cualquiera con la boca abierta. Aquí no ganan los gritos, gana el ingenio.

El arte de pensar y rimar en segundos

El repentismo o la improvisación en la piqueria requiere una agilidad mental asombrosa. Mientras el acordeón, la caja y la guacharaca marcan el compás, el verseador tiene apenas unos segundos para escuchar lo que su compañero acaba de cantarle, procesarlo y armar una respuesta que tenga sentido, que rime a la perfección (ya sea en cuartetas o décimas) y que, sobre todo, despierte la carcajada o el asombro del público.

Cualquier tropiezo, una palabra que no rima o perder el ritmo de la melodía, significa darle la ventaja al rival.

¿Cómo se «atacan» los verseadores?

El encanto principal de la piqueria es el «ataque». Pero en este contexto, atacar significa sacar a relucir la mejor ironía y el humor caribeño sin cruzar la línea del irrespeto vulgar. ¿De qué se valen para desarmar al contrincante?

  • El aspecto físico y la ropa: Es muy común que un verseador se burle (con mucha gracia) de la camisa llamativa de su rival, de si es muy alto, muy bajito, de su peso o de su peinado.
  • El talento y la trayectoria: El «ataque» clásico consiste en decirle al otro que le falta experiencia, que su rima es floja o que hoy le tocó perder ante un verdadero maestro.
  • Robar el pie forzado: La mayor muestra de talento ocurre cuando un verseador toma la última palabra o la última frase que cantó su oponente y la voltea a su favor para iniciar su propia estrofa, dejándolo sin salida.
  • El entorno: Un buen repentista usa lo que está pasando en ese momento exacto: si empezó a llover, si alguien del público gritó, o si el jurado hizo un gesto. Todo sirve de inspiración.

El respeto detrás de la contienda

Aunque arriba de la tarima se digan de todo y parezcan enemigos acérrimos, el lenguaje modesto y la camaradería prevalecen. La piqueria es un juego de espejos donde se refleja la alegría y la agudeza del colombiano. Al final del duelo, cuando el acordeón guarda silencio, los verseadores se bajan del escenario con un apretón de manos y un abrazo.

Es una competencia sana que nos recuerda algo muy sencillo y bonito: la palabra, cuando se usa con gracia e inteligencia, es la mejor forma de unir a la gente.

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