La intención de Abelardo de la Espriella de posesionarse como presidente dentro de una guarnición militar en el Cauca abrió una controversia que ya atraviesa las fronteras ideológicas. Rafael Nieto, una de las figuras más representativas del Centro Democrático, anunció que no asistirá si la ceremonia se desarrolla en una unidad castrense, mientras Enrique Gómez salió en defensa de la propuesta del mandatario electo.
Rafael Nieto se aparta de la mayoría uribista
La crítica de Rafael Nieto causó especial impacto porque no proviene del Pacto Histórico ni de los sectores que se oponen al próximo Gobierno. Nieto ocupó el segundo renglón de la lista cerrada del Centro Democrático al Senado, encabezada por Andrés Forero, y llegó al Congreso como una de las voces jurídicas y políticas de mayor peso dentro del uribismo.
El senador aclaró que respalda la realización de la ceremonia en el Cauca y también comparte la intención de rendirles un homenaje a los integrantes de la Fuerza Pública. Sin embargo, considera que la investidura presidencial debe efectuarse en un escenario civil, ante el Congreso de la República.
Para Nieto, el lugar escogido no representa un asunto meramente protocolario. El congresista recordó que, dentro de una democracia, el poder militar debe estar subordinado al poder civil y advirtió que una posesión presidencial rodeada de uniformados podría enviar un mensaje institucional equivocado.
“Que se posesione ante el Congreso y después les haga un homenaje a los militares en el lugar que quiera”, planteó el senador, quien aseguró que no acompañará el acto si finalmente se realiza dentro de una unidad militar.
Enrique Gómez responde a los cuestionamientos
Las palabras de Nieto provocaron una dura respuesta de Enrique Gómez, senador de Salvación Nacional y uno de los principales promotores del traslado de la ceremonia presidencial al Cauca.
Gómez rechazó las comparaciones históricas utilizadas para cuestionar la posesión en instalaciones castrenses y calificó los argumentos del dirigente uribista como malintencionados. Además, lanzó una pulla directa: “No solo a los argentinos les cuesta perder”.
El enfrentamiento evidenció que la discusión no se limita al choque entre el Gobierno saliente y el presidente electo. Ahora también enfrenta a sectores del Centro Democrático con dirigentes de Salvación Nacional, pese a que ambas colectividades acompañaron mayoritariamente la proposición aprobada en el Senado.
Abelardo de la Espriella, por su parte, mantiene su propósito de realizar la ceremonia en una guarnición militar del sur del país. El presidente electo ha explicado que busca rendir un homenaje solemne a los soldados y policías que, según su planteamiento, protegen la democracia, la seguridad y las libertades de los colombianos.
Escaf y otras voces cuestionan el simbolismo
Desde la izquierda, el senador Agmeth Escaf sostuvo que el presidente de la República asume el cargo como autoridad civil y debe hacerlo ante los representantes del pueblo.
“El presidente se posesiona ante el Congreso, no asciende ante una fuerza armada”, expresó Escaf, quien propuso que la ceremonia pueda desarrollarse en un espacio público del Cauca, pero con los congresistas ocupando el lugar central del acto.
El exministro Luis Carlos Reyes también intervino en la discusión desde sus redes sociales. Con ello, el debate dejó de concentrarse únicamente en la posibilidad jurídica de trasladar al Congreso y pasó a girar alrededor del significado democrático de utilizar una instalación militar para transmitir el poder presidencial.
Los críticos no rechazan necesariamente que la ceremonia se realice fuera de Bogotá. Su objeción principal consiste en que el jefe de Estado, quien ejercerá como comandante supremo de las Fuerzas Armadas, reciba la investidura presidencial dentro de un espacio sometido al mando militar.
Senado aprobó el Cauca, pero no una guarnición
La plenaria del Senado aprobó, con 55 votos a favor y 32 en contra, el traslado temporal de la corporación al departamento del Cauca para la posesión presidencial del próximo 7 de agosto.
Sin embargo, la proposición avalada no estableció expresamente que la ceremonia deba realizarse dentro de una guarnición militar. Tampoco la prohibió. Por eso, todavía no puede afirmarse que el Congreso haya autorizado definitivamente la utilización de un batallón, cantón o unidad policial.
La senadora Jennifer Pedraza presentó una propuesta alternativa que permitía celebrar la posesión en el Cauca, pero excluía expresamente las instalaciones militares. La iniciativa no pudo ser votada después de que numerosos congresistas abandonaran el recinto y se desintegrara el cuórum.
El trámite tampoco ha terminado. La Cámara de Representantes debe aprobar el traslado de su propia sede y la plenaria que estudiará la proposición fue reprogramada para el lunes 27 de julio. Solo después de esa decisión podrá confirmarse que el Congreso en pleno sesionará en el Cauca.
Petro también disputa el control del escenario
El presidente Gustavo Petro anunció que impartió instrucciones para que ninguna instalación militar o policial sea utilizada para posesionar a su sucesor. El mandatario saliente recordó que conservará la condición de comandante supremo de la Fuerza Pública hasta el momento en que Abelardo de la Espriella preste juramento.
Enrique Gómez respondió que Petro no podría impedir el ingreso del presidente electo a una guarnición si el Congreso aprueba el traslado y las autoridades correspondientes habilitan el escenario.
La Constitución establece que el presidente debe tomar posesión ante el Congreso, pero no fija una edificación determinada para la ceremonia. Por ello, el Legislativo puede trasladar temporalmente su sede si Senado y Cámara cumplen el procedimiento y aprueban la decisión.
La discusión jurídica permanece abierta porque, además del traslado del Congreso, deberá resolverse quién puede autorizar el uso de la instalación militar mientras Petro siga ejerciendo la Presidencia.
Un debate que supera el lugar de la ceremonia
La controversia dejó de ser una simple discusión sobre el sitio donde Abelardo recibirá la banda presidencial. En el fondo, enfrenta dos interpretaciones sobre el mensaje que debe transmitir el nuevo Gobierno desde su primer día.
Para los defensores de la guarnición, la ceremonia representa la recuperación de la autoridad, la presencia del Estado en el Cauca y el reconocimiento a una Fuerza Pública golpeada durante los últimos años. Para los críticos, la investidura debe conservar un carácter estrictamente civil y republicano, incluso si después el presidente rinde un homenaje especial a soldados y policías.
La postura de Rafael Nieto demuestra que ese reparo no pertenece exclusivamente a la izquierda. Una voz de primer nivel dentro del uribismo también considera que la subordinación militar al poder civil debe quedar claramente representada en la fotografía con la que comenzará el nuevo Gobierno.
La Cámara tendrá ahora la siguiente palabra, pero la disputa política probablemente continuará aun si aprueba el traslado. Falta definir el punto exacto de la ceremonia y, sobre todo, si Abelardo de la Espriella mantendrá su decisión de jurar como presidente dentro de una instalación militar pese a las críticas surgidas incluso entre quienes respaldarán su administración.


