Abelardo de la Espriella impulsa al guajiro Alfredo Deluque, mientras el Centro Democrático reclama el cargo para el samario Honorio Henríquez. La disputa enfrenta la confianza del presidente electo con el peso parlamentario del uribismo.
El gobierno de Abelardo de la Espriella todavía no ha comenzado, pero ya enfrenta su primera pulseada política. A pocos días de la instalación del nuevo Congreso, dos dirigentes de la futura coalición oficialista disputan la Presidencia del Senado: Alfredo Deluque, del Partido de la U, y Honorio Henríquez, del Centro Democrático.
La competencia no representa, por ahora, una ruptura entre el presidente electo y el uribismo; sin embargo, sí constituye el primer reclamo de poder dentro del bloque político que deberá respaldar las reformas del próximo gobierno.
De la Espriella quiere que Deluque dirija el Senado durante el primer año de su mandato. Por su parte, el Centro Democrático considera que esa dignidad debe corresponderle por ser la bancada más numerosa entre los partidos que acompañarán al nuevo Ejecutivo.
La elección se realizará el próximo 20 de julio, cuando se instale el Congreso para el periodo 2026-2030. Ese día no solo se escogerá al dirigente que conducirá las sesiones de la corporación. También se conocerá hasta dónde llega la capacidad del presidente electo para ordenar a sus aliados y construir mayorías antes de posesionarse.
Abelardo apuesta por un hombre de confianza
Alfredo Deluque es la carta que promueve directamente De la Espriella. El senador guajiro apoyó su campaña presidencial y se convirtió en una excepción dentro de la postura que mantuvo el entonces candidato frente a varios dirigentes de los partidos tradicionales.
Aunque De la Espriella rechazó numerosos respaldos provenientes de esas colectividades, aceptó el acompañamiento de Deluque, quien participó activamente en su proyecto electoral. Ahora, el ministro del Interior designado, Rodrigo Lara Restrepo, adelanta conversaciones con las diferentes bancadas para consolidar los votos que necesita el senador de la U. Semana informó que el respaldo de De la Espriella es decidido y que Lara trabaja para garantizar su elección el 20 de julio.
La preferencia tiene una explicación política. Deluque conoce el funcionamiento del Legislativo y mantiene canales de comunicación con sectores tradicionales que serán fundamentales para aprobar las iniciativas del nuevo gobierno.
Además, fue representante a la Cámara por La Guajira durante tres periodos consecutivos, entre 2010 y 2022, y posteriormente llegó al Senado. También presidió la Cámara de Representantes, experiencia que fortalece su aspiración para conducir ahora la otra corporación. En otras palabras, De la Espriella parece privilegiar la confianza personal y la capacidad de negociación de Deluque por encima del tamaño de su partido.
El Centro Democrático reclama su cuota de poder
El Centro Democrático tiene una lectura diferente. La colectividad cuenta con 17 senadores y es la segunda bancada más numerosa de la corporación, después del Pacto Histórico, que obtuvo 25 escaños.
Sin embargo, dentro de los partidos que respaldarán al gobierno de De la Espriella, el uribismo será la fuerza con mayor representación. Con ese argumento impulsa la candidatura de Honorio Henríquez, dirigente samario que tiene el respaldo del expresidente Álvaro Uribe.
La diferencia numérica frente al Partido de la U es considerable. Mientras el Centro Democrático tiene 17 senadores, la colectividad de Deluque cuenta con ocho. Incluso una eventual alianza de la U con los cuatro congresistas de Salvación Nacional no igualaría por sí sola el número de curules uribistas.
Henríquez resumió su posición al señalar que la definición debe hacerse “con números” y que, tradicionalmente, la Presidencia del Senado corresponde al partido mayoritario de gobierno. El senador también cuestionó que al Centro Democrático se le busque para respaldar los proyectos del Ejecutivo, pero no se reconozca su peso al momento de repartir las mesas directivas.
Por eso, la candidatura de Henríquez no debe interpretarse necesariamente como una rebelión contra De la Espriella. Es, más bien, el primer intento del uribismo por convertir su respaldo electoral y legislativo en poder institucional dentro de la nueva coalición.
Una disputa entre confianza y aritmética
Detrás de los dos nombres aparecen criterios diferentes para distribuir el poder. Con Deluque, el presidente electo busca tener al frente del Senado a un aliado cercano, experimentado y con capacidad para conversar con sectores que no hicieron parte de su núcleo político inicial.
Con Henríquez, el Centro Democrático exige que se respete la aritmética parlamentaria. Su argumento consiste en que la bancada más grande de la coalición no puede quedar relegada de la principal dignidad del Congreso.
La discusión tendrá efectos sobre la agenda legislativa. El presidente del Senado dirige las plenarias y participa en la organización y publicación del orden del día, funciones que resultan relevantes para establecer el ritmo con el que se debaten los proyectos.
El primer año suele ser decisivo para cualquier gobierno. Es el periodo en el que un nuevo presidente conserva mayor capital político y puede aprovechar su victoria electoral para sacar adelante las reformas prioritarias. Por esa razón, para De la Espriella no resulta indiferente quién presida la corporación.
La paradoja electoral de La Guajira y Magdalena

La competencia tiene, además, una particularidad territorial: ninguno de los dos aspirantes proviene de un departamento ganado por Abelardo de la Espriella en la segunda vuelta presidencial.
Deluque construyó su carrera política en La Guajira. Fue representante de ese departamento durante 12 años y es uno de sus dirigentes con mayor reconocimiento electoral; no obstante, De la Espriella perdió ampliamente en territorio guajiro. Iván Cepeda obtuvo allí 198.557 votos, equivalentes al 60,45 %, mientras el presidente electo alcanzó 126.501 sufragios, el 38,51 %. La diferencia superó los 72.000 votos.
Algo similar ocurrió en Magdalena, departamento de origen de Honorio Henríquez. El congresista nació en Santa Marta y ha desarrollado parte de su trayectoria política alrededor de esa región, aunque los senadores son elegidos en circunscripción nacional.
En Magdalena también ganó Cepeda. El candidato del Pacto Histórico consiguió 347.228 votos, el 57,02 %, mientras De la Espriella recibió 255.098, equivalentes al 41,89 %. La diferencia fue superior a los 92.000 sufragios.
Esto significa que la Presidencia del Senado no se entregará como premio al dirigente que haya garantizado una victoria regional al mandatario electo. La decisión responderá a otros factores: cercanía, experiencia, capacidad de negociación y número de congresistas.
En el caso de Deluque, la derrota de De la Espriella en La Guajira no debilitó la confianza depositada en él. En el de Henríquez, su fortaleza tampoco depende del resultado presidencial en Magdalena, sino del respaldo de Uribe y de la dimensión de la bancada del Centro Democrático.
Los partidos tradicionales tendrán la última palabra
Ni Deluque ni Henríquez cuentan todavía con los votos suficientes para imponerse sin el respaldo de otras fuerzas. Por eso, los partidos Liberal, Conservador, Cambio Radical y MIRA serán determinantes. La Silla Vacía calcula que esas colectividades tendrán, respectivamente, 13, 10, siete y tres senadores capaces de inclinar la balanza.
La paradoja es evidente. Aunque De la Espriella hizo campaña con un discurso crítico frente a la política tradicional, necesitará de esos mismos partidos para obtener su primera victoria en el Congreso.
Rodrigo Lara tendrá, entonces, su primer gran examen como ministro del Interior designado. Deberá conseguir que las bancadas acepten la candidatura de Deluque sin producir una fractura con el Centro Democrático, partido indispensable para la gobernabilidad del próximo cuatrienio.
La Cámara también entra en la negociación
La disputa por el Senado puede afectar la elección del presidente de la Cámara de Representantes. De la Espriella y Lara han enviado señales favorables hacia Daniel Briceño, representante del Centro Democrático y uno de los congresistas más votados del país. No obstante, si el uribismo concentra todos sus esfuerzos en elegir a Henríquez, la candidatura de Briceño podría perder prioridad dentro de las negociaciones.
Así, las presidencias de Senado y Cámara terminarán negociándose como parte de un mismo tablero. Los partidos buscarán representación en las mesas directivas y utilizarán sus votos para asegurar posiciones en las comisiones.
El resultado mostrará si el Centro Democrático acepta la fórmula promovida por el presidente electo —Deluque en el Senado y Briceño en la Cámara— o si insiste en quedarse con la conducción de la corporación más importante.
La primera prueba de la nueva coalición
El pulso entre Alfredo Deluque y Honorio Henríquez trasciende las aspiraciones personales de ambos senadores. La elección permitirá saber quién ejercerá mayor liderazgo dentro del bloque de gobierno: el presidente electo, mediante un dirigente de su confianza, o el Centro Democrático, apoyado en su superioridad numérica.
También mostrará qué tan sólida será la coalición que acompañará a De la Espriella. Sus integrantes comparten buena parte de la agenda política, pero ya comenzaron a competir por los espacios de poder.
El 20 de julio, cuando los senadores depositen sus votos, no solo elegirán al próximo presidente de la corporación. También definirán las reglas de convivencia entre el nuevo gobierno y sus aliados.
Deluque representa la confianza de Abelardo. Henríquez encarna el peso parlamentario del uribismo. Entre ambos se libra la primera gran batalla política de una administración que todavía no ha llegado a la Casa de Nariño.


