Rebelión: el voto castigo contra el apagón minero

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Este domingo, las urnas en el departamento del Cesar no solo elegirán al próximo presidente de Colombia, sino que serán el escenario de un referendo de supervivencia. En el otrora próspero corredor minero, que abarca municipios como La Jagua de Ibirico, Agustín Codazzi, Becerril, El Paso y Chiriguaná, se gesta un voto castigo monumental contra la política de «transición energética justa» impulsada por el actual Gobierno.

Para las élites bogotanas, la transición significa discursos en cumbres climáticas; para los habitantes del Cesar, ha significado desempleo, abandono institucional y la quiebra de la economía local.

El costo humano de la descarbonización acelerada

Las cifras son lapidarias. El corredor carbonífero del Cesar llegó a representar cerca de 12.000 empleos directos y más de 60.000 indirectos. La salida de multinacionales como Prodeco en 2021 dejó una herida abierta que el Estado no ha sabido sanar, disparando el desempleo en zonas como La Jagua de Ibirico a niveles insostenibles.

Hoy, los trabajadores del sector carbonero se sienten acorralados. Mientras el Gobierno sataniza la extracción de hidrocarburos y la asfixia con cargas tributarias, la promesa de reemplazar el músculo financiero de la minería (que aporta el 50% de la economía del departamento) con turismo o proyectos agropecuarios a corto plazo resulta ser una utopía inalcanzable.

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El «Corredor de la Vida» choca con la realidad

A escasos meses de las elecciones, el Gobierno intentó apagar el incendio social anunciando un documento Conpes con inversiones por $433 mil millones para transformar la zona en el «Corredor de Vida», prometiendo granjas solares y reconversión laboral. Sin embargo, para los líderes sindicales y las comunidades, esto es un paño de agua tibia.

El reclamo generalizado es que se intenta ejecutar en tres años un proceso de descarbonización que, de manera técnica y responsable, tomaría más de dos décadas. Los paneles solares no alimentan a las familias hoy, ni las mesas de diálogo suplen la economía formal que desapareció con el cierre de los socavones.

Un voto por la supervivencia

Este domingo, la frustración se traducirá en votos. El electorado del Cesar se debate entre la asfixia económica que plantea la continuidad del modelo actual y las propuestas de candidatos que prometen reactivar, o al menos no criminalizar, la industria extractiva mientras se realiza una transición planificada y realista. Para los mineros del Cesar, oponerse a esta transición acelerada no es un acto de negacionismo climático, es un grito desesperado por garantizar el sustento de sus familias frente a un Estado que decidió apagarles la economía antes de construirles una alternativa viable.

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