El Gobierno de Abelardo de la Espriella estudia una transformación profunda del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec) que podría incluir su traslado del Ministerio de Justicia al Ministerio de Defensa. La propuesta busca fortalecer la seguridad, el control interno y la capacidad disciplinaria de una entidad golpeada durante años por denuncias de corrupción, ingreso de elementos prohibidos y poder de organizaciones criminales desde las cárceles.
Por ahora, el cambio no está oficialmente aprobado. El Inpec continúa adscrito al Ministerio de Justicia y del Derecho, como establece su estructura institucional vigente. Tampoco aparece hasta el momento un decreto presidencial que formalice su traslado al sector Defensa, por lo que la iniciativa debe entenderse como una alternativa bajo análisis dentro del nuevo Ejecutivo.
El Gobierno estudia un cambio que modificaría la naturaleza del Inpec
La propuesta va mucho más allá de cambiar el nombre de la cartera encargada de supervisar al instituto. Trasladar el Inpec al Ministerio de Defensa obligaría a revisar su misión, estructura, régimen administrativo y mecanismos de control, además de definir cómo se coordinaría con la Policía Nacional y las Fuerzas Militares en asuntos de seguridad penitenciaria.
Actualmente, el instituto administra la custodia y vigilancia de la población privada de la libertad bajo responsabilidad nacional. Su dependencia del sector Justicia también lo conecta directamente con la política criminal, la resocialización y las decisiones penitenciarias. Moverlo hacia Defensa representaría uno de los cambios institucionales más importantes del sistema carcelario colombiano en décadas.
Seguridad y disciplina estarían detrás de la transformación
Uno de los argumentos que impulsa la discusión tiene que ver con las dificultades para ejercer controles disciplinarios dentro de las cárceles. Durante años, organismos del Estado han investigado denuncias relacionadas con corrupción de funcionarios, ingreso de celulares, armas, estupefacientes y otros elementos prohibidos a establecimientos penitenciarios.

El Gobierno busca aumentar la capacidad para reaccionar frente a esas irregularidades y reforzar la autoridad dentro de los establecimientos. La seguridad penitenciaria ya venía recibiendo inversiones en equipos de protección, vehículos blindados y operaciones especiales, mientras las autoridades intentaban enfrentar amenazas contra guardianes y actividades criminales organizadas desde las cárceles.
El régimen de los guardianes también entraría en discusión
Una eventual reforma abriría otro debate delicado: qué régimen laboral, disciplinario y administrativo tendrían los guardianes y demás funcionarios del Inpec. Algunas versiones plantean acercar su funcionamiento al modelo existente dentro del sector Defensa, con mayores exigencias en materia de disciplina y organización institucional.
Sin embargo, un simple traslado de ministerio no convertiría automáticamente a los funcionarios del Inpec en miembros de la Fuerza Pública. La Constitución establece que esta última está integrada exclusivamente por las Fuerzas Militares y la Policía Nacional. Por ello, cualquier restricción adicional sobre derechos sindicales o políticos necesitaría un fundamento constitucional y legal específico.
Los sindicatos aparecen en uno de los puntos más sensibles
El papel de las organizaciones sindicales también aparece dentro de la discusión. Sectores cercanos al sistema penitenciario sostienen que algunos fueros pueden dificultar determinados procesos disciplinarios, mientras las organizaciones de trabajadores han sido históricamente actores centrales en las denuncias sobre corrupción, seguridad y condiciones laborales dentro del Inpec.
La Constitución protege el derecho de asociación sindical de los servidores públicos y excluye específicamente a los miembros de la Fuerza Pública. Por esa razón, cualquier transformación que afecte esos derechos tendría que superar un debate jurídico mucho más profundo que una simple decisión administrativa sobre la adscripción del instituto.
El Congreso podría terminar teniendo la última palabra
Otro interrogante está en el mecanismo necesario para ejecutar la reforma. El Gobierno analiza si puede realizar el cambio mediante facultades del Ejecutivo o si tendrá que llevar una iniciativa al Congreso, especialmente si la transformación modifica de fondo la naturaleza, funciones y régimen del instituto.

Hasta ahora no existe un acto oficial que concrete el traslado. La estructura pública vigente sigue ubicando al Inpec dentro del sector Justicia, y las páginas institucionales consultadas no registran todavía su incorporación al Ministerio de Defensa. La discusión, por tanto, apenas comienza y deberá pasar del terreno político a una fórmula jurídica viable.
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Las cárceles serán una prueba temprana para De la Espriella
La discusión coincide con las primeras decisiones del nuevo Gobierno frente a presos de alto perfil, control penitenciario y seguridad nacional. De la Espriella ha situado la lucha contra las estructuras criminales entre las prioridades de su administración, lo que convierte al sistema carcelario en uno de los frentes donde podría evidenciarse con mayor rapidez el cambio de enfoque.
Si el Ejecutivo decide avanzar, tendrá que resolver una ecuación compleja: fortalecer el control dentro de las cárceles sin debilitar la función de resocialización, garantizar los derechos de los funcionarios y definir hasta dónde puede llegar la participación del sector Defensa. El futuro del Inpec podría convertirse así en una de las primeras grandes reformas institucionales del nuevo Gobierno.


