El presidente Abelardo de la Espriella apareció luciendo un casco del Esmad durante un encuentro con uniformados. La escena coincide con el regreso oficial del escuadrón antidisturbios y revive la discusión sobre la pistola que suele llevar al cinto.
Primero fue la pistola al cinto. Después, el chaleco antibalas durante sus recorridos de seguridad. Y ahora, un casco del Esmad completa una nueva escena de la particular imagen pública que ha proyectado el presidente Abelardo de la Espriella desde su llegada a la Casa de Nariño. El episodio quedó registrado en un video de 44 segundos en el que el mandatario aparece rodeado de integrantes de la Fuerza Pública, luciendo un casco negro con visor protector y la inscripción ESMAD. En las imágenes saluda a un uniformado, señala hacia los presentes y gesticula frente a un micrófono. En su cintura también se observa la pistola que ya ha generado controversia.
La escena podría pasar como una anécdota más de sus encuentros con policías y militares. Sin embargo, adquiere otro significado por su coincidencia con una decisión que marca una diferencia entre su administración y la de Gustavo Petro: el regreso del Escuadrón Móvil Antidisturbios, Esmad, a la estructura oficial de la Policía Nacional.
Del diálogo de Petro al regreso del Esmad
La Policía Nacional expidió la Resolución 03226 del 13 de octubre de 2026, mediante la cual creó la Unidad Nacional Antidisturbios (UNADI) y recuperó la denominación de Escuadrón Móvil Antidisturbios para las unidades operativas encargadas de intervenir en disturbios y situaciones de alteración del orden público. La decisión, conocida públicamente el viernes 16 de octubre, también derogó la Resolución 03684 del 11 de noviembre de 2022, que había establecido la Unidad de Diálogo y Mantenimiento del Orden (UNDMO) durante el gobierno de Gustavo Petro.
Aquella transformación buscaba dar prioridad al diálogo y la mediación en la atención de las manifestaciones. No significó la desaparición de las capacidades policiales para controlar disturbios, sino una reorganización institucional que pretendía modificar los protocolos y la manera de abordar los conflictos sociales. Ahora, bajo el gobierno de De la Espriella, la Policía recupera expresamente la denominación antidisturbios. La nueva estructura contará con dependencias regionales y escuadrones operativos, y tendrá un periodo de transición de 90 días para adoptar su organización.
El cambio no es únicamente de nombre. También se inscribe en una revisión de las reglas de intervención de la Fuerza Pública durante las protestas, especialmente frente a hechos violentos, bloqueos y afectaciones de servicios esenciales. Mientras el Gobierno defiende la necesidad de garantizar el orden público y la movilidad, sectores de oposición y organizaciones defensoras de derechos humanos advierten sobre los riesgos de reducir el protagonismo del diálogo previo a las intervenciones policiales.
De la pistola al cinto al casco del Esmad

El casco del Esmad llega a una imagen presidencial que ya había despertado controversias. El 22 de septiembre, De la Espriella recorrió sectores de Santa Marta acompañado por miembros de la Fuerza Pública, en medio de la crisis de seguridad ocasionada por las acciones de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada. En los videos difundidos de aquella jornada se le observó con una pistola en la cintura y, durante parte del recorrido, con chaleco antibalas. Posteriormente, el mandatario también apareció armado en actividades de seguridad en Cali.
Las imágenes produjeron reacciones encontradas. Sus partidarios destacaron que el presidente acompañara personalmente a policías y militares en zonas afectadas por la criminalidad. Sus críticos cuestionaron la conveniencia de que un jefe de Estado civil se presentara públicamente armado. La defensora del Pueblo, Iris Marín, también expresó reparos frente a la imagen del mandatario como combatiente. De la Espriella respondió a los cuestionamientos el 25 de septiembre, durante otra visita a Santa Marta, con una frase que resumió su disposición frente a la polémica: «Que sigan criticando, que eso me impulsa».
Ahora, con el casco antidisturbios sobre su cabeza, el presidente protagoniza una nueva escena que alimenta la discusión sobre el lugar que ocupan los símbolos policiales y militares en su comunicación pública.
Entre la autoridad y los símbolos presidenciales
El contraste con Gustavo Petro resulta significativo. Mientras el expresidente impulsó una transformación institucional que colocaba el diálogo en el centro de la actuación policial frente a las protestas, De la Espriella ha defendido reglas que otorgan mayor margen de intervención a las autoridades cuando se presentan actos de violencia o bloqueos que afectan derechos de terceros. Son enfoques distintos frente a una responsabilidad compartida: proteger la seguridad ciudadana sin desconocer el derecho constitucional a la manifestación pacífica.
La controversia tampoco puede reducirse al uso de un casco. El presidente, como comandante supremo de la Fuerza Pública, tiene responsabilidades constitucionales sobre la seguridad y el orden público; sin embargo, la conducción política de policías y militares no equivale al ejercicio de sus funciones operativas. De allí surge el debate sobre las imágenes que proyecta un mandatario cuando aparece con armamento, chalecos de protección o equipos utilizados por unidades especiales.
Para sus defensores, esas apariciones representan cercanía con quienes enfrentan la delincuencia. Para sus detractores, pueden confundir la autoridad civil con una representación militarizada del poder presidencial. En medio de esas interpretaciones, el casco del Esmad se convierte en un elemento más de una discusión que trasciende la indumentaria: cómo debe ejercer y comunicar su autoridad el presidente de una democracia.
Y aunque las imágenes puedan generar aplausos o controversias, los resultados de la política de seguridad deberán medirse por indicadores concretos: reducción de la violencia, protección de la ciudadanía, respeto de los derechos fundamentales y efectividad de las instituciones. Porque una pistola al cinto, un chaleco antibalas o un casco antidisturbios pueden transmitir determinados mensajes políticos. La seguridad de los colombianos, en cambio, se demuestra con resultados.

