La reconversión de carromuleros en Valledupar entró en una etapa decisiva. La Alcaldía comenzó a verificar quiénes de los conductores registrados años atrás continúan realmente trabajando con vehículos de tracción animal, antes de avanzar con la entrega de los primeros 100 motocarros eléctricos.
Reconversión de carromuleros comienza por depurar el censo
La jornada de actualización se realizó en el Parque de la Leyenda Vallenata y convocó a personas que habían participado en el censo adelantado en 2022. El objetivo es comprobar cuáles permanecen vinculadas a esta actividad, actualizar sus condiciones familiares y laborales y determinar quiénes podrán continuar dentro del proceso institucional.
La actualización resulta fundamental porque las cifras conocidas hasta ahora corresponden a caracterizaciones anteriores. En 2025 se reportaban 345 vehículos de tracción animal activos en Valledupar, mientras 173 familias habían sido priorizadas para la reconversión. La primera fase contempla beneficiar a 100 de ellas con vehículos eléctricos.
Por eso, todavía no existe una cifra definitiva que permita responder cuántos carromuleros continúan actualmente trabajando en las calles de la ciudad. Ese dato deberá surgir justamente de la depuración que adelanta la administración municipal.
De la carreta al motocarro eléctrico
El proceso busca reemplazar progresivamente los vehículos de tracción animal por alternativas eléctricas que permitan a las familias mantener una actividad económica sin depender de caballos para transportar carga.
La Alcaldía formalizó anteriormente un convenio con el Fondo de Energías No Convencionales y Gestión Eficiente de la Energía, FENOGE, para avanzar en la sustitución. El proyecto contempla inicialmente 100 motocarros eléctricos, además de infraestructura para su funcionamiento.
La iniciativa de FENOGE incluye la provisión de vehículos eléctricos de carga o pasajeros y la instalación de estaciones alimentadas mediante sistemas solares fotovoltaicos. Valledupar hace parte del programa junto con municipios de Magdalena, Boyacá, Cauca y Bolívar.
El componente no se limita a cambiar un vehículo por otro. También están previstos procesos relacionados con conducción, mantenimiento, educación ambiental y formación para los beneficiarios.
¿Qué pasará con los caballos?
Uno de los puntos centrales será garantizar que los equinos entregados durante la sustitución no regresen posteriormente a trabajos de carga. La reconversión, por tanto, necesitará mecanismos de seguimiento tanto para los animales como para las familias beneficiadas.
El objetivo planteado por la administración es retirar progresivamente los vehículos de tracción animal de las calles mientras los actuales carromuleros reciben una alternativa que les permita conservar su fuente de ingresos.
Esta dimensión social será determinante. El reto no consiste únicamente en mejorar la movilidad o atender las denuncias de maltrato animal, sino también en evitar que la eliminación de las carromulas deje sin sustento a hogares que durante años han dependido de ese oficio.
El panorama laboral de la ciudad mantiene además desafíos importantes de informalidad y pobreza, aspectos señalados recientemente en el Informe de Calidad de Vida de Valledupar. Por eso, cualquier proceso de reconversión tendrá que combinar bienestar animal con alternativas económicas sostenibles para los trabajadores.
Los primeros 100 no resolverán todo el problema
La entrega anunciada de 100 motocarros cubrirá solamente una primera parte de la población previamente identificada. El alcalde Ernesto Orozco ha señalado que la intención de su administración es gestionar recursos adicionales para avanzar hacia una reconversión total antes de terminar su mandato.
El nuevo censo permitirá establecer con mayor precisión cuánto falta para alcanzar ese objetivo. También deberá determinar si algunos de los registrados en 2022 abandonaron el oficio, cambiaron de actividad o continúan dependiendo de los vehículos de tracción animal.
La pregunta, entonces, no es solamente cuántos carromuleros quedan en Valledupar, sino cuántas familias deberán ingresar finalmente a la reconversión y qué garantías tendrán para abandonar definitivamente una actividad que durante décadas hizo parte del paisaje urbano de la ciudad.


