Reportaje (Primera entrega):

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La Junta: el bastión electoral de Abelardo donde aún falta agua potable

Primera parte: El pueblo que aprendió a vivir esperando el agua

El problema del agua potable en La Junta sigue marcando la vida cotidiana de cientos de familias del corregimiento más poblado de San Juan del Cesar.

Por John Javier Acosta Rodríguez

Todavía no son las ocho de la mañana cuando un pequeño grupo de habitantes comienza a internarse entre las enormes piedras de la Sierra Nevada de Santa Marta. No llevan pancartas ni camisetas de ningún partido político. Tampoco marchan para protestar. Caminan en silencio. Algunos cargan únicamente un teléfono celular. Otros llevan la esperanza intacta de encontrar respuestas donde durante décadas solo han encontrado promesas.

Su destino es la vieja bocatoma artesanal que abasteció durante años al corregimiento de La Junta, en jurisdicción de San Juan del Cesar, al sur de La Guajira.

Allí, entre el rumor del agua que todavía se abre paso entre las rocas y la sombra de los árboles, vuelve a repetirse una escena que para los junteros parece condenada a no terminar nunca: mirar el agua correr mientras en sus casas sigue haciendo falta un servicio de agua potable permanente.

Las fotografías tomadas durante esa caminata comenzaron a circular rápidamente por grupos de WhatsApp. No mostraban una tragedia natural ni una emergencia reciente. Mostraban algo mucho más profundo: el cansancio de una comunidad que siente que lleva demasiado tiempo esperando.

Uno de los mensajes resumía ese sentimiento con una frase sencilla, pero contundente:

«Exijo una explicación».

No era una consigna política. Era el grito de una población que, después de tantos anuncios, contratos, estudios, socializaciones y promesas oficiales, sigue preguntándose cuándo llegará el día en que abrir una llave deje de ser un acto de fe.


El pueblo donde la política tomó un rumbo distinto

Resultados de la votación rural en San Juan del Cesar, donde La Junta fue el corregimiento con mayor respaldo electoral para Abelardo de la Espriella.
La Junta registró 628 votos para Abelardo de la Espriella y 197 para Iván Cepeda, convirtiéndose en uno de los principales bastiones electorales del hoy presidente electo en la zona rural de San Juan del Cesar.

Mientras el mapa electoral de La Guajira pintaba un panorama favorable para Iván Cepeda en la segunda vuelta presidencial de 2026, hubo un territorio que decidió escribir una historia diferente. Ese territorio fue San Juan del Cesar.

Y dentro de ese municipio hubo un corregimiento que sobresalió por encima de todos: La Junta. Los resultados de la zona rural muestran que Abelardo de la Espriella obtuvo allí 628 votos, frente a 197 de su contendor. La diferencia de 431 sufragios convirtió al corregimiento en uno de sus principales bastiones electorales en el departamento.

El comportamiento fue similar en los otros dos corregimientos que también esperan la llegada del nuevo sistema de acueducto. En La Peña, Abelardo obtuvo 334 votos, contra 101 de Cepeda.

En Curazao, el hoy presidente electo consiguió 256 votos, mientras su rival alcanzó 85. No se trata únicamente de cifras electorales.

Se trata de tres comunidades unidas por una misma historia. Las tres llevan años esperando que el agua potable llegue de manera permanente.


El agua potable en La Junta sigue siendo una deuda histórica

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La comunidad continúa dependiendo del antiguo sistema artesanal mientras espera la entrada en funcionamiento del nuevo acueducto.

La historia del agua en La Junta no comenzó durante la campaña presidencial. Tampoco empezó con el actual Gobierno departamental. Ni siquiera con el contrato más reciente. La deuda viene de mucho antes.

Durante años, distintos gobiernos anunciaron soluciones para abastecer de agua potable al sur de La Guajira. Se prometieron estudios, diseños, inversiones y grandes proyectos que, en el papel, parecían suficientes para acabar con un problema histórico.

Sin embargo, mientras las administraciones cambiaban, los habitantes seguían dependiendo del viejo sistema artesanal que conduce el agua desde la Sierra Nevada. Ese sistema, construido décadas atrás, nunca fue pensado para atender la demanda actual del corregimiento.

En verano disminuye su caudal. Cuando aparecen daños, las reparaciones suelen depender del esfuerzo de la misma comunidad. Y, cuando las lluvias escasean, la incertidumbre vuelve a instalarse en cada hogar.

Por eso, para los habitantes de La Junta, la noticia de que finalmente el agua llegaría desde la represa del río Ranchería fue recibida como el comienzo de una nueva etapa. La esperanza parecía, por fin, tener respaldo presupuestal.


La promesa del río Ranchería

La solución propuesta por el Estado no consistía en mejorar la vieja bocatoma. El proyecto era mucho más ambicioso. La idea era aprovechar el agua almacenada en la represa El Cercado, sobre el río Ranchería, conducirla hasta la Planta de Tratamiento de Agua Potable (PTAP) de San Juan del Cesar y, desde allí, extender una nueva línea de conducción hacia La Junta, La Peña y Curazao.

En teoría, el esquema parecía resolver un problema que había acompañado durante décadas a miles de habitantes del sur guajiro. Pero entre la teoría y la realidad comenzaron a aparecer contratos, modificaciones, suspensiones, prórrogas y nuevos plazos.

Mientras tanto, en La Junta la vida siguió igual. Las familias continuaron mirando hacia la Sierra. No porque desconozcan el proyecto del río Ranchería. Sino porque, hasta hoy, la vieja bocatoma sigue siendo el único recordatorio tangible de que el agua existe.

La problemática del agua y el saneamiento básico no es exclusiva del sur de La Guajira. En otras zonas de la región también se han registrado situaciones que evidencian los desafíos en materia de servicios públicos. Leer también: Emergencia sanitaria por colapso de colector en Valledupar


Una comunidad que ya no quiere más discursos

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Líderes comunitarios y organismos de socorro visitaron la antigua bocatoma para constatar las condiciones del sistema artesanal.

Los mensajes que comenzaron a circular después de la visita a la bocatoma no reflejan únicamente inconformidad. También muestran agotamiento. Algunos habitantes proponen escribir directamente al presidente electo Abelardo de la Espriella.

Otros consideran que la presión debe dirigirse a la Empresa Departamental de Servicios Públicos de La Guajira (ESEPGUA), responsable del proyecto. También hay quienes recuerdan que las comunidades han asistido durante años a reuniones de socialización donde se anunciaba el inicio de las obras.

Lo que todos tienen en común es una misma pregunta: ¿Qué pasó con el proyecto que debía llevar agua potable a La Junta, La Peña y Curazao?

La respuesta no es sencilla. Para encontrarla hay que revisar contratos, actas, suspensiones, prórrogas y documentos oficiales que permiten reconstruir una historia mucho más compleja de lo que parece.

Y es precisamente allí donde comienza la verdadera investigación.

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