
Cansada de que la etiqueten como la sucesora o la «réplica» de la vicepresidenta, la senadora indígena Aida Quilcué lanzó una contundente respuesta. En un momento de alta tensión política, Quilcué reclama su propio espacio y trayectoria en la lucha social colombiana.
La política colombiana suele buscar espejos donde no los hay. Recientemente, la senadora Aida Quilcué ha estado en el centro de una ola de comparaciones con Francia Márquez, especialmente por su origen popular, su lucha por los territorios y su ascenso al poder legislativo. Sin embargo, la líder indígena del Cauca ha decidido poner un «freno de mano» a esta narrativa.
«No soy la sombra de nadie»
En una reacción que ha resonado en los sectores sociales, Quilcué enfatizó que, aunque respeta profundamente el camino de la vicepresidenta, sus luchas tienen matices y contextos distintos. Para la senadora, compararlas es una forma de invisibilizar las particularidades del movimiento indígena frente al movimiento afrodescendiente.
«Cada una tiene su historia y su proceso», fue el mensaje central de Quilcué, quien recordó que su liderazgo se ha forjado en la guardia indígena y en la defensa del territorio caucano mucho antes de que el «fenómeno Francia» estallara en la política electoral.
Estrategia política o identidad pura?
Analistas sugieren que este distanciamiento busca blindar su propia candidatura y liderazgo de cara al 2026, evitando que los errores o aciertos del Gobierno Petro (y específicamente de la Vicepresidencia) definan su futuro político. Quilcué quiere que el país la vea como la voz de los pueblos originarios, con agenda propia y autonomía crítica.
A pesar de las comparaciones, ambas líderes siguen siendo los pilares de la representación étnica en el poder, pero Quilcué ha dejado claro que no busca repetir fórmulas, sino abrir sus propios caminos.