El autocuidado ya no se entiende únicamente como una decisión individual relacionada con la alimentación, el ejercicio o la higiene. En el marco del Día Internacional del Autocuidado, conmemorado cada 24 de julio, expertos insisten en que cuidar la salud también depende del acceso a información confiable, tiempo disponible, recursos económicos y servicios médicos oportunos.
Prevenir antes de que aparezca la enfermedad
La Organización Mundial de la Salud define el autocuidado como la capacidad de las personas, las familias y las comunidades para promover y mantener su salud, prevenir enfermedades y afrontar diferentes condiciones, con o sin el acompañamiento de profesionales sanitarios.

Esta práctica comprende acciones cotidianas como dormir adecuadamente, mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física, cuidar la salud oral y proteger la piel. También incluye reconocer síntomas comunes, consultar fuentes confiables y saber cuándo es necesario acudir a un médico.
El autocuidado puede complementar los sistemas sanitarios y ampliar las posibilidades de prevención. Sin embargo, no debe confundirse con la automedicación ni utilizarse para reemplazar la valoración de un profesional. La OMS sostiene que estas intervenciones deben aplicarse de manera segura, efectiva y equitativa.
Falta tiempo y orientación para cuidarse
Un estudio elaborado por Kantar para Kenvue encontró que el 75 % de las personas en América Latina dedica menos de 30 minutos diarios a su cuidado personal. La investigación también señala que muchas personas no saben cómo comenzar una rutina, tienen dificultades para elegir productos o reciben recomendaciones contradictorias.
El exceso de información disponible en internet y redes sociales puede generar confusión. Aunque la inteligencia artificial puede ayudar a explicar algunos conceptos, los especialistas advierten que no debe sustituir la orientación médica, particularmente cuando existen síntomas persistentes, tratamientos en curso o enfermedades crónicas.
Las barreras no se limitan a la falta de disciplina. Las jornadas laborales extensas, los bajos ingresos, las responsabilidades familiares, la residencia en zonas rurales y las dificultades para acceder a los servicios de salud reducen las posibilidades reales de adoptar hábitos preventivos.
Las mujeres enfrentan mayores cargas de cuidado
La distribución desigual de las tareas domésticas también influye en el tiempo que una persona puede dedicar a su bienestar. En Colombia, nueve de cada diez mujeres realizan trabajos domésticos y de cuidado no remunerados y destinan, en promedio, más de siete horas diarias a estas labores.

Esta sobrecarga limita el descanso, la recreación, la formación académica y la posibilidad de asistir a controles médicos preventivos. Por ello, el debate sobre el autocuidado también involucra la redistribución de las responsabilidades entre las familias, el Estado, las empresas y la sociedad.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoció en 2025 el cuidado como un derecho humano autónomo, que comprende el derecho a cuidar, recibir cuidados y contar con las condiciones necesarias para cuidarse. La decisión refuerza la idea de que el bienestar no puede depender exclusivamente de la fuerza de voluntad de cada ciudadano.
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Una responsabilidad compartida
Incorporar el autocuidado a las políticas públicas implicaría fortalecer la educación preventiva, facilitar información clara, mejorar el acceso a servicios médicos y promover entornos laborales y comunitarios que permitan a las personas dedicar tiempo a su bienestar.
El desafío consiste en evitar que el cuidado personal sea visto como un privilegio reservado para quienes cuentan con tiempo y recursos. Su promoción requiere corresponsabilidad entre autoridades, profesionales de la salud, instituciones educativas, empresas, medios de comunicación y ciudadanos.


