Cierre del Hurtado enfrenta ambiente y sustento

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La sentencia que ordena proteger el río Guatapurí abrió un debate que supera la recuperación ambiental. Los vendedores del balneario Hurtado reconocen la necesidad de cuidar el afluente, pero temen perder su única fuente de ingresos si las autoridades aplican restricciones sin ofrecer alternativas laborales.

El panorama muestra dos preocupaciones legítimas. Por un lado, está la urgencia de frenar el deterioro del río y recuperar su ronda hídrica. Por el otro, aparece la incertidumbre de decenas de familias que dependen diariamente de las ventas, el turismo y los servicios ofrecidos en este sector de Valledupar.

Comerciantes apoyan la protección del Guatapurí

Los vendedores consultados aseguran que comprenden la gravedad de la situación ambiental. También reconocen que el balneario necesita mayor organización, controles efectivos y medidas que permitan conservar el río para las próximas generaciones.

Varios comerciantes manifestaron su disposición a participar en jornadas de limpieza, procesos de capacitación y acciones de recuperación ambiental. Su posición, según expresaron, no consiste en rechazar la protección del Guatapurí, sino en pedir que las decisiones incluyan a quienes han trabajado durante años en el lugar.

Para ellos, la conservación del río también representa la posibilidad de mantener la actividad turística. Un afluente deteriorado, contaminado o sin condiciones de seguridad terminaría afectando tanto al ecosistema como a quienes viven de la llegada de visitantes.

El cierre temporal del balneario Hurtado genera angustia

La preocupación aumenta ante la posibilidad de un cierre temporal o de restricciones prolongadas. Muchos vendedores obtienen allí el dinero necesario para alimentar a sus familias y cubrir gastos como arriendo, servicios públicos y educación.

Entre las personas afectadas hay madres cabeza de familia que aseguran haber criado a sus hijos gracias a las ventas realizadas en el balneario. También trabajan adultos mayores y ciudadanos que no cuentan con otra fuente estable de ingresos.

Por esta razón, los comerciantes piden que Corpocesar, la Alcaldía de Valledupar y la Gobernación del Cesar presenten un plan social antes de limitar la actividad económica. Las propuestas podrían incluir reubicaciones temporales, espacios autorizados de venta, capacitaciones, empleos vinculados con las obras y apoyos durante el periodo de intervención.

La principal petición es que las medidas no lleguen de forma repentina. Los vendedores consideran que una decisión ambiental sin acompañamiento social podría trasladar el problema hacia familias que ya enfrentan condiciones económicas difíciles.

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Reclaman controles en la parte alta del río

Otro punto del debate está relacionado con el alcance de las medidas. Los afectados cuestionan que la intervención parezca concentrarse en la zona baja del Guatapurí, especialmente en el balneario Hurtado.

Según su postura, la protección debe comenzar desde la parte alta y extenderse a toda la cuenca. Por ello, solicitan controles sobre actividades que puedan afectar el nacimiento, los afluentes, la calidad del agua y las zonas de protección ambiental.

Los comerciantes advierten que la recuperación será limitada si únicamente se restringen las ventas o el ingreso de visitantes en Hurtado. Consideran necesario identificar todas las fuentes de afectación y distribuir las responsabilidades entre ciudadanos, empresas, instituciones y autoridades.

Autoridades deberán buscar un equilibrio

Comerciantes realizan labores junto al río Guatapurí en el balneario Hurtado de Valledupar.
Los trabajadores del balneario Hurtado temen perder su sustento durante el proceso de recuperación ambiental del río Guatapurí.

El reto consiste en cumplir la sentencia y recuperar el río sin desconocer el derecho al trabajo. Para lograrlo, las entidades deberán escuchar a las comunidades, explicar el alcance de las restricciones y establecer un cronograma claro de intervención.

También será necesario realizar un censo actualizado de los vendedores y determinar cuántas familias dependen del balneario. Ese diagnóstico permitiría diseñar alternativas según las necesidades reales de cada trabajador.

La protección del Guatapurí no debe convertirse en una confrontación entre ambientalistas y comerciantes. Ambos sectores coinciden en que el río necesita acciones urgentes. La diferencia surge al momento de definir quién asumirá los costos económicos y sociales de la recuperación.

El futuro del balneario Hurtado dependerá de la capacidad de las autoridades para construir una solución integral. Salvar el río es una prioridad, pero también lo es evitar que las familias que han vivido de él durante décadas queden sin sustento.

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