Han pasado 44 años desde la muerte de Héctor Zuleta, uno de los músicos que más expectativas despertó dentro del vallenato de comienzos de los años 80. El acordeonero, compositor y verseador murió en Valledupar el 8 de agosto de 1982, cuando apenas tenía 21 años. Su partida interrumpió una carrera que comenzaba a consolidarse y dejó una obra que todavía permanece en la memoria del folclor.
Héctor Arturo Zuleta Díaz nació el 29 de septiembre de 1960 en Villanueva, La Guajira. Creció dentro de una familia marcada profundamente por la música. Era hijo del legendario Emiliano Zuleta Baquero y Carmen Díaz, y hermano de Poncho y Emilianito Zuleta.
Desde niño convivió con acordeones, versos, composiciones y parrandas. Ese ambiente familiar terminó convirtiéndose en una escuela musical permanente.
Héctor Zuleta construyó su propio camino
Llevar el apellido Zuleta significaba crecer bajo la sombra de una de las familias más reconocidas del vallenato. Sin embargo, Héctor comenzó a desarrollar características propias como intérprete.
Su forma de tocar el acordeón llamó la atención por la velocidad de su digitación y facilidad para construir melodías. También mostró condiciones para improvisar y componer.
No se limitó al acordeón. Durante sus primeros años pasó por diferentes agrupaciones como percusionista y cajero, experiencias que ampliaron su conocimiento de la estructura rítmica del vallenato.
Con el tiempo fortaleció otra faceta heredada de Emiliano Zuleta Baquero: el verso improvisado. Esa combinación lo convirtió en un músico con múltiples recursos y una comprensión amplia del género.
Quienes siguieron su trayectoria comenzaron a verlo como una de las figuras con mayor futuro de aquella generación.
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La unión musical con Adaníes Díaz
Una etapa decisiva llegó junto al cantante Adaníes Díaz. Con él desarrolló una propuesta que logró posicionarse durante los primeros años de la década de 1980.
La unión dejó producciones como Especiales, Pico y espuela y Nuevamente inolvidables. Esos trabajos permitieron que el estilo de Héctor Zuleta llegara a un público más amplio.
El acordeonero comenzó entonces a ganar reconocimiento fuera del círculo familiar de los Zuleta.
Su crecimiento artístico ocurrió con rapidez. A los 21 años ya había acumulado experiencia como instrumentista, compositor y acompañante musical.
Pero su mayor proyección apenas comenzaba.

Las canciones que mantienen vivo su nombre
Héctor Zuleta también dejó una importante huella como compositor.
Entre las obras asociadas a su legado aparece ‘Flor de mayo’, canción grabada por Jorge Oñate y posteriormente interpretada por Poncho Zuleta.
Otras composiciones alcanzaron reconocimiento en la voz de Diomedes Díaz. Entre ellas se encuentran ‘Me deja el avión’, ‘Vendo el alma’, ‘Firme como siempre’ y ‘Penas de un soldado’.
Estas canciones permiten dimensionar la capacidad creativa de un músico cuya carrera terminó cuando todavía se encontraba en una etapa temprana.
Su obra sobrevivió al paso de las décadas. Varias composiciones siguen circulando entre seguidores del vallenato tradicional y nuevas generaciones de intérpretes.
Una muerte que estremeció al mundo vallenato
El 8 de agosto de 1982, Valledupar recibió la noticia de la muerte de Héctor Arturo Zuleta Díaz.
Tenía apenas 21 años.
El impacto fue profundo porque el vallenato no despedía solamente a un joven músico. Perdía a un artista que comenzaba a perfilarse como uno de los nombres llamados a ocupar un lugar importante dentro del género.
Su fallecimiento quedó asociado a una sensación que todavía acompaña su historia: la de una carrera interrumpida demasiado pronto.
El paso de los años fortaleció esa percepción. Cada composición y cada grabación permiten imaginar hasta dónde habría podido llegar su propuesta musical.

“La esperanza del folclor”
La dimensión que alcanzó Héctor Zuleta entre músicos, periodistas e investigadores quedó reflejada en los homenajes posteriores a su muerte.
El compositor Juan Segundo Lagos escribió El difunto trovador, una obra dedicada a recordar al joven acordeonero.
En la canción destacó su capacidad musical y lo presentó como un artista querido que había demostrado, en muy pocos años, el tamaño de su talento.
Por su parte, el periodista e investigador Hernán Baquero Bracho llegó a definirlo como “la esperanza del folclor”. La expresión resume la expectativa que existía alrededor de su carrera.
Héctor reunía cualidades como acordeonero, creador de melodías, compositor y verseador. Esa versatilidad explica por qué su nombre continúa apareciendo cuando se habla de músicos vallenatos cuya historia terminó demasiado temprano.
44 años después, su música permanece
Este 8 de agosto de 2026 se cumplen 44 años de la muerte de Héctor Zuleta.
El tiempo no borró su nombre.
Sus canciones continúan siendo escuchadas y su historia sigue despertando interés entre quienes investigan las grandes dinastías del vallenato.
También permanece como referencia para músicos jóvenes que descubren en grabaciones antiguas una forma particular de interpretar el acordeón.
Su legado adquiere todavía más dimensión al recordar la edad que tenía cuando murió.
Héctor Zuleta alcanzó a construir una obra antes de cumplir los 22 años. Esa producción bastó para dejar su nombre dentro de la memoria vallenata.
Cuatro décadas después, su historia sigue acompañada por la misma pregunta que dejó su partida: hasta dónde habría llegado aquel joven acordeonero si la vida le hubiera concedido más tiempo.


