El tablero político de cara a la primera vuelta presidencial del próximo 31 de mayo acaba de sufrir una sacudida monumental. Cuando el país aún procesaba los resultados de las consultas interpartidistas, el candidato Iván Cepeda soltó una bomba que dejó sin aliento incluso a sus propios aliados: la senadora y lideresa indígena nasa, Aida Quilcué, será su inamovible fórmula vicepresidencial.
Lejos de buscar alianzas tibias de centro para sumar mayorías, la jugada de Cepeda es una declaratoria de guerra política frontal. Su objetivo no es ceder terreno, sino atrincherarse en las bases más puras y radicales del proyecto oficialista.
El plan maestro para arrebatarle el Cauca a la derecha
Detrás de lo que muchos tildan como un «error de cálculo», se esconde una estrategia territorial milimétrica. Al designar a una de las figuras indígenas más influyentes e históricas del suroccidente colombiano, Cepeda busca clavarle una estaca a las aspiraciones de Paloma Valencia, la gran triunfadora de la derecha, directamente en su patio trasero: el departamento del Cauca.
El Pacto Histórico sabe que en ese territorio tiene una fortaleza electoral arrolladora. Con Quilcué en el tarjetón, el oficialismo planea bloquear cualquier avance de la oposición en Popayán y sus alrededores, convirtiendo a la líder comunera en el muro de contención contra el avance conservador.
Tensión, «portazo» a Roy y el aval del Presidente

La noticia cayó como un rayo en las filas del petrismo. Fuentes internas revelaron que la decisión no fue consultada con las bases colectivas, desatando un feroz debate. Mientras los más críticos temen que Quilcué no sume un solo voto nuevo —al tratarse de un sector ya asegurado por la izquierda—, los pesos pesados del Gobierno defienden la movida.
«Es un mensaje contundente: este es el proyecto popular donde las mujeres que han luchado van a gobernar», sentenció la exministra Susana Muhamad, aplaudiendo la audacia de la designación. Además, en los pasillos políticos es un secreto a voces que la jugada cuenta con la bendición del propio presidente Gustavo Petro, con quien Cepeda sostuvo una reunión privada en plena jornada dominical.
El daño colateral de esta decisión tiene nombre y apellido: Roy Barreras. Con el anuncio de Quilcué, Cepeda le cierra violentamente la puerta en la cara al experimentado senador, dejándolo sin margen de negociación para la Vicepresidencia tras sus discretos resultados en la consulta del Frente por la Vida.
El reloj no perdona y el plazo de inscripciones vence este viernes 13 de marzo. Con el Pacto Histórico mostrando sus dientes, toda la presión recae ahora sobre Paloma Valencia. ¿Logrará convencer al fenómeno electoral de la jornada, Juan Daniel Oviedo, para que sea su escudero? La batalla por la Casa de Nariño acaba de subir de nivel.