Con el 100% de las mesas informadas en el Cesar, la segunda vuelta presidencial dejó una fotografía política contundente: Iván Cepeda Castro ganó el departamento con 281.730 votos, equivalentes al 50,88 %, mientras Abelardo de la Espriella obtuvo 265.645 votos, el 47,97 %. La diferencia fue de 16.085 votos, suficiente para marcar una nueva lectura electoral en un territorio donde las fuerzas tradicionales, los liderazgos locales y las nuevas corrientes políticas quedaron obligadas a revisar sus verdaderos alcances.
El Cesar quedó partido en dos bloques políticos
El resultado no muestra un dominio uniforme. Por el contrario, deja ver un departamento dividido entre dos tendencias fuertes. Cepeda ganó en 12 municipios, mientras De la Espriella se impuso en 13. Sin embargo, la victoria departamental de Cepeda se explica por el peso de Valledupar y por triunfos amplios en municipios claves del corredor minero y del centro del Cesar.
En Valledupar, Cepeda obtuvo 111.694 votos, frente a 98.277 de De la Espriella. La capital volvió a comportarse como el gran termómetro electoral del departamento y terminó inclinando buena parte del resultado general. Lo que pasó en Valledupar no fue menor: allí se concentró la mayor diferencia favorable para Cepeda y se confirmó que la ciudad ya no vota bajo una sola lógica política.
Los municipios donde Cepeda sacó ventaja
Iván Cepeda ganó en Agustín Codazzi, Becerril, Bosconia, Chiriguaná, Curumaní, El Copey, El Paso, La Jagua de Ibirico, Manaure Balcón Turístico, Pueblo Bello, Tamalameque y Valledupar.
Sus victorias más fuertes se dieron en El Paso, donde alcanzó el 67,40 %; El Copey, con 63,21 %; Pueblo Bello, con 62,98 %; Becerril, con 62,23 %; y La Jagua de Ibirico, con 62,08 %. Estos resultados muestran un respaldo importante en zonas donde pesan los debates sobre economía regional, carbón, transición productiva, empleo y presencia estatal.
También fue clave Agustín Codazzi, donde Cepeda llegó al 59,23 %, y Bosconia, donde obtuvo el 58,86 %. En esos municipios, el resultado sugiere que el voto progresista logró consolidarse más allá de Valledupar y encontró fuerza en sectores urbanos y populares.
De la Espriella dominó el sur y varias plazas tradicionales
Abelardo de la Espriella ganó en Aguachica, Astrea, Chimichagua, Gamarra, González, La Gloria, La Paz, Pailitas, Pelaya, Río de Oro, San Alberto, San Diego y San Martín.
Su mejor resultado porcentual estuvo en González, donde alcanzó el 67,79 %. También tuvo victorias amplias en Río de Oro, con 67,20 %; Gamarra, con 63,75 %; Aguachica, con 62,95 %; Pelaya, con 61,44 %; y La Paz, con 60,38 %.
Estos datos reflejan que el candidato mantuvo una base fuerte en buena parte del sur del Cesar y en municipios donde el discurso de seguridad, autoridad y defensa de sectores tradicionales tuvo mayor acogida. Aunque perdió el departamento, De la Espriella demostró que conserva una estructura electoral sólida en 13 municipios cesarenses.
Valledupar fue decisiva
La diferencia departamental fue de 16.085 votos a favor de Cepeda. Solo en Valledupar, la ventaja del candidato fue de 13.417 votos. Esa cifra muestra el peso determinante de la capital en el resultado final.
En términos políticos, Valledupar se convierte ahora en el principal escenario de disputa para las próximas elecciones. La ciudad ya venía mostrando señales de cambio en procesos anteriores, pero esta segunda vuelta confirmó que las estructuras tradicionales enfrentan un electorado más competitivo, más fragmentado y menos predecible.
Municipios cerrados: señales para el futuro
Hubo municipios donde la pelea fue especialmente estrecha. En Manaure Balcón Turístico, Cepeda ganó por apenas 78 votos. En Tamalameque, la diferencia fue de 140 votos. Del lado de De la Espriella, San Diego tuvo una diferencia de 441 votos y San Alberto de 481 votos.
Estos resultados dejan zonas en disputa para futuras campañas. Allí, cualquier alianza local, liderazgo comunitario o movimiento de opinión puede cambiar el resultado.
Una lectura para las próximas elecciones
El nuevo mapa político del Cesar deja varias conclusiones. La primera es que Valledupar pesa más que nunca. La segunda, que el sur del departamento sigue siendo una zona altamente competitiva para sectores de derecha. La tercera, que el corredor minero y varios municipios del centro respondieron con fuerza a una opción distinta a las casas políticas tradicionales.
La segunda vuelta no solo definió una preferencia presidencial en el Cesar. También dejó pistas sobre lo que puede pasar en las próximas elecciones legislativas, regionales y locales. El departamento quedó dividido, pero no inmóvil: las mayorías se están moviendo y ningún sector puede dar por asegurado el territorio.


