
El presidente Gustavo Petro volvió a encender las redes y el debate público con unas declaraciones que dejaron a más de uno con la boca abierta. Durante una reciente reunión con sus ministros, el mandatario soltó una frase que cayó como un balde de agua fría para el sector de la construcción y para las familias que sueñan con tener su techo propio: aseguró que endeudarse para comprar vivienda hoy en día es «de pendejos».
El regaño a la ministra y el dardo a los constructores
El jefe de Estado explicó que su comentario tan directo se debe a que las tasas de interés que cobran los bancos están por las nubes, lo que hace que sacar un crédito para comprar una casa termine siendo un dolor de cabeza y un mal negocio para el bolsillo de la gente trabajadora.
Pero el asunto no paró ahí. En medio de su intervención, le jaló las orejas a su ministra de Vivienda, exigiéndole que acelere la construcción de casas sin depender tanto de los empresarios privados. Incluso, propuso una idea radical: que sean los mismos ingenieros del Ejército los que se pongan las botas, cojan el cemento y empiecen a levantar las viviendas que hacen falta en el país.
Petro criticó duramente a los grandes constructores y a su gremio principal, señalando que se la pasan pidiendo subsidios y ayudas del Estado en lugar de buscar soluciones por su propia cuenta.
Le llueven críticas por el freno a los subsidios
Como era de esperarse, la llamativa frase no cayó nada bien en la otra orilla. Líderes políticos, exministros y expertos en economía no tardaron en responderle al presidente, armando un gran revuelo. Le recordaron que gran parte de la crisis que vive la venta de viviendas en el país se agravó por los fuertes cambios que su propio Gobierno le hizo al programa «Mi Casa Ya», el famoso subsidio que por años ayudó a las familias humildes a pagar la cuota inicial de su apartamento.
Los críticos aseguran que, al enredar y frenar la entrega de esos subsidios, muchísimos proyectos de construcción quedaron paralizados por completo. Esto ha dejado a una inmensa cantidad de obreros sin empleo y a miles de familias con los ahorros estancados, viendo cómo se esfuma la ilusión de estrenar casa.
Mientras el Gobierno y los empresarios de la construcción se tiran la pelota de las responsabilidades, lo único cierto es que el sueño de tener vivienda propia en Colombia está cada vez más difícil y costoso para el ciudadano de a pie.