¿Por qué el uribismo, salvo Duque, guarda silencio sobre Bolsonaro?

El silencio del uribismo sobre Bolsonaro ya no puede reducirse a Álvaro Uribe. Mientras dirigentes latinoamericanos celebraron el triunfo de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta presidencial de Brasil, varias de las principales figuras del Centro Democrático no han hecho un pronunciamiento equivalente. La excepción visible es Iván Duque, expresidente elegido en 2018 por ese partido. Detrás de esa diferencia aparece una discusión más profunda: ¿sigue el uribismo considerándose parte de la derecha que hoy se reorganiza en América Latina?

Flávio Bolsonaro terminó primero en las elecciones del domingo 4 de octubre con 47,03 % de los votos válidos, frente al 45,16 % de Luiz Inácio Lula da Silva. Los dos volverán a enfrentarse en segunda vuelta el próximo 25 de octubre. El resultado provocó reacciones inmediatas de dirigentes conservadores de varios países, entre ellos Javier Milei y el presidente colombiano Abelardo De la Espriella.

En Colombia también reaccionaron María Fernanda Cabal e Iván Duque. Pero, hasta la revisión realizada por Noticias del Cesar, no se encontró un mensaje equivalente en las cuentas públicas de Álvaro Uribe, Paloma Valencia, Rafael Nieto Loaiza, Claudia Margarita Zuleta ni del propio Centro Democrático.

La ausencia de esos mensajes no demuestra por sí sola una posición política concertada ni permite afirmar cuál es la razón del silencio. Sin embargo, declaraciones anteriores de Uribe y Valencia permiten introducir una explicación que hasta ahora había quedado fuera de la discusión: el propio uribismo ha cuestionado que deba ser definido simplemente como “la derecha”.

El silencio del uribismo sobre Bolsonaro va más allá de Uribe

La primera pregunta surgió alrededor del expresidente Álvaro Uribe. Noticias del Cesar ya había advertido que, mientras Milei, De la Espriella, Cabal y Duque reaccionaban al resultado brasileño, el fundador del Centro Democrático no había publicado un mensaje equivalente. Pero la revisión posterior amplió el panorama. Tampoco se encontró, hasta el momento de esta publicación, una reacción semejante de Paloma Valencia, quien fue candidata presidencial del Centro Democrático; de Rafael Nieto Loaiza; de Claudia Margarita Zuleta, dirigente cesarense de la colectividad; ni de las cuentas institucionales del partido.

Eso transforma la pregunta. Ya no es solamente: ¿por qué calla Uribe? Ahora es: ¿por qué buena parte del uribismo guarda silencio frente al avance electoral de Flávio Bolsonaro mientras otras expresiones de la derecha colombiana sí lo celebran?

Uribe: “No creo en izquierda ni derecha”

Una entrevista concedida por Álvaro Uribe a Noticias Caracol el 7 de mayo pasado ofrece una pista importante. En plena campaña presidencial colombiana, al ser interrogado sobre la división de la derecha, Uribe rechazó esa clasificación. “No creo en izquierda ni derecha”, respondió. Su argumento era que Colombia estaba ante una elección entre dos modelos: uno que asociaba con Petro y la estatización, y otro que definía alrededor de la democracia, las libertades y el bienestar colectivo. En aquel momento, ese segundo proyecto estaba representado electoralmente por Paloma Valencia.

La frase resulta particularmente relevante cinco meses después. Mientras Javier Milei construye buena parte de su discurso alrededor de una confrontación explícita con la izquierda y De la Espriella afirmó este domingo que “el verdadero cambio es derrotar a la izquierda”, Uribe había rechazado expresamente esa división binaria. El silencio actual no permite concluir que esa sea la causa. Pero sí muestra que la ausencia de una celebración del bolsonarismo es compatible con una definición política que el propio Uribe ya había hecho pública.

Paloma Valencia fue todavía más explícita

Uribe no ha sido el único dirigente del partido que ha cuestionado la etiqueta. El 23 de julio, Paloma Valencia afirmó que “el Centro Democrático nunca ha sido un partido de derecha”. Posteriormente defendió su posición y explicó que la colectividad debía ser entendida principalmente desde el pensamiento y la obra política de Álvaro Uribe. En una entrevista posterior con El Espectador fue todavía más clara: “Este es un partido uribista”.

Valencia sostuvo que no le gusta la etiqueta de derecha porque la considera insuficiente para describir la identidad de la colectividad. De esta manera aparecen dos declaraciones separadas en el tiempo, pero coincidentes en el fondo. Uribe dice: “No creo en izquierda ni derecha”. Paloma dice: “El Centro Democrático nunca ha sido un partido de derecha”. Ese antecedente permite mirar de otra manera el silencio del uribismo sobre Bolsonaro.

Duque, la excepción

Hay, sin embargo, una excepción importante: Iván Duque. El expresidente llegó a la Casa de Nariño en 2018 como candidato del Centro Democrático y con el respaldo decisivo de Álvaro Uribe. Pero este domingo sí felicitó directamente a Flávio Bolsonaro. Duque destacó su victoria en primera vuelta, reconoció el funcionamiento de las instituciones brasileñas y resaltó el respeto por la voluntad popular. También señaló que Brasil es fundamental para el presente y el futuro de América Latina.

Su tono, no obstante, fue distinto al utilizado por otros dirigentes. No presentó la elección como una derrota ideológica de la izquierda ni como parte de una batalla continental. Su mensaje se concentró principalmente en la democracia, las instituciones y la participación electoral. La diferencia también revive un viejo antecedente: aunque Duque fue elegido por el Centro Democrático, durante su gobierno mantuvo una relación de considerable autonomía frente al partido.

Al iniciar su mandato prometió gobernar sin cuotas partidistas. Esa decisión generó dificultades de gobernabilidad y reclamos dentro de su propia colectividad, que pidió mayor participación y cuestionó a integrantes del gabinete. Por eso, que Duque sea hoy la excepción dentro de este grupo no permite afirmar que haya roto con el pensamiento de Uribe, pero sí recuerda que su trayectoria política no siempre ha coincidido completamente con la dinámica interna del Centro Democrático.

Cabal tomó el camino contrario

El contraste más fuerte está probablemente en María Fernanda Cabal. Después de abandonar el Centro Democrático, Cabal se incorporó al Partido Republicano y definió abiertamente su nuevo proyecto como “la nueva derecha”. Según explicó, busca construir una plataforma alrededor de valores como la defensa de la vida, la propiedad, la fuerza pública y el ciudadano trabajador. Frente a las elecciones brasileñas también fue explícita.

Antes de conocerse el resultado, Cabal deseó suerte a Flávio Bolsonaro y relacionó su candidatura con ideas como libertad, familia y sentido común. Después celebró los resultados obtenidos por integrantes de la familia Bolsonaro. La diferencia resulta significativa. Cabal salió del partido de Uribe, reivindica expresamente una “nueva derecha” y celebra al bolsonarismo. Paloma permanece vinculada al uribismo y sostiene que el Centro Democrático nunca ha sido un partido de derecha.

No es posible establecer una relación causal entre ambos hechos, pero políticamente ofrecen dos maneras diferentes de definir un espacio que durante años fue presentado desde afuera como una sola derecha colombiana.

La disputa por quién representa a la derecha

La discusión no se limita a Brasil. En Colombia ya existe una controversia abierta alrededor de la identidad ideológica del Centro Democrático. Dirigentes de Salvación Nacional han cuestionado al uribismo desde posiciones ubicadas más a la derecha, mientras integrantes del Centro Democrático han reaccionado contra esos señalamientos.

El representante Andrés Guerra llegó a afirmar recientemente que “el enemigo para la ultraderecha es Uribe”, expresión utilizada por él para responder a los ataques contra el expresidente y su partido. También habló de sectores interesados en construir una denominada “nueva derecha” para las elecciones territoriales de 2027. La controversia muestra que el debate ya no consiste únicamente en enfrentar derecha e izquierda. Dentro del propio espacio conservador existe una disputa sobre identidades, liderazgos y fronteras ideológicas.

Milei, De la Espriella, Cabal y Duque sí hablaron

El resultado brasileño permite observar esas diferencias con particular claridad. Milei celebró abiertamente el avance de Bolsonaro como parte de su confrontación política con la izquierda. De la Espriella escribió que “el verdadero cambio es derrotar a la izquierda” y envió un mensaje directo de respaldo al candidato brasileño. Cabal, ya por fuera del Centro Democrático, reivindicó públicamente al bolsonarismo.

Duque también felicitó a Flávio, aunque desde un lenguaje institucional. Mientras tanto, las principales figuras del núcleo uribista consultadas permanecen, hasta ahora, sin un mensaje público equivalente.

¿Distancia del bolsonarismo o una identidad propia?

La evidencia disponible no permite responder definitivamente por qué ocurre. No existe, hasta ahora, una declaración de Uribe, Paloma Valencia, Rafael Nieto, Claudia Margarita Zuleta o del Centro Democrático explicando que hayan decidido guardar silencio sobre Brasil. Por eso sería incorrecto afirmar que existe una orden, una estrategia conjunta o un distanciamiento deliberado del bolsonarismo.

Lo que sí puede afirmarse es que el silencio coincide con una discusión ideológica que el propio uribismo viene planteando desde antes de las elecciones brasileñas. Uribe no quiere reducir su propuesta a las categorías de izquierda y derecha. Paloma Valencia sostiene que el Centro Democrático no es un partido de derecha y prefiere definirlo como uribista. Cabal, después de marcharse, reivindica precisamente una “nueva derecha”.

Brasil terminó proporcionando un escenario inesperado para observar esas diferencias. Flávio Bolsonaro ganó la primera vuelta y buena parte de la derecha continental salió a celebrarlo. En Colombia hicieron lo mismo De la Espriella, Cabal y Duque. El núcleo del uribismo, en cambio, permaneció en silencio. Tal vez la pregunta ya no sea solamente por qué no felicitaron a Bolsonaro. La discusión de fondo podría ser otra: ¿qué significa ser uribista cuando otras fuerzas políticas empiezan a disputar abiertamente la representación de la derecha colombiana?

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