ESPECIAL | PRIMERA ENTREGA DE CUATRO
El riesgo sísmico en Valledupar volvió al centro de la conversación este lunes 10 de agosto. Un fuerte movimiento sacudió buena parte de Colombia a las 7:34 de la mañana y también fue percibido en la capital del Cesar. En los primeros minutos, Noticias del Cesar informó sobre el fuerte sismo sentido en Valledupar, con la magnitud preliminar disponible en ese momento.
Horas después cambió la dimensión del hecho. El Servicio Geológico Colombiano ajustó la magnitud hasta 7,4, con epicentro cerca de San José del Palmar, Chocó. El director del organismo, Julio Fierro, lo describió como uno de los movimientos más fuertes sentidos en Colombia durante varias décadas. Noticias del Cesar publicó entonces la actualización del sismo de magnitud 7,4.
La tierra tampoco se quedó quieta después del evento principal. El SGC confirmó posteriormente dos réplicas en Chocó, de magnitudes 2,8 y 4,8. La secuencia obligó a mantener la vigilancia sobre estructuras ya afectadas.
La emergencia escaló rápidamente hasta el nivel nacional. El presidente Abelardo De La Espriella anunció su traslado a Bogotá para coordinar desde la UNGRD la respuesta al terremoto. El Gobierno concentró la atención en Chocó, el Eje Cafetero y otros territorios afectados.
Los primeros balances mostraron que no se trataba únicamente de un gran susto. Se conocieron reportes de heridos, derrumbes y afectaciones en aeropuertos. A esto se sumaron daños y derrumbes en el Eje Cafetero.
También comenzaron las inspecciones sobre infraestructura estratégica. Como medida preventiva, las autoridades ordenaron el cierre de la vía Bogotá–Villavicencio y activaron revisiones en distintos puntos del país.
Pero esta investigación de Noticias del Cesar busca ir más allá del terremoto de este lunes. La pregunta es local y permanece abierta: si algún día un movimiento severo tiene efectos importantes sobre Valledupar y el Cesar, ¿qué tan preparados estamos realmente?
Para buscar respuestas, Noticias del Cesar entrevistó a Petra Romero Navarro, directora de la Oficina Departamental para la Gestión del Riesgo de Desastres y Cambio Climático; a Hernán Felipe Araújo, gerente de Camacol Cesar; y a Nancio Galván Barros, presidente de la Sociedad de Ingenieros del Cesar.
Las tres voces miran el problema desde ángulos distintos. Una habla de capacidad institucional. Otra pone el foco sobre las construcciones. La tercera advierte sobre la distancia que puede existir entre tener una buena norma y lograr que se cumpla.
Riesgo sísmico en Valledupar: amenaza baja no significa riesgo cero
Hay una primera precisión que resulta indispensable. Amenaza sísmica y riesgo sísmico no significan exactamente lo mismo. La clasificación establecida para diseño bajo la NSR-10 ubica a Valledupar con parámetros Aa y Av de 0,10, correspondientes a amenaza sísmica baja. El Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente también obliga a considerar las condiciones particulares del suelo y las características de cada edificación.
El panorama tampoco es uniforme en todo el Cesar. El Plan Departamental de Gestión del Riesgo 2023-2030 reconoce que el departamento presenta zonas de amenaza sísmica baja e intermedia. La condición intermedia aparece especialmente hacia sectores del sur.
Por eso, estar en una zona de amenaza baja no convierte a Valledupar en una ciudad inmune. La vulnerabilidad también depende de cómo se construyó, del suelo, de la edad de los inmuebles y de las modificaciones realizadas con los años.
Ese será uno de los hilos centrales de esta serie.
El Cesar tiene una historia sísmica que no empezó hoy
Los documentos oficiales muestran que los movimientos de tierra no son ajenos al departamento. La Estrategia Departamental para la Respuesta a Emergencias del Cesar registra 37 eventos clasificados como sismos entre 1980 y 2022. Esos episodios dejaron, según la misma base, 140 familias afectadas y 58 viviendas averiadas. Los datos fueron consolidados por la Oficina Departamental de Gestión del Riesgo con información propia, DesInventar y la UNGRD.
La cifra no significa que el Cesar haya sufrido 37 grandes terremotos. Incluye eventos de distinta magnitud y nivel de afectación. Sin embargo, demuestra que el fenómeno sísmico forma parte del registro histórico departamental.
Uno de los episodios más recordados ocurrió el 14 de marzo de 2014. Un sismo con epicentro en Manaure Balcón del Cesar se sintió con fuerza en Valledupar. Los registros del SGC lo situaron alrededor de magnitud 5,5. En la capital se reportaron daños menores y el desplome parcial del techo de un establecimiento comercial.
Otros movimientos han aparecido después en los registros instrumentales. La propia red del Servicio Geológico Colombiano mantiene un catálogo de los eventos localizados en el país desde junio de 1993.
Ese registro reciente, sin embargo, es apenas una parte de la historia.
Río Seco: una falla muy cerca de Valledupar
Uno de los elementos más interesantes de esta investigación aparece al norte de Valledupar. Allí se encuentra la Falla Río Seco, una estructura geológica que ha sido objeto de estudios científicos. Su existencia no significa que pueda anunciarse un futuro terremoto. Tampoco permite establecer cuándo ocurrirá un movimiento fuerte.
Pero ignorarla tampoco tendría sentido. Un estudio científico sobre la Falla Río Seco, publicado en Ingeniare. Revista Chilena de Ingeniería, describe una estructura que se prolonga por unos 70 kilómetros en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta.
La investigación analizó información sísmica, imágenes satelitales y evidencias encontradas en campo. Los autores documentaron actividad sísmica de baja a moderada asociada al área y estudiaron indicios de deformación tectónica.
Río Seco tampoco está aislada dentro del contexto geológico regional. Los estudios identifican otros sistemas y fallas relacionados con la Sierra Nevada, el valle del Cesar y la Serranía del Perijá. Entre ellos aparecen estructuras como Guatapurí, Patillal y sistemas regionales mayores.
Aquí conviene poner un freno a cualquier interpretación alarmista. Que exista una falla no significa que mañana habrá un terremoto. La ciencia no puede establecer la fecha exacta de un futuro sismo. Lo que sí puede hacer es estudiar las estructuras geológicas, establecer niveles de amenaza y ayudar a reducir la vulnerabilidad.
Gestión del Riesgo asegura que el Cesar está preparado

Frente a ese escenario, Petra Romero Navarro envía un mensaje de tranquilidad. “El departamento del Cesar tiene un sistema departamental de gestión del riesgo preparado para cualquier emergencia”, aseguró durante la entrevista con Noticias del Cesar.
Según explicó, ese sistema mantiene articulación y monitoreo permanente con salud, organismos de socorro y fuerza pública. Romero aseguró también que desde 2025 la Oficina Departamental desarrolla capacitaciones, simulacros y “mapas familiares” con comunidades del Cesar.
“Seguimos preparando a las comunidades, seguimos preparando a las instituciones, a las entidades, a las alcaldías”, afirmó.
Su explicación coincide con la existencia de una estructura oficial de respuesta. La EDRE establece mecanismos de coordinación, cadenas de llamado, sala de crisis, niveles de emergencia y responsabilidades institucionales. Su objetivo es reducir los tiempos de respuesta ante un desastre.
Romero considera que la probabilidad de enfrentar en el Cesar un movimiento como el ocurrido recientemente en Venezuela es muy baja. También señala que la posibilidad aumenta, aunque continúa siendo baja, hacia municipios del sur.
Esa afirmación encuentra un punto de apoyo en la zonificación departamental. El PDGR reconoce áreas de amenaza baja e intermedia dentro del territorio cesarense.
Pero hay una segunda pregunta. Una institución puede estar preparada para atender una emergencia. ¿Lo están también todas las edificaciones?
Camacol advierte sobre lo que queda fuera de la construcción formal

Hernán Felipe Araújo, gerente de Camacol Cesar, pone el foco justamente allí. El dirigente gremial sostiene que las empresas vinculadas al sector formal trabajan bajo normas, licencias, diseños estructurales y otras exigencias técnicas.
Además, Araújo destaca la póliza decenal que deben tener determinados proyectos nuevos de vivienda. Según explicó, este mecanismo agrega controles al proceso constructivo.
Sin embargo, su preocupación aparece fuera del sector que representa. “Nosotros podemos responder por las viviendas que nosotros construimos. El problema es que hay una cantidad de construcción informal, de construcción que no representa Camacol”, señaló.
Araújo llevó el cuestionamiento más lejos. Según las cifras que citó durante la entrevista, Valledupar crea alrededor de 5.500 a casi 6.000 nuevos hogares cada año. Mientras tanto, el número de viviendas vendidas por el sector formal es considerablemente menor.
Noticias del Cesar verificará documentalmente esas cifras antes de desarrollarlas en la segunda entrega, pero el planteamiento ya deja una pregunta poderosa.
¿Dónde están viviendo todos los hogares que no llegan a una vivienda producida por el sector formal? Y otra todavía más delicada: ¿quién verifica cómo fueron construidas esas viviendas?
Las licencias de reconocimiento abren otro interrogante
Araújo agregó un dato que esta investigación también está verificando. Según su consulta de cifras correspondientes a 2025, se habrían licenciado alrededor de 118.000 metros cuadrados de construcción nueva, frente a cerca de 84.000 metros cuadrados mediante licencias de reconocimiento.
La diferencia es fundamental. Una licencia de construcción interviene antes o durante un proyecto nuevo. El reconocimiento, en cambio, puede involucrar edificaciones que ya existen y buscan entrar posteriormente en un proceso de formalización.
Araújo formuló entonces una pregunta que será central en la siguiente parte de esta investigación: ¿Cómo se garantiza que una construcción levantada previamente cumplió durante su ejecución todos los criterios técnicos y sismorresistentes?
La Curaduría Urbana de Valledupar tendrá que ayudar a responderla.
Los ingenieros: el problema puede estar en cumplir la norma

Nancio Galván Barros, presidente de la Sociedad de Ingenieros del Cesar, coincide en que Colombia cuenta con herramientas técnicas suficientes. Su preocupación está en otro lugar.
“Colombia tiene una norma sismorresistente muy robusta. El punto es darle cumplimiento. Esa es la gran debilidad que tenemos en Colombia”, afirmó.
Galván explica que el licenciamiento exige documentos arquitectónicos, diseños estructurales y estudios geotécnicos según las características del proyecto. Las construcciones formales de mayor dimensión suelen pasar por ese proceso. Además, los profesionales responsables de los diseños asumen obligaciones legales.
El problema aparece, según el ingeniero, cuando una obra se levanta sin licencia o cuando una edificación antigua nunca ha sido evaluada bajo estándares posteriores.
¿Y qué pasa con las edificaciones antiguas?
Valledupar no fue construida bajo una única norma. Existen viviendas y edificios levantados hace varias décadas. Muchas de esas estructuras fueron diseñadas antes de la actual NSR-10 e incluso antes de reglamentaciones anteriores.
Galván explica que eso no significa automáticamente que una edificación sea insegura. Significa que, cuando existen dudas, puede requerirse una evaluación de vulnerabilidad sísmica.
Esa evaluación permite establecer cómo podría comportarse la estructura. También puede determinar si necesita un reforzamiento.“Una persona que quiere saber cómo está el estado de su edificación puede recurrir a los ingenieros para determinar el estado de vulnerabilidad sísmica”, explicó.
Pero Galván dejó una afirmación todavía más sensible.
Galván pone la lupa sobre edificios del Estado
El presidente de la Sociedad de Ingenieros aseguró que también existen edificaciones públicas que requieren evaluaciones o reforzamientos. “Uno de los mayores desconocedores de la norma es el propio Estado”, afirmó durante la entrevista.
Galván sostuvo que conoce edificaciones estatales construidas antes de normas actuales que todavía necesitan intervención. Sin embargo, no quiso identificar públicamente cuáles son.
Noticias del Cesar no presentará esa afirmación como un hecho probado sobre edificios específicos mientras no exista documentación que permita comprobarla, pero el planteamiento abre otra línea de investigación.
Hospitales, clínicas, estaciones de bomberos y otras estructuras esenciales adquieren una importancia extraordinaria durante un terremoto. No basta con evitar su colapso. Deben seguir funcionando cuando la población más las necesita.
Y esa será otra pregunta que esta serie buscará responder.
El riesgo sísmico en Valledupar deja preguntas incómodas
Hasta este punto aparecen tres realidades. El Cesar cuenta con una estructura institucional para responder a emergencias. Valledupar está clasificada dentro de una zona de amenaza sísmica baja bajo la NSR-10. Además, el departamento combina áreas de amenaza baja e intermedia.
Pero también existen antecedentes sísmicos. La historia departamental registra eventos con afectaciones. La Falla Río Seco ha sido estudiada científicamente. Y los expertos entrevistados plantean interrogantes sobre construcción informal, edificaciones antiguas y cumplimiento de las normas.
Por eso, la discusión no puede terminar en una clasificación de “amenaza baja”. Todavía debemos establecer cuánto de Valledupar fue construido bajo las normas actuales. También falta conocer qué ocurre con las edificaciones levantadas sin licencia.
Hay que determinar, además, quién verifica las modificaciones posteriores de una vivienda. Y falta responder qué tan vulnerables pueden ser construcciones antiguas y edificios esenciales.
La Curaduría Urbana será una fuente fundamental para avanzar sobre esas respuestas.
Valledupar puede estar situada en una zona de amenaza sísmica baja y el Cesar puede tener organismos preparados para responder. Pero entre una emergencia y una tragedia existe otra variable: la calidad de aquello que hemos construido sobre el suelo que algún día volverá a moverse.
En la segunda entrega: Noticias del Cesar investigará las construcciones formales e informales, las licencias, los reconocimientos y el crecimiento vertical de una ciudad que cada vez construye más hacia arriba.


