El padre Patricio Alfredo Sánchez Molinari reflexionó sobre la muerte y el tiempo dedicado a Dios antes de fallecer por la caída de un crucifijo en Guayaquil, Ecuador.
Una reflexión sobre la muerte, pronunciada durante una homilía, adquirió un significado inesperado. Su autor, el sacerdote Patricio Alfredo Sánchez Molinari, falleció minutos después mientras celebraba una misa en Guayaquil, Ecuador. El religioso había invitado a los feligreses a pensar en la brevedad de la vida. También habló del tiempo dedicado a Dios, la familia y las personas cercanas.
«Un día, todos los que estamos aquí también vamos a morir», expresó ante los asistentes. Sus palabras quedaron registradas en una transmisión en vivo realizada el sábado 17 de octubre de 2026, en la iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Nadie imaginaba entonces que aquella reflexión sería una de las últimas enseñanzas del sacerdote.
La reflexión del sacerdote sobre la muerte y el tiempo
La homilía estaba relacionada con un pasaje del Evangelio de Mateo. En él, Jesús responde a quienes le preguntan sobre el pago de impuestos al César. A partir de esa enseñanza, el padre Patricio Sánchez invitó a sus feligreses a revisar las prioridades de su vida. El sacerdote señaló que las ocupaciones cotidianas pueden desplazar la espiritualidad. Mencionó el trabajo, el dinero y las distracciones que consumen buena parte de nuestros días.
Su mensaje no se limitó a recordar que todos los seres humanos morirán. También buscaba destacar la importancia de aprovechar el tiempo. Durante su reflexión, explicó que los momentos compartidos con Dios, los hermanos, los esposos y los hijos tienen un valor que supera muchas preocupaciones materiales. La muerte apareció así como una realidad inevitable. Sin embargo, el centro de su enseñanza fue la manera de vivir y compartir el tiempo disponible.
Una tragedia minutos después de la homilía
Terminada su reflexión, la celebración religiosa continuó con normalidad. Posteriormente, mientras los asistentes participaban en las oraciones de los fieles, ocurrió el accidente. Un pesado crucifijo de madera, instalado detrás del altar, se desprendió y cayó sobre la cabeza del sacerdote. Los feligreses reaccionaron inmediatamente. Entre gritos de angustia, algunas personas intentaron auxiliarlo y otras pidieron una ambulancia.
El accidente ocurrió durante la misa de la noche del sábado 17 de octubre. La ceremonia era transmitida por redes sociales. El padre Patricio Alfredo Sánchez Molinari falleció como consecuencia del impacto. Hasta este domingo 18 de octubre no se había establecido públicamente qué provocó el desprendimiento de la estructura.
¿Quién era el padre Patricio Sánchez Molinari?
El sacerdote tenía 52 años y pertenecía a la Congregación del Santísimo Redentor, conocida por la labor evangelizadora de sus misioneros redentoristas. Era párroco de la iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, ubicada en el centro-sur de Guayaquil. Antes había desarrollado su ministerio en distintas comunidades ecuatorianas. Entre ellas se encuentran San Lorenzo de Vinces, en la provincia de Los Ríos, y comunidades religiosas de Loja y Durán.
Un detalle añade especial significado a su fallecimiento: el viernes 16 de octubre había celebrado un nuevo aniversario de su ordenación sacerdotal. Al día siguiente, durante una misa, pronunció la reflexión que ahora circula ampliamente por las redes sociales.
La Iglesia lamentó su fallecimiento
La Arquidiócesis de Guayaquil confirmó la muerte del sacerdote mediante un comunicado. El cardenal Luis Cabrera Herrera, arzobispo de Guayaquil, expresó sus condolencias a la comunidad redentorista, sus familiares y amigos. La parroquia San Lorenzo de Vinces también recordó su trabajo pastoral y los años durante los cuales acompañó a esa comunidad.
Según la información difundida por medios ecuatorianos, sus restos serán trasladados a Cuenca, donde se realizarán las honras fúnebres. Mientras tanto, la última homilía del padre Patricio Sánchez continúa despertando reflexiones entre creyentes y usuarios de las redes sociales. Sus palabras no fueron un anuncio de lo que estaba por ocurrir. Formaban parte de una enseñanza cristiana sobre la vida, la muerte y las prioridades humanas. La coincidencia entre su mensaje y el accidente convirtió aquella reflexión en el aspecto más recordado de su despedida.

